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A pesar de los militares

La caja de Pandora ha sido abierta y todos los horrores saldrán a luz

Fuentes: Comcosur

Con su decisión de aplicar el artículo 4º de la Ley de Caducidad e investigar lo sucedido a los detenidos desaparecidos, el presidente Vázquez ha ido tal vez más allá de lo que se proponía. Es que una vez desatado el lazo de la «Bolsa de Pandora» en la que estaban escondidos los crímenes de […]

Con su decisión de aplicar el artículo 4º de la Ley de Caducidad e investigar lo sucedido a los detenidos desaparecidos, el presidente Vázquez ha ido tal vez más allá de lo que se proponía. Es que una vez desatado el lazo de la «Bolsa de Pandora» en la que estaban escondidos los crímenes de la dictadura, al igual que en el mito griego resulta ahora imposible detener las «furias» desatadas.

Día a día surgen nuevas informaciones que van dando idea de la entidad del horror vivido por los prisioneros políticos de los militares. Hasta ahora, el pudor de sus víctimas jugaba a favor de las bestias, porque hay gente que vivió momentos tan ignominiosos que -no ya- no puede contarlos, sino que hasta debe borrarlos de su memoria para poder sobrevivir.

El pasado fin de semana, el aviador retirado Walter Malán relató al periodista de 1410 AM LIBRE Alberto Silva, como las «chupipandas» (orgías de comida y alcohol) que realizaban los militares en esos años, muchas veces terminaban con un «número especial» que consistía en llevar allí a un detenido y hacerle (porque sí, nomás) el «submarino» en un tacho con excrementos para deleite de la oficialidad totalmente ebria (Malán relató el caso de «un pobre hombre de 60 años que fue traído a rastras»). El ex diputado por el Partido Nacional también contó cómo un soldado que impidió que un oficial violara a una detenida («es una presa, no es una puta», le dijo) fue luego encarcelado y sometido él mismo a torturas.

En el día de ayer, en su primera investigación de campo sobre este tema en 20 años, el diario EL OBSERVADOR revela que en un predio militar de Tacuarembó «durante la dictadura torturaban a los ‘pichis´(nombre con el que se designa a los civiles en la jerga militar) para sacarles información y si durante dos o tres días no la obtenían los traían para acá, los largaban acá y los salían a cazar».

En el Informe sobre Prisión Política y Tortura, dado a conocer en noviembre de 2004 por el presidente chileno Ricardo Lagos, se recoge el escalofriante testimonio de quien al momento de ser detenida era una niña de 16 años, que fue secuestrada en la Región Metropolitana y luego expulsada del país sin su familia: «Fui violada, me ponían corriente, me quemaron con cigarrillos, me hacían ‘chupones’, me pusieron ratas (en la vagina), me amarraron a una camilla donde unos perros amaestrados me violaron».

Los militares uruguayos no le fueron en zaga a los chilenos, fueron adiestrados por los mismos maestros y -Plan Cóndor mediante- compartían los mismos métodos operativos. En los últimos días han aparecido testimonios que indican que para «hacer hablar» a un detenido, los militares violaban en su presencia a su esposa embarazada, y aquí también usaron perros amaestrados para violar a las prisioneras…

Es por estas cosas que los militares uruguayos dan la información por cuentagotas, y siguen practicando la mentira, el ocultamiento y las amenazas para los que abran la boca. Han hecho cosas de las que (ahora) hasta ellos mismos se avergüenzan. Ellos (y muchos civiles) pretenden «dar vuelta la página» antes de que estas cosas se sepan masivamente y sus hijos se enteren así de qué tipo de bestias los han engendrado. Es demasiado tarde. Esta nueva Bolsa de Pandora ya está abierta y -como aquella- no es posible volverla a cerrar. Toda la verdad saldrá a luz, más tarde que temprano, pero saldrá.
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¡BIENVENIDOS AL TREN!
LOS MASS MEDIA URUGUAYOS Y LOS DERECHOS HUMANOS
Andrés Capelán (Comcosur/Montevideo)

Desde la asunción del presidente Tabaré Vázquez a la presidencia el pasado 1º de marzo, los grandes medios de prensa uruguayos han venido sufriendo una saludable metamorfosis en su enfoque de la temática de los Derechos Humanos. En efecto, luego de mantener un voluntario y ominoso silencio durante más de 20 años de democracia, en los últimos meses han comenzado a hablar de los desaparecidos, las torturas, los asesinatos, y ahora de los enterramientos clandestinos.

¿Qué ha sucedido? ¿Sus directores se han arrepentido de ese silencio cómplice? ¿Se han vuelto repentinamente «izquierdistas»? Nada de eso. Son otras las razones por las que hoy los grandes diarios y los canales de televisión no sólo dan amplia cobertura a la investigación de los crímenes de la dictadura, sino además realizan los reportajes y las investigaciones que no realizaron durante 20 años.

Por lo pronto, lo hacen porque en momentos en que desde la propia Presidencia de la República se están impulsando las investigaciones sobre ese pasado, es inevitable hacerlo. En este sentido, no hay que olvidar que mientras no vean afectados sus intereses económicos, sus prebendas y su hegemonía, los mass media son siempre  oficialistas, gobierne quien gobierne.

Por otro lado, ha de tenerse en cuenta que estos medios son empresas con fines de lucro, y en estos momentos el tema de los derechos humanos: «vende». Los que siempre supieron, quieren como informan ahora los que siempre callaron; y los que nunca supieron: quieren saber. Por eso el alto ratting que logran los informativos televisivos y los «periodísticos de investigación» que hablan de este tema.

Pero los que siempre luchamos por divulgar la verdad desde los bordes de la sociedad de la información; los que fuimos ignorados y ninguneados por ellos durante todo este tiempo; los denunciantes a los que ignoraron o descalificaron; los familiares de los desaparecidos (doblemente desaparecidos por su silencio durante tanto tiempo): les damos la bienvenida al mundo real, pero no nos olvidamos de cómo cerraron filas con los violadores de los derechos humanos para ocultar la verdad e impedir la justicia. Para ellos tampoco hay olvido, ni perdón. De todas maneras: bienvenidos al tren de la historia. Más vale tarde, que nunca.