“Nuestro pensamiento trabajaba con la insistencia de un reloj, elaborando el panorama optimista de nuestra América triunfadora en el mañana”. (Augusto Cesar Sandino)
La arquitectura del dominio estadounidense sobre nuestra región no es un evento fortuito, sino un proceso de asedio continuo que se fundamenta en la Doctrina Monroe (1823). Durante el siglo XIX, esta doctrina se manifestó como una expansión territorial violenta, desde la amputación del norte de México hasta la anexión de Hawái. Al entrar el siglo XX, el imperialismo mutó hacia un esquema de protectorado político, económico y militar, consolidando la ocupación directa de Cuba y Puerto Rico, y convirtiendo a las naciones de nuestra Cuenca del Caribe en factorías bajo el control absoluto de Washington. Esta estructura de dominación buscaba no solo el saqueo de recursos, sino la anulación de cualquier proyecto de soberanía autónoma.
Hoy, en el siglo XXI, esa misma doctrina entra en una fase de “Monroísmo Extracontinental”, extendiendo sus pretensiones de control hasta Groenlandia, en un intento desesperado por cerrar un cerco hemisférico absoluto con una nueva reingeniería global para frenar el surgimiento de un mundo multipolar, pretendiendo convertir a toda nuestra América en un búnker aislado del flujo civilizatorio euroasiático.
- Centroamérica: El Laboratorio del Protectorado (1900-1927)
Antes de que Sandino disparara su primer fusil, Centroamérica ya vivía bajo una fragmentación impuesta y una ocupación silenciosa. Este asedio se ejecutó bajo el amparo jurídico del Corolario Roosevelt (1904), que otorgaba a Washington la potestad de actuar como “policía internacional” en el continente. Esta visión se materializó a través de la Política del Gran Garrote, donde el uso de la fuerza militar era la garantía para imponer la Diplomacia del Dólar, sustituyendo soberanías por deudas con la banca de Nueva York.
En Panamá, EE. UU. había amputado el territorio colombiano en 1903 para asegurar el control perpetuo del Canal. En Honduras, la infantería de marina desembarcaba repetidamente para proteger los intereses de las bananeras, mientras que en Guatemala y El Salvador, las dictaduras locales eran sostenidas por Washington para garantizar mano de obra semiesclava bajo la tutela de la United Fruit Company. En Costa Rica y Belice, la influencia británica y estadounidense se repartía el control comercial, mientras que en el Caribe, Haití (1915) y la República Dominicana (1916) sufrían ocupaciones militares brutales que buscaban someter la rebeldía antillana. Este era el “cerco bananero”: una región donde las fronteras las trazaban los gerentes de las transnacionales y la ley la dictaban los acorazados yanquis.
Estábamos igualmente compenetrados de que el Gobierno de los Estados Unidos de Norte América no abandonaría jamás sus impulsos para, atropellando la soberanía centroamericana, poder realizar sus ambiciosos proyectos en esa porción de nuestra América, proyectos de los que en gran parte depende el mantenimiento futuro del poderío norteamericano, aunque para ello tenga que pasar destruyendo una civilización y sacrificando innumerables vidas humanas. (Sandino, 1929, pp. 6-7).
- México: la escuela de Sandino en la frontera de resistencia continental
A principios del siglo XX, México se había convertido en la joya de la corona de la expansión económica estadounidense. Bajo la dictadura de Porfirio Díaz, se facilitó una entrega masiva de los recursos estratégicos a los consorcios de Wall Street, permitiendo que empresas como la Standard Oil y las compañías mineras de los Guggenheim controlaran más del 25% del territorio nacional y la casi totalidad de la infraestructura ferroviaria y petrolera. Estados Unidos no solo veía en México un mercado, sino una extensión natural de sus fronteras económicas, donde el control del subsuelo era vital para su naciente hegemonía industrial. El estallido de la Revolución Mexicana en 1910 no fue solo un levantamiento campesino, sino un acto de ruptura con este esquema de servidumbre; fue la respuesta de un pueblo que decidió recuperar la propiedad de su tierra y sus minerales frente a una élite que había convertido al país en una gran hacienda para el beneficio yanqui.
México se convirtió en el escenario de una batalla frontal contra la Diplomacia del Dólar y el Corolario Roosevelt. La lucha de líderes como Emiliano Zapata y Pancho Villa, y la posterior consolidación de un marco jurídico nacionalista, representaron el primer gran quiebre de la invulnerabilidad imperialista en el siglo XX, enviando un mensaje claro: la Doctrina Monroe podía ser desafiada con las armas en la mano.
Es así que no se puede comprender el surgimiento de Augusto Cesar Sandino sin la llamarada de la Revolución Mexicana (1910). Mientras Estados Unidos consolidaba sus protectorados en el istmo, México se convertía en el primer territorio en rebelarse masivamente contra el orden neocolonial y el latifundismo. Sandino, en su paso por el México de los años 20, se impregnó del espíritu de la Constitución de 1917, especialmente del Artículo 27, que reclamaba la propiedad originaria de la nación sobre el suelo y el subsuelo. En los campos petroleros de la Huasteca, Sandino observó cómo el capital yanqui operaba como un Estado dentro de otro Estado, utilizando mercenarios y presión diplomática para saquear el crudo mexicano.
Esta experiencia fue el catalizador de su pensamiento. México no solo le ofreció un refugio, sino que le proveyó la tecnología política del nacionalismo revolucionario y la mística de la reforma agraria. La lucha mexicana contra las pretensiones de Washington de controlar el petróleo fue la escuela donde Sandino comprendió que la soberanía no era solo un concepto jurídico, sino una batalla económica y militar. México fue, en esencia, la retaguardia ideológica donde se forjó la convicción de que un ejército de campesinos descalzos podía desafiar la arquitectura del Monroísmo y vencer. Él comprendió que el destino de Nicaragua era el mismo que el de México. El nacionalismo revolucionario mexicano fue el proceso sociopolítico donde el “General de Hombres Libres” aprendió que la soberanía no era negociable y que el dominio de los recursos estratégicos era el nudo gordiano de la verdadera independencia, una lección que luego llevaría a las montañas de Las Segovias.
- La Gesta Militar: El quiebre del mito de la invencibilidad (1927-1933)
En este escenario de sumisión, surge en 1927 la figura de Augusto César Sandino. Nicaragua se encontraba bajo la bota de los Marines tras la firma de los tratados Bryan-Chamorro, que entregaron la soberanía nacional a la banca neoyorquina. Frente a la rendición de las élites, Sandino organizó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSNN), extendiendo su mística de resistencia por todo el istmo y el Caribe.
Su genio militar transformó la identidad campesina e indohispana en una tecnología social de combate irregular. Mediante tácticas de asimetría y engaño -como los célebres muñecos de zacate en el cerro El Chipote para atraer el fuego enemigo mientras sus tropas flanqueaban al invasor-, Sandino desgastó la moral y la logística de la potencia del norte. Tras seis años de guerra de guerrillas, el resultado fue un hito histórico de dignidad: Sandino es el estratega que logró la expulsión física y efectiva de las tropas de ocupación estadounidenses, obligándolas a evacuar el país en 1933.
Obrando bajo el influjo de estas consideraciones llegamos a comprender la necesidad absoluta de que el intenso drama vivido por las madres, esposas y huérfanos centroamericanos, despojados de sus seres más queridos en los campos de batalla de Las Segovias por los soldados del imperialismo norteamericano, no fue estéril, tampoco defraudada, antes bien, se aprovechará para el afianzamiento de la NACIONALIDAD LATINOAMERICANA, rechazando cuantos tratados, pactos o convenios se hayan celebrado con pretensiones de legalidad que lesionen, en una u otra parte, la soberanía absoluta tanto de Nicaragua como de los demás Estados Latinoamericanos. (Sandino, 1929, pp. 7-8).
Esta victoria militar demostró que el monroísmo era vulnerable ante la determinación de un pueblo organizado, una lección que resonó con fuerza en las Antillas y en cada nación asediada por el expansionismo yanqui.
- El Plan de 1929: La nueva geometría del poder para la liberación continental
En medio de ese fragor militar, específicamente el 20 de marzo de 1929, Sandino redactó y envió a los gobiernos de América el Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar. Este documento no fue una simple proclama; fue el diseño de una arquitectura política para la independencia definitiva. En su narrativa de unidad orgánica, Sandino propuso la creación de una Confederación de las 21 Repúblicas y la instauración de una nacionalidad latinoamericana única, unificando el destino de los pueblos continentales con el de las islas del Caribe.
La Conferencia de Representantes de los veintiún Estados integrantes de la NACIONALIDAD LATINOAMERICANA declara abolida la doctrina Monroe y, de consiguiente, anula el vigor que dicha doctrina pretende poseer para inmiscuirse en la política interna y externa de los Estados Latinoamericanos. (Sandino, 1929, p. 10).
Su visión exigía que el control de los recursos estratégicos -específicamente las rutas interoceánicas y las riquezas del subsuelo- pertenecieran exclusivamente a la Confederación, prohibiendo cualquier injerencia extranjera. Sandino proyectó un Tribunal de Justicia propio para expulsar la mediación de Washington, entendiendo que solo la unidad política y militar de la región podría frenar la voracidad del imperio, una propuesta que hoy cobra vigencia ante el uso del sistema judicial internacional como arma de guerra contra nuestros pueblos.
La Conferencia de Representantes de los veintiún Estados integrantes de la Nacionalidad Latinoamericana declara constituida la Corte de Justicia Latinoamericana, organismo que resolverá en última instancia sobre todos los problemas que afecten o puedan afectar en cualquier forma a los Estados Latinoamericanos y en los que la denominada Doctrina Monroe, ha pretendido ejercer su influencia. (Sandino, 1929, pp. 11-12).
Con esta propuesta, Sandino elevaba la lucha de las montañas de Las Segovias a una categoría de ordenamiento continental. El Plan de 1929 no solo buscaba la salida de los invasores de Nicaragua, sino que establecía que la única forma de blindar la soberanía frente al Corolario Roosevelt era mediante la creación de un bloque de poder real, capaz de legislar y defender sus propios intereses geoeconómicos. Para el General de Hombres Libres, la abolición de la Doctrina Monroe no era un acto diplomático de buena voluntad, sino el resultado inevitable de una institucionalidad propia que arrebatara al imperialismo el derecho de arbitraje sobre el destino de nuestra América.
- Fabricio Ojeda: El eslabón entre Sandino y la “puertorriqueñización” de Venezuela
Casi al mismo tiempo que Sandino trazaba estas líneas, el 6 de febrero de 1929, nacía en Venezuela Fabricio Ojeda, quien décadas más tarde se convertiría en el puente histórico para evitar que ese sueño bolivariano fuera enterrado por la traición interna. Mientras Sandino peleaba contra el invasor directo, Fabricio enfrentó en los años 60 una amenaza más insidiosa: la entrega de Venezuela bajo la fachada de una “democracia tutelada”.
La conexión entre Sandino y el destino venezolano se hace evidente en la denuncia que Fabricio Ojeda presentó en su defensa ante los cargos presentados por el Consejo de Guerra por rebelión militar en noviembre de 1962. Fabricio comprendió que el monroísmo había encontrado en Rómulo Betancourt a un agente decidido a ejecutar un plan nacional-traidor.
En Venezuela no hay democracia, porque Betancourt se ha convertido en el principal culpable de la crisis que sacude al país y que en su desesperación, en su soberbia histérica, no encuentra otro camino que la represión brutal y la amenaza constante. Su interés de entregar el país al imperialismo para convertirlo en “Estado Libre Asociado”, su sectarismo enfermizo y su pequeñez moral, lo han llevado al colmo de la desvergüenza y la iniquidad. (Ojeda, 1962, pp. 25-26).
Este plan buscaba la progresiva hipoteca de Venezuela a los intereses de la Casa Blanca y la Misión Militar Norteamericana, pretendiendo asimilar al país bajo el esquema de un “Estado Libre Asociado”.
Fabricio desnudó la estrategia del Pentágono de aquel entonces, que consistía en despojar a las Fuerzas Armadas de su carácter nacional para convertirlas en una guardia pretoriana colonial, similar a la de Puerto Rico y convertir al país en un protectorado estadounidense. Él advirtió que el imperio y sus aliados locales veían en los militares nacionalistas y patriotas a un enemigo, ya que su integridad impedía que las cadenas del dominio exterior se unieran de nuevo sobre nuestras riquezas.
A la crisis general que vive el país, está unida una crisis militar. Los militares progresistas, los verdaderos institucionalistas, se sienten hoy tan inseguros como cualquier activista de los sectores más radicalizados. La mayoría de los oficiales que no pueden compartir el esquema del “Estado Libre Asociado”, ni ven con buenos ojos la progresiva hipoteca del país a los fueros y privilegios de la “Misión Militar Norteamericana”, están sometidos a vigilancia permanente, son discriminados y la seguridad de sus carreras, pende del primer chisme o la primera intriga; o están en presencia de los famosos consejos de investigación, si es que no han ido a parar con sus huesos a la cárcel. Y es que Betancourt que no se ha detenido ni antes las peores inconsecuencias, es también enemigo de la unidad democrática de las Fuerzas Armadas, la cual está claro, impediría con su dignidad patriótica, que las cadenas del dominio exterior, despedazadas por nuestros libertadores, se unieran de nuevo en el plan de la “puertorriqueñización” que tan agresivamente él lleva adelante. (Ojeda, 1962, p. 27).
Según el análisis de Fabricio, la entrega de los recursos estratégicos no era solo un robo económico, sino un mecanismo para justificar la futura presencia de fuerzas de ocupación extranjeras bajo el pretexto de que la institución armada nacional no ofrecía «confianza» a los capitales estadounidenses. Así, la lucha de Fabricio se convirtió en la continuación del Plan Sandino: defender la integridad cívico-militar como la única garantía de liberación total.
- La Geopolítica de la Liberación: Las enseñanzas revolucionarias desde la montaña
El pensamiento de Fabricio Ojeda alcanzó su punto de mayor nitidez científica en mayo de 1966 con la publicación de Hacia el poder revolucionario. En este texto, escrito desde la precariedad de la montaña pero con una lucidez estratégica asombrosa, Ojeda arremete contra quienes, por cobardía o falta de análisis, se rinden ante la supuesta inevitabilidad del dominio estadounidense. Fabricio desmonta la tesis del “patio trasero” y advierte que la tecnología y la nueva correlación de fuerzas mundial han dejado obsoleta la vieja interpretación de la Doctrina Monroe.
Hay gente todavía apegada a las teorías del fatalismo geográfico que creen al mundo en la época de la Doctrina Monroe, cuya síntesis de “América para los Americanos” constituía el reflejo de una situación completamente distinta, en la cual nuestro continente tenía que protegerse contra la expansión imperialista europea; en un mundo de grandes distancias y con rudimentarios medios de comunicación. Esta circunstancia, totalmente superada por los cambios ocurridos como consecuencia de la ubicación del enemigo común en nuestro propio continente; del progreso de la ciencia y la técnica que prácticamente ha eliminado las distancias; del dominio por el hombre de armas intercontinentales que funcionan a control remoto, con un alto poder de destrucción; y el fortalecimiento del campo de los países liberados y socialistas con una población que supera las dos terceras partes de la humanidad, coloca a dicha gente en un mundo incierto, de espaldas a la realidad; dentro de una concepción política equivocada que sólo contribuye a apuntalar la dominación colonial y su secuela de subdesarrollo, explotación y miseria. (Ojeda, 1967, pp. 21-22).
Con esta denuncia, Fabricio Ojeda se adelanta décadas a su tiempo. No solo identifica la “guerra a control remoto” que hoy asedia a Venezuela a través de la tecnología digital y los drones, sino que establece que la soberanía no depende de la cercanía física con el imperio, sino de la capacidad de los pueblos para insertarse en el bloque de las naciones liberadas. Bajo esta premisa de vanguardia, sentenció la interconexión definitiva de nuestra causa.
Desde la profundidad del teatro de operaciones guerrilleras, Fabricio Ojeda diseccionó la estrategia de dominación que hoy enfrentamos. Él denunció cómo el gobierno de Estados Unidos utilizaba la creación de “Fuerzas Militares Interamericanas” y resoluciones legislativas para intervenir en cualquier país bajo el pretexto de defender la “libertad”. Fabricio desenmascaró la falsa alternativa de la “revolución social democrática” de Lyndon Johnson, señalando que mientras el imperio hablaba de paz, ensangrentaba a Vietnam y Santo Domingo.
Las recientes declaraciones del presidente Johnson al inicio de la crisis dominicana, anunciando que el gobierno de Estados Unidos no permitirá la aparición de “una nueva Cuba” en el continente; la resolución de la Cámara de Representantes norteamericana de apoyar cualquier intervención militar de su país en América Latina; el incremento de la guerra en Vietnam y todas las manifestaciones en igual sentido, como la proposición de crear una Fuerza Militar Interamericana, constituyen importantes expresiones de una línea política, que además de ser el único medio para conservar el dominio imperialista, está dirigida a la atemorización colectiva y a robustecer, en el seno de los pueblos, los inmensos riesgos, sacrificios y dificultades a que debe enfrentarse la verdadera lucha revolucionaria. (Ojeda, 1967, pp. 14-15).
En este análisis, Fabricio identificó un faro de victoria que conectaba directamente con la gesta de Sandino: Vietnam. Así como el “General de Hombres Libres” expulsó a los marines en el 33, Fabricio señalaba que los 200.000 efectivos norteamericanos en el sudeste asiático eran incapaces de aminorar el empuje de un movimiento guerrillero convertido en Guerra del Pueblo. Vietnam demostró que el imperialismo no es invencible y que su base de sustentación sufre un “progresivo descalabro” ante un mundo en ascenso. Esta conexión no es casual; la derrota yanqui en Vietnam es la continuación histórica de la derrota que Sandino les propinó en Las Segovias: la prueba de que un “pueblo débil” que combate resueltamente es capaz de vencer a cualquier enemigo.
Fabricio nos advierte que esta victoria solo es posible cuando se rompe con el espejismo del reformismo vacilante. Él analiza con dureza dialéctica el caso de Brasil, donde el gobierno de Joao Goulart, a pesar de su mayoría de votos y su formalismo democrático, cayó sin disparar un tiro ante el zarpazo de unos cuantos mariscales. ¿Por qué? Porque el reformismo no logra nuclear a las masas para el combate real y se queda a la zaga de unas Fuerzas Armadas convertidas en guardia pretoriana colonial. En contraste, Fabricio exalta la República Dominicana, donde el pueblo armado impidió el retorno del gorilismo, obligando al imperio a desembarcar 40.000 soldados para obtener apenas una victoria pírrica.
En el país más grande de la América Latina, que tiene el ejército de aire, mar y tierra, más numeroso y 70 millones de habitantes, el imperialismo no tuvo necesidad de mover más de unos cuantos mariscales y generales para poner término a los gobiernos de Quadros y Goulart. En Cuba, por el contrario, el imperialismo ha puesto en práctica todos los recursos, excepto la agresión militar directa de sus tropas (y esto porque el apoyo popular de la Revolución y la correlación internacional de fuerzas que se lo impida), sin poder introducir el más ligero cambio en el rumbo ascendente de la Revolución. Y en Santo Domingo, donde sí apelaron al desembarco de los infantes de marina, la heroica resistencia del pueblo les frustró sus plenos objetivos. (Ojeda, 1967, p. 38).
La lección es clara y tajante: el imperialismo solo respeta el Poder Real. En Cuba, el Pentágono ha fracasado porque el poder pasó efectivamente a manos del pueblo y la Revolución se convirtió en una empresa invencible apoyada en el campo revolucionario mundial. Fabricio nos enseña que el camino no es la “ilusoria majestad de la Constitución” que proponen los políticos tradicionales, sino la toma del Poder Político para transformar la estructura de la nación. Al igual que en Vietnam, en Venezuela la única alternativa al “derramamiento de sangre” que propone Washington es la firmeza de un pueblo que ha decidido ser libre, enterrando para siempre el fatalismo geográfico y el mito de la invencibilidad imperial.
Venezuela es un importante factor del campo revolucionario mundial. Su lucha de liberación es complementaria con la de otros pueblos en trance similar. Una es necesariamente, querámoslo o no, continuación de la otra. Y aunque cada país, como el nuestro en este caso, actúa conforme a sus propias realidades y realiza el tipo de revolución que históricamente le corresponde, no puede eludir, ni ello sería correcto, su integración con otros movimientos similares. No es culpa de los revolucionarios venezolanos que su lucha sea en primer término contra los imperialistas, en lo cual guarda perfecta identidad con las luchas que se realizan en Vietnam, en Angola, en el Congo o las que se libraron en Cuba y en Argelia. La culpa en este caso es de los imperialistas, que no han respetado fronteras ni continentes para extender su explotación. (Ojeda, 1967, p. 21).
Hoy, las palabras de Fabricio cobran una vigencia aterradora y esperanzadora a la vez. Él afirmaba que “ningún pueblo en proceso de liberación puede ser contemplado librando una lucha aislada”. Venezuela es hoy ese “importante factor del campo revolucionario mundial” que Fabricio describió. La derrota moral de Johnson en Santo Domingo es la misma derrota que hoy sufre el imperialismo al intentar aislar a Venezuela. Al romper con el fatalismo geográfico y entender que nuestra lucha es “complementaria” con la de todos los pueblos que resisten al neocoloniaje, Venezuela se convierte en la empresa invencible que Fabricio vaticinó desde la montaña.
- La Revolución Bolivariana: El retorno del Militar Patriota
Fue precisamente en este punto donde la historia dio su giro definitivo con la irrupción de Hugo Chávez Frías en 1992. La Revolución Bolivariana no puede entenderse como un evento aislado, sino como la cristalización de una lucha histórica que tuvo en figuras como Fabricio Ojeda a sus más fieles precursores. Este proceso vino a abrir, en palabras de sus protagonistas, las “grandes alamedas” de la historia que los combatientes de los años 60 y 70 soñaron para Venezuela, logrando un acercamiento sin precedentes entre el proyecto de nación actual y los ideales de justicia social de la generación que se levantó tras la caída de la dictadura el 23 de enero de 1958.
Al hablar de la Revolución Bolivariana, nos referimos al proceso que ha logrado concretar los sueños de soberanía que Fabricio Ojeda y su generación defendieron con banderas y fusiles. Se trata de una continuación histórica donde Chávez se presenta como el digno heredero de un sentimiento patriótico que se niega a morir.
Murió Fabricio, pero hubo quienes vinieron después, humildemente me incluyo, quienes vinimos después y tomamos el fusil que había que tomar y tomamos la bandera, ésta bandera nuestra, la bandera de la Revolución, de la Revolución Bolivariana. (Chávez, 21 de junio de 2007).
Chávez encarnó al oficial progresista y nacionalista que Fabricio Ojeda invocó en su defensa de 1962. Chávez encarnó a esa generación de militares que se negó a compartir el esquema de la «puertorriqueñización» y que, en lugar de someterse a la rectoría colonial del Pentágono, decidió rebelarse para devolverle a la institución armada su carácter nacional y patriota.
No es poca cosa tener militares patriotas en América Latina. Tener militares luchando junto al pueblo por una revolución, con una revolución, no es poca cosa tener una Fuerza Armada levantando las banderas del socialismo nacional bolivariano, no es poca cosa. (Chávez, 11 de enero de 2008).
Al insurgir contra el sistema de la Cuarta República, Chávez detuvo la progresiva hipoteca del país. Su rebelión no fue solo política, fue una respuesta directa a la crisis militar que Fabricio denunció: la negativa a aceptar que la defensa de nuestro patrimonio dependiera de un país acreedor. Chávez rescató la dignidad cívico-militar para impedir que las fuerzas de ocupación extranjeras se establecieran en nuestro suelo bajo cualquier pretexto inversor. La Revolución Bolivariana es la realización política y efectiva del Supremo Sueño de Sandino y la victoria de la tesis de Fabricio Ojeda.
…hoy nosotros estamos retomando el plan de Sandino, el plan para realizar el supremo sueño de Bolívar, el supremo sueño de Sandino. Así que tenemos que ir marchando hacia una especie de confederación de repúblicas, de unión de repúblicas, de unión de los pueblos, de nuestros campesinos, nuestros productores, nuestras mujeres, nuestros jóvenes, los estudiantes, los indígenas, los obreros, los trabajadores, los intelectuales, los militares, los líderes políticos, los partidos políticos de izquierda. Las repúblicas, pues. Y el alma de la República es el pueblo. La Re-pública, la cosa pública. (Chávez, 11 de diciembre de 2007).
Chávez rescató la memoria de Bolívar, Sandino y Fabricio no como un recuerdo nostálgico, sino como una herramienta de poder real. La Revolución Bolivariana es, en esencia, la realización política y efectiva del Supremo Sueño de Sandino. Mientras que en 1929 el General de Hombres Libres pedía la nacionalidad única y la unión de repúblicas, la Revolución Bolivariana impulsó el ALBA-TCP, la UNASUR y la CELAC como organismos de integración soberana sin la presencia del imperio, sumando a la mayoría de las islas del Caribe que hoy apoyan firmemente al gobierno constitucional de Venezuela frente a las agresiones externas.
Esta continuidad doctrinaria se manifiesta de forma narrativa en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999). Chávez, cumpliendo el mandato de Sandino sobre la propiedad del suelo, consagró la recuperación de PDVSA y los minerales estratégicos como un derecho inalienable del pueblo. Asimismo, si Sandino logró la expulsión militar en el siglo XX, la Revolución Bolivariana alcanzó la expulsión política y diplomática del imperialismo al desterrar a las misiones militares de EE. UU. y al denunciar el papel colonial de la OEA. Chávez comprendió que este sueño solo era posible insertando a Venezuela en un Mundo Multipolar, tejiendo alianzas con Rusia y China para dotar a la resistencia de un escudo tecnológico y financiero que trasciende el bloqueo.
En el siglo XXI, Hugo Chávez Frías rescató este hilo histórico para fundar la Geopolítica Bolivariana. Chávez trascendió la resistencia local para proponer un mundo pluripolar y multicéntrico, impulsando la unidad latinoamericana y caribeña como la materialización del plan de Sandino inspirado en Bolívar. Su propuesta estratégica consistió en romper el monólogo de la Doctrina Monroe mediante alianzas con los nuevos centros de poder en Eurasia.
Hoy fuerza coloniales enemigas de la independencia son enormemente más poderosas que hace dos siglos, el imperio más grande y poderoso que haya existido en la historia de la humanidad, no da tregua en su ambición infinita, una vez más somos testigos de las pretensiones opresoras que ya desde tiempos de la Doctrina Monroe atentaban directamente contra el ideal bolivariano de la unión, pero en esta ocasión el pueblo de nuestra América está en pie de lucha, porque ha vuelto a levantarse esta vez hecho millones. (Chávez, 23 de noviembre de 2010).
En la actualidad, este enfrentamiento alcanza una escala global: el monroísmo intenta un bloqueo continental total -incluyendo el control de Groenlandia- para frenar el avance del Mundo Multipolar.
- El Monroísmo Extracontinental: Del Ártico a la Reingeniería Global
En el siglo XXI, la Doctrina Monroe entra en una fase de expansión desesperada. El imperialismo ya no solo busca el control del Amazonas o el Caribe, sino que extiende sus pretensiones de control hasta Groenlandia, buscando cerrar un cerco hemisférico absoluto para aislar a nuestra América del flujo civilizatorio del mundo multipolar. Este “Monroísmo Ártico” representa una nueva reingeniería global que pretende frenar el surgimiento de bloques de poder alternativos, intentando convertir a todo nuestro continente en un búnker aislado de las dinámicas euroasiáticas.
Esta expansión más allá de las fronteras continentales tradicionales evidencia que Estados Unidos ha pasado de ser una potencia regional a un actor que intenta monopolizar los pasos estratégicos del planeta. El intento de anexar o tutelar Groenlandia no es un hecho aislado, sino la pieza final de un rompecabezas de dominación que busca controlar los recursos de agua dulce y las nuevas rutas comerciales del norte, proyectando su hegemonía sobre el globo entero. Este cerco extracontinental es la respuesta imperial ante el inminente declive de su hegemonía unipolar, una maniobra de asfixia que pretende arrastrar a nuestras naciones hacia una nueva era de subordinación total.
- La Actualización de la Resistencia: Del Siglo XX al Siglo XXI
La vigencia de Sandino y Fabricio no es nostalgia. Aunque no estamos en la época de los machetes y la montaña, y la tecnología de guerra ha avanzado hacia drones y sistemas satelitales, la probabilidad real de victoria hoy es superior. La resistencia se ha modernizado: la Unión Cívico-Militar es nuestra tecnología social de defensa integral. A diferencia de 1927, hoy Venezuela cuenta con un escudo tecnológico y financiero gracias a la alianza con potencias como Rusia y China. El espíritu de Sandino hoy se traduce en sistemas de defensa antiaérea, soberanía digital y redes de comercio que rompen la hegemonía del dólar.
Esta modernización implica que la guerra asimétrica ya no solo se libra en el terreno geográfico, sino en el espectro electromagnético y financiero. Mientras Sandino interceptaba correos del invasor a caballo, hoy la Revolución Bolivariana neutraliza ataques cibernéticos y construye pasarelas de pago alternativas que desarticulan el chantaje del bloqueo. La “guerra de pulgas” de Las Segovias ha evolucionado hacia una Defensa Integral de la Nación, donde cada ciudadano es un nodo de inteligencia y cada aliado internacional es un multiplicador de fuerza que impide al imperio cerrar el cerco que tanto ansía.
Fue Fabricio Ojeda quien, en 1966, sintetizó esta evolución en la tesis de la Guerra del Pueblo. Para Fabricio, la resistencia no era un evento fortuito, sino la “correcta combinación de todas las formas de lucha” bajo una concepción exacta de la insurrección popular. Esta tecnología de combate asume que, frente al monstruo imperialista, el pueblo debe actuar con la astucia y la multiplicación de fuerzas de quien sabe que el territorio es solo una parte de la batalla; el verdadero campo de fuerza es la conciencia y la mentalidad de Poder de las masas organizadas. Hoy, esa Guerra del Pueblo se traduce en la capacidad de resistir el asedio multiforme, demostrando que la mística guerrillera de las montañas de Venezuela es la misma que hoy blinda nuestras ciudades y fronteras.
- El Despertar de los Pueblos: Un Cierre de Unidad Continental
En este año 2026, ante el criminal secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, Venezuela se mantiene como el nodo principal donde el Plan de Sandino de 1929 se hace carne a través de la Unión Cívico-Militar. Sin embargo, la historia nos ha enseñado que esta batalla no es un evento aislado, sino una guerra civilizatoria global donde el imperialismo ha dejado de lado las sutilezas para instaurar un Protectorado Económico de Coacción. Al intentar decapitar la institucionalidad del país, Washington pretende reactivar el espíritu criminal del Corolario Roosevelt de 1904, aquel mandato que otorgaba a Estados Unidos el derecho de actuar como una “policía internacional” para tutelar a las naciones que no se plegaran a sus designios. Esta maniobra busca despojar a la República de su cualidad de Estado Soberano para convertirla en una factoría bajo administración de la extorsión, donde los convenios económicos no se firman entre iguales, sino que se imponen como actas de capitulación bajo la presión del asedio.
Frente a esta tentativa de protectorado, la historia de nuestra América ofrece una respuesta contundente que trasciende la simple resistencia. La salida a esta crisis civilizatoria se halla en la profundización de la Soberanía Multidmensional que se ha venido gestando desde la Revolución Mexicana hasta la Revolución Bolivariana. La solución histórica ante el secuestro como herramienta de poder es la consolidación definitiva de una Arquitectura Jurídica y Financiera Multipolar. Siguiendo el Plan de Sandino de 1929, Venezuela tiene hoy la responsabilidad de liderar la creación de una institucionalidad regional que declare la nulidad absoluta de cualquier compromiso o deuda nacida de la coacción imperial, sustituyendo el arbitraje de Washington por una Corte de Justicia Latinoamericana y un sistema de intercambio económico desvinculado del dólar.
Hondamente convencidos como estamos de que el capitalismo norteamericano ha llegado a la última etapa de su desarrollo, transformándose como consecuencia, en imperialismo, y que ya no atiende a teorías de derecho y de justicia pasando sin respeto alguno por sobre los inconmovibles principios de independencia de las fracciones de la NACIONALIDAD LATINO-AMERICANA, consideramos indispensable, más aún inaplazable, la alianza de nuestros Estados Latinoamericanos para mantener incólume esa independencia frente a las pretensiones del imperialismo de los Estados Unidos de Norte América, o frente al de cualquiera otra potencia a cuyos intereses se nos pretenda someter. (Sandino, 1929, pp. 4-5).
Esta batalla exige el despertar definitivo de todos los pueblos de la región. México, con su renovada dignidad soberana; Cuba, faro inquebrantable de ética política; Brasil, como motor gigante de la integración suramericana; la propia Nicaragua, heredera de la sangre de Sandino; y Colombia, que hoy camina hacia su destino bolivariano, tienen una responsabilidad histórica ineludible.
La unidad de estos ejes, sumada a la solidaridad de las islas del Caribe, es lo que permitirá materializar la Confederación que Sandino soñó. No estamos ante una lucha local, sino ante una guerra civilizatoria global. Defender a Venezuela es defender el testamento de Sandino y asegurar que la libertad de nuestra América sea un hecho irreversible, enterrando para siempre los últimos estertores del colonialismo continental y pariendo un nuevo orden de paz, justicia e igualdad multipolar.
La salida a esta crisis civilizatoria no es el retorno al pasado, sino la aceleración del futuro que Chávez prefiguró. La unidad cívico-militar es hoy nuestra trinchera de Las Segovias. Frente al intento de protectorado, la propuesta es la Nacionalidad Latinoamericana en acción: un bloque de poder real capaz de sostener su propia moneda, su propia defensa y su propia justicia. Al romper las cadenas de la dependencia financiera, el secuestro como herramienta política pierde su eficacia, permitiendo que el siglo XXI sea, finalmente, el escenario donde se consume la independencia absoluta de nuestra América, pariendo un nuevo orden de paz basado en el respeto a la soberanía de los pueblos.
Frente a la coacción económica, la respuesta es el control territorial y social de los recursos estratégicos. La verdadera defensa del país hoy pasa por profundizar la propiedad comunal y estatal del suelo y el subsuelo, haciendo que cualquier convenio impuesto por la fuerza sea nulo e inaplicable por el pueblo organizado.
Al igual que el General de Hombres Libres creó el Plan de 1929 para anular la Doctrina Monroe desde una institucionalidad propia, Venezuela debe liderar la creación de una Arquitectura Financiera y Jurídica Multipolar. Esto implica el abandono definitivo del sistema del dólar y la consolidación de un Tribunal de Justicia de los Pueblos que declare ilegales y criminales las deudas y convenios nacidos de la coacción.
Tal como Fabricio Ojeda advirtió desde la montaña, el “fatalismo geográfico” se vence con la Alianza Tecnológica y Militar Extracontinental. La respuesta al secuestro de los líderes es el fortalecimiento del eje Caracas-Moscú-Pekín-Teherán, no solo como intercambio comercial, sino como un escudo tecnológico que neutralice la guerra a control remoto y blinde nuestra capacidad de respuesta autónoma.
No hay espacio para el reformismo vacilante; la única vía es el ejercicio pleno del Poder Político para transformar la estructura de la nación. El siglo XXI es el escenario donde, armados de conciencia y ciencia soberana, enterraremos definitivamente el Corolario de 1904 y consolidaremos la emancipación absoluta de nuestra América.
…desde el momento fundador de nuestra vida republicana, se fue perfilando un duelo histórico, el duelo ideológico, político y de valores entre la doctrina de los libertadores, la doctrina del Libertador Bolívar y de Monroe que traza la línea divisoria entre patria y colonia en nuestro continente; durante los siglos XIX y XX se batieron en duelo las ideas y el proyecto de emancipación de los libertadores y la herencia que nos dejaron con el proyecto de Monroe de “América para los americanos”, el proyecto de la elite imperial estadounidense, heredera directa de la visión colonialista británica… (Maduro, en Chávez, 5 de julio de 2012).
Estamos ante el duelo final entre dos siglos y dos concepciones del mundo: o prevalece la Doctrina Monroe con su secuela de protectorados y miseria, o se impone el Plan de Sandino con su propuesta de Nacionalidad Latinoamericana y Poder Real. No hay vuelta atrás; el fatalismo geográfico ha muerto en las trincheras de la resistencia bolivariana. El siglo XXI le pertenece a los pueblos que, armados de conciencia y ciencia soberana, han decidido declarar -de una vez y para siempre- ser libres, independientes y soberanos.
BIBLIOGRAFÍA
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- Chávez Frías, H. (11 de diciembre de 2007). Firma de acuerdos entre el Comandante Presidente Hugo Chávez y el Presidente de Nicaragua Daniel Ortega. Centro de Convenciones Olof Palme, Managua, Nicaragua. Todo Chávez en la Web. http://www.todochavezenlaweb.gob.ve/todochavez/2678-firma-de-acuerdos-entre-el-comandante-presidente-hugo-chavez-y-el-presidente-de-nicaragua-daniel-ortega
- Chávez Frías, H. (11 de enero de 2008). Presentación de memoria y cuenta ante la Asamblea Nacional. Palacio Federal Legislativo, Caracas, Venezuela. Todo Chávez. http://todochavez.gob.ve/todochavez/1573-presentacion-de-memoria-y-cuenta-ante-la-asamblea-nacional-por-parte-del-comandante-presidente-hugo-chavez
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- Maduro, N. en Chávez Frías, H. (5 de julio de 2012). Intervención del Comandante Presidente Hugo Chávez durante sesión solemne de la Asamblea Nacional con motivo del 201º aniversario de la firma del Acta de la Independencia. Palacio Federal Legislativo, Caracas, Venezuela. Todo Chávez en la Web. http://www.todochavezenlaweb.gob.ve/todochavez/260-intervencion-del-comandante-presidente-hugo-chavez-durante-sesion-solemne-de-la-asamblea-nacional-con-motivo-del-201-aniversario-de-la-firma-del-acta-de-la-independencia
- Ojeda, F. (1962). Contestación ante el Consejo de Guerra a los cargos formulados contra el delito de rebelión. En Fabricio Ojeda. Dignidad y firmeza revolucionaria (2007). Ediciones COFAE. Caracas, Venezuela.
- Ojeda, F. (1967). Hacia el poder revolucionario. Editorial Guairas. La Habana.
- Sandino, A. C. (1929/s.f.). Plan de realización del supremo sueño de Bolívar. Instituto Municipal de Publicaciones, Alcaldía de Caracas.
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