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El país ha emitido bonos por vez primera después de cuatro años

El Gobierno griego aprueba una «ayuda social» con la campaña electoral de fondo

Fuentes: Diagonal

Los escándalos políticos en el seno del Gobierno profundizan el descontento de la población.

Por primera vez en cuatro años, Grecia ha salido a los mercados, colocando además sus bonos con un éxito nada desdeñable. Pero el golpe de efecto, que se ha visto marcado por los últimos escándalos políticos del Gobierno, ha sido acogido con la misma frialdad que los anteriores intentos de dorar la píldora al electorado de cara a los comicios del 25 de mayo. El descontento general es patente: recientemente se producían en Atenas nuevas protestas de los funcionarios que están perdiendo sus empleos a su paso por el esquema de movilidad, a la par que sindicatos denunciaban nuevos despidos también en el sector privado.

El 11 de abril, una semana después de la huelga general contra las medidas de austeridad, las protestas ciudadanas se hicieron notar durante el viaje a Atenas de la canciller alemana. Y no faltaron los incidentes: durante su visita, concebida como un gesto de apoyo al Gobierno de cara a las elecciones europeas y municipales, una corresponsal de la agencia de noticias AMNA denunció haber recibido presiones para alterar la traducción al griego de las palabras de Merkel y cambiar «medidas de austeridad» por «de consolidación».

Pero la mayor bofetada que se ha llevado la coalición gobernante, Nue­va Democracia, ha venido de sus propias filas, con el ‘Baltakosgate’. An­tes de que el Ejecutivo pudiera saborear las felicitaciones del Euro­grupo y la liberación de un nuevo tramo de rescate motivado por la aprobación del último paquete de medidas, el 2 de abril estallaba el es­cándalo. Ilias Kasidia­ris, parlamenta­rio de Amane­cer Do­ra­do y candidato por la formación neonazi a la alcaldía de Atenas, presentaba en el Congreso una grabación con cámara oculta. En ella aparecía conversando con Takis Bal­takos, el secretario del gabinete y muy allegado del primer ministro Andonis Sama­rás. Baltakos afirmaba, entre otras cosas, que su formación habría presionado a la justicia para evitar la puesta en libertad de varios miembros del partido de ultraderecha, contra los que no habría pruebas, por temor a que les robasen votos de cara a las elecciones.

A pesar de la dimisión de Baltakos, la cúpula del partido no ha depurado responsabilidades con motivo de unas afirmaciones que han agudizado los conflictos internos. El sector más moderado de Nue­va Democra­cia ha criticado la deriva derechista del entorno de Samarás, y la actual líder del partido en el Parla­mento Europeo ya ha anunciado su renuncia a presentarse a la reelección como europarlamentaria, en protesta por la inclusión en las listas de varias figuras procedentes del partido derechista Alerta Popular Ortodoxa. Otro tanto sucede en el casi hundido Par­tido Socialista, en el que el expre­si­dente Yorgos Papan­dreu intenta desmarcarse de la línea más integrada en el actual Gobierno de coalición, encabezada por el ministro de Exte­riores, Eván­guelos Ve­ni­ze­los.

Por su parte, también la formación de izquierdas Syriza presentó la semana pasada sus listas al Parlamento Europeo. Entre los candidatos no afiliados al partido destacan nombres como el de Konstantina Kúneva, una sindicalista búlgara que fue atacada con ácido en 2008 por individuos presuntamente a sueldo de la empresa en la que trabajaba como limpiadora, o el de Stelios Kúloglu, periodista de la extinta televisión pública.

¿Recuperación económica?

El relativo éxito de los bonos de deuda y el superávit primario son dos de los principales caballos de batalla de los apóstoles del Greecovery, la progresiva normalización de la economía helena. El citado superávit, que se calcula sin tener en cuenta el pago de los intereses de la deuda ni las ayudas a los bancos, permitirá al Gobierno repartir el llamado dividendo social, un pago único de entre 500 y 800 euros que recibirán unas 600.000 personas en situación precaria. Entregado el 10 de mayo, la idea consiste en que los receptores lo tengan caliente en el bolsillo cuando se dirijan a las urnas. Pero el panorama cambia radicalmente si tenemos en cuenta las obligaciones de Grecia con respecto a sus acreedores internacionales y las ayudas financieras a la banca. Según la autoridad estadística griega Elstat, en 2013 el déficit general supuso un 12,7% del PIB, 3,8 puntos más que el año anterior.

¿Y qué hay de los bonos? Es cierto que la gran demanda y el tipo de interés relativamente reducido (4,75%) superaron con creces las expectativas. Pero ¿cuáles son las implicaciones reales de la triunfal salida a los mercados? La maniobra pretende mostrar la restauración de la confianza de los inversores, aunque éstos, más que en Grecia, confíen en la seguridad de que la Troika no la dejará caer, y de que la legislación británica bajo la que han sido emitidos los bonos impide que se les aplique ningún tipo de quita.

Una de las voces más críticas con respecto a la emisión de los bonos ha sido la del economista Yannis Varu­fakis, próximo a Syriza, para quien el Estado griego sigue sin estar en posición de financiarse a sí mismo. Según Varufakis, la coyuntura política en sus respectivos países fuerza tanto a Alemania como a Grecia a hacerle un lavado de cara a un inevitable tercer rescate. Así, en lugar de proceder de la Troika, los créditos vendrían directamente de los mercados sin estar sujetos a la aprobación de ningún Parlamento, en tanto que las consecuencias sociales de la austeridad continuarían agravándose.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/22629-grecia-huida-hacia-adelante-tras-la-vuelta-mercados.html