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El nuevo Tío Sam hace revolotear a Europa

Fuentes: Rebelión

Mientras América Latina y otras regiones del mundo aguardan con serenidad, la obediente Europa «revolotea», como desesperada y temerosa, ante la llegada a la Casa Blanca del recién electo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el venidero 20 de enero. Dignatarios y representantes de la Unión Europea (UE) se reúnen una y otra vez con […]

Mientras América Latina y otras regiones del mundo aguardan con serenidad, la obediente Europa «revolotea», como desesperada y temerosa, ante la llegada a la Casa Blanca del recién electo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el venidero 20 de enero.

Dignatarios y representantes de la Unión Europea (UE) se reúnen una y otra vez con el reiterado propósito de establecer «posiciones comunes», que casi nunca consiguen, ante eventuales actuaciones del nuevo «Tío Sam», por quien no apostaban y tampoco parece ser del agrado de los gobiernos del llamado Grupo de los 28.

A juicio de analistas, la UE tiene motivos para preocuparse con el «tsunami Trump», luego de su controvertida campaña electoral y su «sorpresivo» triunfo frente a la aspirante demócrata Hillary Clinton en los comicios del pasado 8 de noviembre en Estados Unidos.

A Europa le inquietan las declaraciones del 45 inquilino de la Casa Blanca sobre un posible acercamiento norteamericano a Rusia, país al que Bruselas aplica sanciones económicas cumpliendo instrucciones del saliente jefe de Washington, Barack Obama.

Precisamente Trump y el mandatario ruso, Vladimir Putin, coincidieron en las últimas horas en establecer un diálogo constructivo entre sus respectivos ejecutivos, y el primero fue más lejos al señalar que está ansioso por mantener una relación fuerte y duradera con Moscú.

Ambos concordaron asimismo en la importancia de unir esfuerzos para combatir los principales enemigos que tienen en común: el terrorismo internacional y el extremismo.

Aunque exagerado, es entendible el «revoloteo» de la UE, que además ve con extrema preocupación anuncios hechos por el entrante presidente estadounidense acerca del futuro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Según repitió Trump en su carrera electoral, los miembros europeos de la OTAN tendrían que pagar si pretenden proseguir siendo defendidos por esa ofensiva agrupación militar, creada en 1949 por iniciativa de Washington con el objetivo de frenar la influencia en Europa de la extinta Unión Soviética.

El llamado Viejo Continente está impaciente porque, a pesar de su veteranía, se ha acostumbrado a obedecer, andar de la mano y depender de Estados Unidos, al tal punto que es incapaz de adoptar posiciones independientes a la de su hasta ahora «aliado» estratégico.

La conservadora UE teme desde ya un eventual cambio brusco de la geopolítica mundial, que de escenificarse le será poco beneficioso, según sus propios augurios.

En contraste, Latinoamérica espera con paciencia y madurez por el actuar de Trump como mandatario norteamericano, y mientras tanto sigue empeñada en lograr la paz en Colombia, optar por el dialogo en Venezuela, al tiempo que con antelación Bolivia le demandó al nuevo «Tío Sam» levantar el bloqueo que aun Estados Unidos le impone a Cuba, y no interferir en los asuntos internos de las naciones de la Patria Grande.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.