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Entrevista con Alain Krivine sobre el NPA y un artículo de Louis Weber en la revista Savoir-agir, trimestral de la asociación “Raisons d´agir”

«¿El Nuevo Partido Anticapitalista, LCR-bis, o apertura a todas las corrientes de la otra izquierda?»

Fuentes: Espacio Alternativo

Durante las últimas semanas, la (futura) creación del Nuevo Partido Anticapitalista (NAP) -una denominación completamente provisional según sus iniciadores- ha sido, al menos momentáneamente, uno de los principales elementos estructuradores del debate en el campo de la izquierda de la izquierda. Algunas otras iniciativas pueden, en efecto ,ser leídas o como un acompañamiento del proceso […]

Durante las últimas semanas, la (futura) creación del Nuevo Partido Anticapitalista (NAP) -una denominación completamente provisional según sus iniciadores- ha sido, al menos momentáneamente, uno de los principales elementos estructuradores del debate en el campo de la izquierda de la izquierda. Algunas otras iniciativas pueden, en efecto ,ser leídas o como un acompañamiento del proceso emprendido por la LCR; o, al contrario, como un cortafuego. Este artículo intenta explicar de forma provisional la creación de un nuevo partido político que ha elegido el anticapitalismo como «valor» cardinal, a partir de una entrevista con Alain Krivine .

Los comités de iniciativa por un nuevo partido anticapitalista (NPA) celebraron su primera reunión nacional los días 28 y 29 de junio de 2008. Designaron un comité de animación nacional de unos sesenta miembros, compuesto a partes poco más o o menos iguales de miembros de la LCR y de no miembros. Este comité ha fijado ya los plazos que siguen. Una nueva reunión nacional tendrá lugar en noviembre, para «adoptar documentos sometidos al voto del congreso nacional de fundación, que debería desarrollarse a finales del mes de enero» . El acta de la primera reunión del comité de animación señala que «La prensa (…) ha señalado que el NPA, no era una «LCR-bis». Lo que traduce una preocupación tanto más fuerte en la medida que existe la «sospecha», particularmente en los demás grupos de la izquierda de la izquierda. Para mostrar que se trata claramente de hacer algo nuevo, Alain Krivine afirma: «Cuando el Congreso fundacional tenga lugar, disolveremos antes la LCR».

Algunas semanas antes, el semanario Politis había publicado en su número del 15 de mayo de 2008 un llamamiento dirigiéndose a los «militantes políticos», actores del movimiento social y cultural». El objetivo era construir un «marco permanente que (…) permitiera, conjuntamente, nacional y localmente, reflexionar sobre los medios de una verdadera respuesta política a los ataques de la derecha y del Medef y abordar las grandes citas que se anuncian». Los firmantes, minoritarios del PS y del PC, pero sobre todo animadores de otros partidos de la izquierda de la izquierda o de los colectivos antiliberales, intelectuales sin pertenencia reivindicada, etc., no han escapado a otra sospecha: la de querer ir en contra del NPA. Eric Coquerel, presidente del Mars-Gauche republicaine, firmante del llamamiento, escribe así en un comentario: «La primera (observación), porque las principales críticas se refieren a este asunto: es falso traducirlo como un arma anti-NPA».

Pero hay que abstenerse de simplificar; la fluidez y las «dobles pertenencias» son moneda corriente en la izquierda de la izquierda, prueba suplementaria de la complejidad de la situación en ese campo. Varios firmantes del llamamiento de Politis publicaban así en Le Monde del 30 de mayo, con otros, una «carta a los impulsores del NPA» cuyo mismo título «¿El Nuevo Partido Anticapitalista está verdaderamente decidido a abrirse a todas las corrientes de la otra izquierda?»- indicaba el interés por la iniciativa de la LCR . Militantes de ésta no se han equivocado. Publicaban el 7 de junio la «respuesta de la LCR a las preguntas sobre el «nuevo partido anticapitalista». Presentaban en él la creación del NPA como «la creación de un verdadero nuevo partido pluralista» y no como un «retoque de fachada (de la LCR)». Es la acelaración de la «mutación neoliberal (del PS)» lo que justifica según ellos el hecho de que «el anticapitalismo es (…) un valor cardinal alrededor del cual debe organizarse una verdadera izquierda». Es «un proceso en marcha (…), no cerrado de antemano» al que están invitados «los anticapitalistas, los revolucionarios, los ecologistas radicales, las feministas, quienes rechazan las discriminaciones sistemáticas que afectan a las poblaciones salidas de la inmigración, los antiliberales, los altermundialistas, militantes comunistas y socialistas, anarquistas, sindicalistas, animadores de experiencias alternativas locales, pero también los héroes de lo cotidiano, las y los que no están ya representados».

Queda un poco al margen de esta evolución lo que subsiste de los colectivos antiliberales. Se dividieron tras las elecciones presidenciales de 2007. Algunos de ellos constituyeron una estructura, con un secretariado. Lo que, en aquel momento, había aparecido como la voluntad de constituir una nueva organización. Esta «Coordinadora nacional de los colectivos unitarios- Por una alternativa al liberalismo» está confrontada hoy a tensiones internas que le han conducido a abrir varios debates en su página Web. Entre las cuestiones planteadas: ¿Hay que unirse al NPA que, como señala un internauta, «es percibido por algunos como una esperanza (mientras que) los comités antiliberales pueden plantear también una esperanza idéntica y nueva, por su dinámica, que es un poco diferente»?. Lo peor sería para ese militante «que estas dos esperanzas se construyeran una contra la otra». ¿Hay que firmar el llamamiento de Politis?. Los principales animadores de la coordinación parecen haber zanjado la cuestión. Se puede así leer en un texto del secretariado de los colectivos: «Esta iniciativa valiente de Politis aparece como un paso hacia los Estados Generales de la izquierda de transformación social y ecológica, que intentamos hacer progresar desde hace meses».

En este contexto general, sobre el que pesan por otra parte experiencias extranjeras más bien contradictorias (el éxito de Die Linke en Alemania y la derrota de la izquierda de la izquierda italiana, por ejemplo), emergen cuestiones que trabajan todas las componentes de la izquierda de la izquierda. Sobre qué base ideológica y política hay que reagruparse: ¿El antiliberalismo? ¿El anticapitalismo? ¿Es precisa una organización estructurada o basta con poner colectivos en red?. ¿Qué relación con el poder y, por consiguiente, con la hipótesis de una participación gubernamental, lo que no tiene sentido en un futuro previsible más que con el PS? ¿Qué papel para las movilizaciones?

¿Qué lleva a la LCR, más bien conocida por su disciplina de partido y teniendo hasta ahora en otras corrientes de izquierda la reputación de ser más bien sectaria, a tomar la iniciativa de su autodisolución en una fuerza más amplia y forzosamente menos «organizada»?. Son cuestiones que hemos tratado con Alain Krivine. Para él, la idea de crear un partido más amplio es una tradición de la LCR.

Louis Weber


ENTREVISTA
 
Una aspiración antigua.

Alain Krivine: Desde que creamos la Ligue, siempre tuvimos la pretensión de reunir a todos los anticapitalistas en su seno. Así pues, la idea de ampliarnos un día es una muy vieja idea. Esto explica por otra parte que hayamos tenido siempre una práctica unitaria. Hasta 1995, no hemos hecho prácticamente jamás campaña en nuestro nombre. Hicimos la campaña Juquin en 1988, retirando mi candidatura para ello. Estuvimos en la CAP en el año 1990. Participamos en todos los colectivos posibles, retirando nuestros candidatos, incluso nuestras siglas. Es una diferencia con LO pues, por ello, nuestra sigla no era electoralmente creíble, a falta de presentarnos.

No lamentamos nada pero estamos al menos obligados a constatar que todas estas tentativas fracasaron. La mayor parte de nuestros aliados de esa época se separaron de nosotros, uniéndose a otros partidos, el PS en particular. Es por otra parte un tema de debate interno entre nosotros, pensando muchos que cometimos errores. Yo no lo creo. Me parece más fácil corregir las cosas sobre la base de una cultura unitaria que de una cultura sectaria.

¿Porqué tomar la iniciativa del NPA ahora, tras un fracaso, el de las candidaturas unitarias, que ha marcado mucho a la militancia?

A.K.: La LCR ha participado en la campaña del no. El resultado del referéndum fue en un cierto sentido nuestra primera victoria, y no una victoria por procuración. Era nuestra victoria. Nos empleamos a fondo y nadie nos lo reprochó. Fue luego cuando se estropeó esto un poco. Para nosotros, el proceso unitario que se había desarrollado en aquella ocasión era también fuente de ilusiones. Pero nos expresamos mal en los debates que siguieron. Teníamos razón sobre el fondo pero lo explicamos mal. Es lo que nos aisló. Intentamos hacer comprender que no había relación entre el frente realizado para el referendum y el frente que había que reunir para las presidenciales, al no ser el contenido el mismo. Es precisamente ahí donde veíamos una diferencia de naturaleza entre un no a una política liberal y un sí por una política anticapitalista.

¿Cómo aparecía esta diferencia concretamente en el debate?

A.K.: En los comités por el no, hubo una deriva progresiva sobre el tema : «Si tenemos un candidato unitario, tendremos un resultado de dos cifras en las presidenciales, etc.» Este planteamiento no tenía en cuenta, en nuestra opinión, las correlaciones de fuerzas. Concentramos entonces nuestra reflexión y nuestras intervenciones sobre un punto que puede parecer secundario en otras épocas u otros países, es la actitud en relación al partido socialista y las instituciones. Comenzamos la batalla a partir del otoño de 2005 en la Conferencia de Saint-Denis de los colectivos antiliberales. El texto propuesto en conclusión contenía la fórmula: «no iremos a un gobierno bajo hegemonía social-liberal». Conociendo al partido comunista, particularmente, sabíamos que eso podía querer decir todo y su contrario. Propusimos pues la fórmula: «un gobierno bajo hegemonía del partido socialista». Eso fue el crack. El PC hizo de ello un casus belli, diciendo que se iría si se hablaba del PS. Es ahí donde, probablemente, nos hicimos comprender mal. Pues no tuvimos en cuenta el hecho de que, para la mayoría de los miembros de los colectivos, había un signo de igualdad entre social-liberalismo y PS. Nuestra posición les era pues incomprensible. Eso fue el comienzo de la ruptura. Pero nuestra intuición iba a confirmarse cuando se hizo evidente que el término social-liberal era un cajón de sastre tal que F. Hollande iba a desmarcarse de él (como iba a hacerlo respecto al blairismo, por otra parte). Este episodio y nuestra argumentación mal ajustada hicieron que comenzáramos desde entonces a estar aislados. Abandonamos poco a poco el colectivo nacional. El movimiento luego se ha deshilachado, particularmente cuando hubo diversas proposiciones de candidaturas, entre ellas, para acabar, la de José Bové. Tenemos mucho respeto por él como dirigente sindical. Pero en el plano político, ¿cómo olvidar que en las elecciones europeas de 2004, había llamado a votar por Francis Wurtz, candidato comunista, en París, por el socialista Georges Frêche en Montpellier y por el Verde Gérard Onesta en Toulouse?. Por no hablar de la «misión» que Ségolène Royal le proponía entre las dos vueltas de la elección presidencial y que aceptó. Hay que decir que ahí, no hemos sido comprendidos en absoluto, mucha gente nos decía: «Por lo menos, podríais aceptar a José Bové… «. Decidimos pues presentar a Olivier Besancenot, a la vez que decíamos: «si hay un acuerdo político, le retiramos».

¿Cómo explicar a posteriori el fracaso de la candidatura única?

A.K.: Mucha gente pensó que el fracaso estaba ligado a un asunto de ego. No lo creo en absoluto. Había un verdadero desacuerdo político, lo que el PC por otra parte no ponía en discusión. Es toda la cuestión de la izquierda de la izquierda y de las relaciones con el PS. Para nosotros, hay dos izquierdas en nuestro país, de hecho desde el congreso de Tours en 1921. Pueden actuar conjuntamente pero no estar juntas en un mismo partido o en el gobierno. Otros dicen al contrario: «hay una sola izquierda y hay que sacarla de la senda liberal».

¿En qué os parece propicio el período para la creación de un nuevo partido?

A.K.: Pensamos que hay una acumulación de condiciones que pueden revelarse favorables. Está en primer lugar el ataque sin precedentes de la derecha y de la patronal, una verdadera guerra social que subleva a la gente. Existe luego una voluntad de resistencia social, en Francia y otras partes. En fín, el movimiento social está cada vez más huérfano de salida política. Los partidos tradicionales de la izquierda van hacia la derecha, incluso a nivel europeo. La base de su acuerdo político es el hecho de que aceptan todos la economía de mercado. Personalmente, no veo diferencia entre los dirigentes del partido socialista francés. Votan los mismos textos internos, incluso Jean-Luc Mélenchon. Lo que muestra por otra parte que la tomas de posición en el seno del partido socialista a favor del no en 2005 ya están superadas. Para nosotros la deriva hacia el social-liberalismo es ineluctable en el seno del partido socialista. Si la evolución se ha producido más tarde que en los demás partidos socialistas europeos, es únicamente a causa de las relaciones de fuerza en Francia, principalmente de la fuerza del partido comunista, etc. Pero con Marie-George Buffet en el 1,8%, ¡ya no hay obstáculo!

Para nosotros, el fondo del problema es el siguiente: con la mundialización y los patronos que no dan ya nada, las reformas en el sentido tradicional no son ya posibles. Si la social-democracia en tanto que fuerza reformadora no quiere desaparecer, debe pues imperativamente adaptarse a la nueva situación. Lo que abre un lugar a una nueva izquierda, radicalmente anticapitalista. Con el hundimiento del partido comunista, la situación está pues madura para la construcción de un nuevo partido, que no se llamará por supuesto NPA. Es, en resumen, la base de nuestra reflexión.

¿Han tenido las experiencias extranjeras una influencia en vuestra reflexión?

A.K.: Nos empujan a ir aún más lejos, en el mismo sentido. Toda una parte de la izquierda anticapitalista en el mundo toma la misma opción que nosotros. Otros han hecho otra opción. Tomo ejemplos tan diferentes como Bertinotti en Italia, que lo ha pagado muy caro en las últimas elecciones, o Lula en Brasil. Se habla mucho de Die Linke en Alemania. Es efectivamente una buena cosa en el contexto alemán, pero en Francia, sería una regresión. La mayoría de Die Linke viene del partido comunista del este alemán, que era más bien estalinista. Está dispuesta a moverse hacia el reformismo, en cuanto el SPD le tienda la mano. Esto ha ocurrido así efectivamente en Berlín, donde la coalición PDS/SPD ha privatizado sin freno. De ahí nuestra insistencia en la necesidad de romper con esas prácticas. Es lo más importante. Hoy, no tendría sentido poner por delante el trotskismo.

Programa, movilizaciones, independencia respecto a las instituciones, ¿cuáles son las grandes líneas del programa que será propuesto para el nuevo partido y como ponerlo en marcha?

A.K.: Hay en primer lugar un acuerdo con las reivindicaciones esenciales del mundo del trabajo. Contrariamente a la izquierda tradicional, no planteamos en primer lugar la cuestión de saber si las medidas que preconizamos son integrables en la economía de mercado. Ponemos el acento primero en lo que es indispensable: el SMIC (salario mínimo) a 1.500 euros, 300 euros para los jubilados, las cuestiones de medio ambiente, las reivindicaciones de las mujeres, etc. Esto da en total una cuarentena de medidas. Segundo aspecto esencial para nosotros: partimos del principio de que estas medidas podrán ser aplicadas si hay movilizaciones y no por la vía parlamentaria. Las hemos cifrado. Lo que dice Olivier Besancenot sobre este tema nunca ha sido puesto en cuestión.

Hay pues ,a nuestros ojos, ruptura en términos de contenido de las medidas, de la importancia concedida a las movilizaciones, y, tratándose de estrategia política, independencia en relación a las instituciones y al partido socialista. Quisiéramos actuar con el PS pero no aceptamos participar en un gobierno con él, ni siquiera en la gestión de las ciudades. Este punto está por otra parte en debate con personas, Clementine Autain por ejemplo, que están sin embargo muy interesadas por nuestro planteamiento.

Está finalmente la idea de «revolucionar la sociedad». Nuestras medidas atacan en efecto al capitalismo pero esto no basta, la sociedad debe cambiar también.

Esto constituye la base de nuestro proyecto. Todo lo demás se puede discutir, incluso la idea de participar en un gobierno. No estamos en contra si eso se hace sobre una base clara: un acuerdo sobre la necesidad de la ruptura, sobre el hecho de que hay que apoyarse en las movilizaciones. Lo que supone que haya movilizaciones. En la correlación de fuerzas actual, ese no es el caso, está pues excluido que vayamos al gobierno. Si se estuviera en una situación comparable a mayo 68, sería diferente.

Hoy influimos bastante más estando en el exterior. ¡Prueba de ello es el hecho de que el PS ha creado una comisión para estudiar la forma de resistir a Besancenot!. Ciertamente, se nos podrá decir que esto evita la cuestión de la toma del poder. Pero quienes han ido ahí, el partido comunista en Francia o Fausto Bertinotti en Italia, ¡han perdido todo!. No se puede pues ser más que contestatario en las condiciones actuales. Pero, incluso en esta postura, hay que ser radical, en caso contrario también se pierde.

La importancia de la formación política. Habláis mucho del reagrupamiento de militantes de diversas tradiciones o culturas políticas… Cómo hacer un partido eficaz con corrientes muy diversas, tradiciones de lucha, culturas diferentes. ¿No hay un riesgo de nivelación?

A.K.: Hay experiencias, más o menos exitosas, como el Bloque de izquierdas en Portugal, la Alianza roja y verde en Dinamarca. En esos casos, se trata al principio de coaliciones de corrientes políticas organizadas. Tenemos una ventaja: no hay ninguna corriente nacionalmente organizada en el NPA. No «negociamos» pues con una corriente sino con militantes. Habrá algunos centenares de comunistas, ex-maos, etc. Pero estarán completamente desperdigados. La masa de la gente interesada (10.000 contra 3.000 miembros de la LCR) no está constituida por militantes (algunas centenas de personas muy politizadas, comunistas, ecologistas, antiguos miembros del comité Bové) sino por gente nueva, con la que no tenemos ninguna experiencia. Están «a fondo contra Sarkozy», quieren «luchar contra Sarkozy», dicen: «la izquierda, eso ya no existe. Al mismo tiempo dicen: «Olivier, tienes que ir al gobierno para mandar a paseo a toda esa gentuza». En lo de la participación gubernamental, no están ni a favor ni en contra. O están por que se vaya, pero sin los socialistas. En los e-mails, cuentan su situación y mantienen al mismo tiempo este discurso. Es completamente nuevo para nosotros. Están dispuestos a entrar en un partido pero nadie sabe cómo van a militar. En Saint-Denis, por ejemplo, somos 30 en la Ligue, pero hay 80 personas alrededor del NPA. Hacemos reuniones de 60 o 65. El problema, va a ser la formación política, incluso si muchas de esas personas tienen una experiencia militante».

¿Cómo veis esta formación política?

A.K.: Pensamos que es precisa una formación política, en una preocupación de democracia, para poner a la gente en igualdad de condiciones. En la LCR nos decimos: «los militantes deben tener los medios políticos de echar a la dirección». Sin embargo, aquí vamos a ver lo que yo no he conocido nunca, niveles políticos muy diferentes. No tememos tener una oposición cuando adoptemos el programa, cuya base está ya en debate en los comités de iniciativa. Lo que nos planteará problemas, eventualmente, no son los izquierdistas que querrían invadirnos sino los deslizamientos a la derecha de personas poco politizadas. Bastará con explicarse pues no son grupos organizados.

¿Estará asegurada la formación por los antiguos de la Liga?

A.K.: Al comienzo, ciertamente. Esto comenzará con la universidad de verano que, este año, será NPA/Liga. Tendremos otros problemas con la llegada de «personalidades» que no imaginan ciertamente no estar en la dirección. ¡Es sin embargo lo que querríamos evitar!. Pensamos más bien en gente pegada al terreno, representativos del movimiento social, que se han dado a conocer en las luchas. Las personalidades tendrán más bien su lugar en los comités de estudios que pondremos en pie. Como lo que queda de los colectivos antiliberales se ha dividido, algunos vendrán a nosotros. Ocurrirá lo mismo en el partido comunista. Pero no queremos hacer un partido que sea un ensamblamiento de personalidades. Los «generales sin tropa», los hemos experimentado durante la campaña por el «no» y ya hemos visto lo que eso ha dado de sí.

Dicho esto, lo repito, vamos un poco a la descubierta. Hay una parte muy empírica en lo que hacemos, avanzamos un poco a tientas. La reunión de los comités a fines de junio constituirá un test. Nadie tendrá mandato, cada cual intentará ver quien es quien. No ocultamos evidentemente el hecho de que es la LCR la que ha convocado la reunión. Pero intentamos actuar de forma que en los comités de iniciativa, la LCR no sea mayoritaria. Vamos hacia un comité de pilotaje nacional para preparar un congreso con la misma idea: solo la mitad de los miembros serán de la LCR. El resto vendrá del movimiento social, esencialmente de los no organizados hasta ahora, representando a las luchas sociales. El congreso está previsto para diciembre o enero. Cuando tenga lugar, disolveremos la LCR antes, es una decisión ya tomada.

Un verdadero partido político. ¿No es una apuesta arriesgada? ¿La cuestión de la organización parece en efecto central, como muestran los problemas de un movimiento como Attac?

A.K.: Hay una diferencia: construimos un partido político, con un programa. Pero no niego que tenemos un problema político, incluso con miembros de la LCR que querrían que el futuro partido no tuviera estatutos. Hay pues que explicarse. De otro lado, desde hoy, mucha gente con la que hablamos quiere adherirse a un partido, con estatutos, tener un carné.

La LCR ha cambiado mucho ya. Nuestros nuevos miembros, jóvenes, son muy «rebeldes y poco politizados». He oído, caso extremo, a un joven preguntar: «¿pero quien es ese Marx del que todo el mundo habla?». De ahí la necesidad para nosotros de una educación verdaderamente de base».

¿Cómo toma forma concreta el proceso de creación?

A.K.: Esencialmente, por el trabajo de los comités de iniciativa. Ahí donde existen, espaciamos las reuniones de la LCR. Los comités tienen una oficina. Tienen temas de discusión y hacen comisiones para profundizar cuestiones como la inmigración, el servicio público, etc. Sacan panfletos, etc. Estos comités son heterogéneos, algunos de sus miembros tienen una formación, otros se interesan sobre todo por la «próxima pegada de carteles». Estos comités interesan a muchos «decepcionados» de diverso tipo, incluidos decepcionados de Attac, preocupados de salir de los lugares donde había sobre todo «viejos que discuten». Olivier Besancenot atrae a muchos jóvenes. Somos conscientes de la debilidad que esto puede constituir. Olivier es ,por otra parte, el primero que rechaza el fenómeno de «starización», mantenido por los medios. ¡Pero es una batalla permanente! La tele plantea un problema particular a todos: o bien no se va, lo que es difícil hoy, o bien se va con la idea de «darle la vuelta», lo que Olivier hace muy bien rechazando particularmente toda intrusión en su vida personal.

¿Cómo hacer con tan pocos cuadros, en el momento en que el pensamiento general es la antidelegación, la democracia participativa, el consenso? ¿La cultura de organización de los militantes actuales de la LCR va a difundirse espontáneamente?

A.K.: No tenemos la intención de ceder al aire del tiempo. El núcleo constituído por los militantes de la LCR es una garantía. Queremos hacer un partido de militantes, no un partido de adherentes, incluso si el militantismo ha evolucionado. Por ejemplo, vamos a bajar las cotizaciones, manteniendo la idea de que la adhesión debe traducirse en un esfuerzo, incluso financiero. Pero las cotizaciones son relativamente elevadas en la LCR, lo que no corresponde quizá ya a lo que son los militantes de hoy. Pensamos, en el nuevo partido, proseguir una verdadera actividad de partido con , por ejemplo, reuniones regulares y bastante frecuentes. ¡Lo que no se hace ya casi en otras organizaciones!»


*Traducción de Alberto Nadal

http://www.espacioalternativo.org/node/3106