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Entre 400 y 800 mil rechazaron el proyecto de matrimonio gay

En contra de una promesa de Hollande

Fuentes: Página 12

El gobierno socialista impulsa una ley para que las personas del mismo sexo se puedan casar y adoptar niños; la misma se ha ido convirtiendo en un poderoso foco opositor articulado en torno a la derecha católica.

Los opositores al proyecto de ley que apunta a legalizar en Francia el matrimonio entre personas del mismo sexo marcaron el frío domingo parisino con una manifestación que convocó entre 400 y 800 mil personas. Promesa electoral del hoy presidente François Hollande, el proyecto de ley sobre el matrimonio gay que también otorga el derecho a las parejas homosexuales a adoptar niños se ha ido convirtiendo en un poderoso foco opositor articulado en torno a la derecha católica. La movilización de ayer es la más importante que protagonizó la derecha desde el año 1984, cuando el entonces presidente socialista François Mitterrand intentó modificar una ley sobre la educación nacional. Novecientos micros con gente venida de toda Francia colmaron las calles de la capital francesa a lo largo de cuatro cortejos que convergieron al final hacia le Champs de Mars, frente a la Torre Eiffel. Los manifestantes le exigen al gobierno un referéndum sobre el matrimonio entre homosexuales. Sin embargo, la presidencia francesa reconoció ayer que la manifestación había sido «consistente», pero mantuvo el calendario de discusión del proyecto de ley que ingresará a la Asamblea dentro de dos semanas.

La Iglesia ha movilizado ayer mucho más allá de las previsiones. Cada vez que en Francia se tocó un zócalo ligado a la familia, la Iglesia siempre se opuso; que sea la píldora anticonceptiva (1967), el derecho al aborto (1975) o el PACS (1999), mecanismo que establece lazos legales sin llegar al matrimonio para las uniones libres, sean o no entre personas del mismo sexo, los medios católicos salieron a restaurar el mito de la familia. Los manifestantes recorrieron las calles de París al compás de proclamas contra el presidente Hollande y canciones religiosas. La gente caminó bajo el slogan La manif pour tous («La manifestación para todos») como respuesta a los partidarios de la ley, que desfilan bajo la proclama Le mariage pour tous («El matrimonio para todos»). Philippe, un vecino de la Place d’Italie de donde salió uno de los cortejos, decía: «No soy homófobo, pero que se llame matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo y que, encima, se les permita adoptar niños, me parece una exterminación de los valores de la familia». Un matrimonio elegantón que marchaba con sus cuatro hijos decía: «Esta ley provocará la decadencia final de Francia. El señor Hollande quiere imponer al país una ley depravada. La naturaleza no se puede cambiar. Dos personas del mismo sexo no pueden adoptar y educar a un niño bajo el amparo de la ley».

Los sondeos de opinión son, sin embargo, ampliamente favorables al matrimonio gay. Una encuesta de la consultora LH2 publicada por el semanario Le Nouvel Observateur muestra que 56 por ciento de los franceses aprueba la unión entre personas del mismo sexo. La cifra se equilibra cuando se trata del derecho a la adopción: sólo 50 por ciento de los encuestados está de acuerdo con este principio. El sondeo revela también que el 52 por ciento piensa que la Iglesia no cumple con su papel al tomar partido contra el proyecto de ley.

El proyecto de ley es una bomba social y cuenta con tres puntos candentes: la legalización del matrimonio gay, el derecho a la adopción para los homosexuales y la llamada procreación médica asistida, lo que, para los católicos, abre la puerta a las madres de alquiler y a los niños educados desde el nacimiento por parientes del mismo sexo. La iniciativa socialista no logra, sin embargo, consensuar completamente a los partidos de la derecha. La conservadora UMP y el partido de extrema derecha Frente Nacional están divididos sobre el tema y aprovechan más bien la polémica para atacar globalmente al Ejecutivo antes que para protagonizar una oposición frontal. En ambos partidos hay grupos de presión homosexuales que detentan un claro poder dentro de las formaciones. Los líderes del movimiento contra el proyecto de ley son personajes bastante sui generis. Una de sus caras más visibles es Frigide Barjot (juego de palabras con Brigitte Bardot), una mujer de 50 años que ayer se subió a la tribuna con un velo de novia y se puso a gritar improperios. El otro líder es Xavier Bongibault, portavoz de la asociación «Más gays sin matrimonio». Bongibault llegó a comparar a Hollande con «un hombre que llegó al poder en 1933», o sea Hitler. Ambos son profetas de la supuesta «descomposición» de la sociedad francesa en caso de que el proyecto de ley sea aprobado en la Asamblea. Los obispos mueven los hilos de estas protestas en secreto dentro sus iglesias. No aparecen en la televisión ni en las calles, pero orquestan las protestas con gran eficacia. Partidarios y adversarios de esta ley se vienen midiendo desde hace varios meses a través de las manifestaciones que realizan. La próxima será una respuesta a la de este domingo. Los defensores del «Matrimonio para todos» saldrán a la calle el próximo 27 de enero para mostrar el otro lado de la Francia abierta a los cambios y las transformaciones de sociedad.

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