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El éxodo de los desposeídos: marginación y violencia hacia los migrantes centroamericanos

Fuentes: Rebelión

«…Los derechos humanos de los migrantes son aún una lejana y remota promesa de equidad y de justicia social… en los hechos, los migrantes son el destinatario y blanco de las políticas y discursos xenófobos y racistas de buena parte de los países del norte global «. Urbano Arbide En el contexto de los flujos […]

«…Los derechos humanos de los migrantes son aún una lejana y remota promesa de equidad y de justicia social… en los hechos, los migrantes son el destinatario y blanco de las políticas y discursos xenófobos y racistas de buena parte de los países del norte global «.

Urbano Arbide

En el contexto de los flujos de capitales y bienes que favorecen a las élites políticas y económicas transnacionales, uno de los rostros más lacerantes de la globalización neoliberal son las masivas migraciones a través de diversas fronteras y hacia los países del norte. Diversas migraciones irregulares se han incrementado y son el resultado de décadas de políticas neoliberales. En varios países del sur global, el vertiginoso incremento de la desigualdad, al aumento imparable de la pobreza (resultado de la previa y voraz concentración de la riqueza) y la producción de adversos contextos de existencia vinculados a la violencia y corrupción en estados antidemocráticos (que favorecen a ciertos grupos privilegiados y deterioran las condiciones de vida de las grandes mayorías), han sido los diversos contextos y causas de estas migraciones forzadas y altamente precarizadas.

Uno de los casos más acentuados y dramáticos son los centroamericanos, quienes, desde cerca de dos lustros y en proporciones de centenas de miles al año, se dirigen de sus lugares de origen hacia el norte (Estados Unidos), en busca de mejores condiciones de vida y, en muchas ocasiones, sólo con la finalidad de sobrevivir. Particularmente en la región centroamericana, los impactos del neoliberalismo y las complejas historias de violencia política han estado relacionados directamente con las causas y motivaciones para migrar.

De acuerdo a diversos informes de organizaciones pro migrantes (REDODEM, MSF) [1], los migrantes se ven forzados a huir de sus países de procedencia principalmente por tres razones: (1) las causas de tipo económico (pobreza, bajos salarios, falta de oportunidades laborales, acelerado encarecimiento de la vida y crisis económicas); (2) la violencia generalizada como factor de expulsión (relacionada al crimen organizado y pandillas, así como a los contextos de inseguridad estructurales); (3) y los impactos socioambientales y el cambio climático, derivados de los altamente contaminantes procesos de producción transnacional del capitalismo global neoliberal.

Particularmente relevante es considerar que Estados Unidos, desde hace décadas y mediante una agresiva política intervencionista y de control, ha jugado un papel central para implantar forzadamente este modelo económico en la región centroamericana. Asimismo, en los últimos años este país del norte global, mediante diversas estrategias de presión geopolíticas y socioeconómicas, ha definido y moldeado las políticas migratorias restrictivas y de control (cierre) fronterizo de México y los países del triángulo norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Nicaragua), en este amplio corredor migratorio. De esto modo, el peso del racismo antinmigrante de Estados Unidos es un elemento clave para entender la precarización y la violencia que sufren los migrantes en los diversos puntos de sus recorridos, a través de múltiples países y en diversas fronteras.

Resultado de lo anterior y conforme a información de la ONU, el 2019, de acuerdo con Missing Migrant Project (MMP), fue un año fatal y letal para los migrantes en América, donde se registraron que cerca de 800 personas murieron en sus trayectorias migratorias [2]; y las zonas que concentraban un mayor número de pérdidas de vidas humanas eran justamente algunos puntos de la frontera México-Estados Unidos, siendo el río Bravo (entre Texas y los entidades federativas mexicanas Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila) y el desierto de Altar (entre Arizona y Sonora), dos de los puntos más peligrosos. Así, 2019 fue el año con más muertes en el último lustro. Y, desde 2014 (año en que iniciaron los registros del MMP) a la fecha, se han contabilizado más de tres mil muertes en el continente (la gran mayoría son probablemente centroamericanos y acontecieron sobre todo en las fronteras en México y Estos Unidos). Estas muertes están, de diversas maneras, relacionadas con el racismo y el cierre de las fronteras.

Notas

[1] http://redodem.org/wp-content/uploads/2019/09/REDODEM-Informe-2018.pdf

[2] https://news.un.org/es/story/2020/01/1468662

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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