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La crisis en Nicaragua y el maniqueísmo de la izquierda norteamericana

Fuentes: Rebelión

De conformidad con la perspectiva maniqueista de una parte importante de la Izquierda norteamericana (para no decir algunos sectores de la Izquierda Latinoamericana), el mundo es blanco y negro y hay buenos y malos. Se trata de un modelo en el cual debe conformarse, por decreto dogmático, todo lo que sucede en el ámbito de […]

De conformidad con la perspectiva maniqueista de una parte importante de la Izquierda norteamericana (para no decir algunos sectores de la Izquierda Latinoamericana), el mundo es blanco y negro y hay buenos y malos. Se trata de un modelo en el cual debe conformarse, por decreto dogmático, todo lo que sucede en el ámbito de la política internacional. De acuerdo con esta narrativa, Estados Unidos esta interviniendo en Nicaragua (de hecho, lo es, y es condenable), entones, por ende, lo hace para derrocar al régimen Ortega-Murillo, y por ende, este régimen debe ser bueno y merece ser defendido.

En estas versiones, no hay enfoque alguno -aparentemente se trata de una maniobra intencional- en las contradicciones internas en Nicaragua que han dado origen a la crisis. No hay la mas mínima comprensión de las dinámicas clasistas, políticas, y sociales internas al país. No hay un examen de lo que Estados Unidos persigue en Nicaragua ni el mas mínimo análisis de que busca lograr el financiamiento que proporciona Washington a ciertas organizaciones opositoras por medio de la agencia cuasi-gubernamental Fundación Nacional para la Democracia (conocida por su acrónimo en ingles, la NED).

Una racha de artículos ha sido publicada en los últimos meses en medios izquierdistas norteamericanos que atribuyen la causa de la crisis nicaragüense a un intento de cambio de régimen impugnado por Estados Unidos, es decir, una «revolución de colores» o «golpe de estado derechista», instigado por Washington y sus aliados contra el «gobierno revolucionario» de Ortega-Murillo.

Ejemplo típico de estos artículos, apareció en agosto pasado en numerosos medios en línea un ensayo escrito por Roger Harris, titulado «Cambio de régimen en Nicaragua.» En ello, el autor señala con aprobación el beneplácito que ha recibido el gobierno nicaragüense por parte del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial por los altos niveles de crecimiento de la economía nicaragüense en los últimos años y por la reducción de la pobreza y la expansión de los servicios de salud y la educación. Atribuye las «inexplicables» protestas lanzadas a partir de abril pasado por parte de los estudiantes universitarios, que luego se extendieron a los barrios populares de las principales ciudades del país, al hecho de que el régimen Ortega-Murillo «ha sido seleccionado por Estados Unidos para efectuar un cambio de régimen» porque «todas las buenas cosas que [este régimen] ha hecho, han provocado la ira de los gobernantes norteamericanos.» Señala que la NED recién aprobó la cantidad de $1.5 millones de dólares para -en sus palabras- «derrocar el gobierno» de Nicaragua. Concluye que «cualquier gobierno que reemplaza al de Ortega será mas neoliberal, mas opresivo, y mas autoritario.»

Sin embargo, los hechos y la historia están a la vista para todos que realmente desean verlos. Ortega sostuvo excelentes relaciones con Estados Unidos hasta el estallido de la crisis. Su gobierno ha recibido cantidades importantes de ayuda económica norteamericana y hasta ayuda militar del Pentágono. Ha cooperado con Washington en la llamada «guerra contra las drogas» y en las políticas migratorias norteamericanas. Ha cogobernado con el Consejo Superior de la Empresa Privada -la asociación gremial de la clase capitalista nicaragüense. Ha convertido a Nicaragua en un paraíso para el capital transnacional precisamente porque logró imponer las condiciones (por ej., los salarios mas bajos en Centroamérica, la estabilidad interna) para que el capital transnacional floreciese en el país, lo que ha abierto las compuertas a un masivo flujo de inversión extranjera en el país, flujo que permitió las altas tasas de crecimiento que los defensores del régimen y el FMI y el Banco Mundial aplaudan.

¿Ha sido positivo, la provisión gratuita de educción y salud? Absolutamente. ¿Ha granjeaba esta provisión la enemistad de Washington? Absolutamente no. Los indicadores sociales muestran una mejoría, en parte, por las altas tasas de crecimiento logrados por los elevados precios de los commodities en los últimos años, así como por la entrada masiva del capital extranjero, y por varios miles de millones de dólares en concepto del subsidio venezolano para Nicaragua, subsidio que ahora se ha contraído drásticamente.

En el campo, no son los campesinos que dominan el sector agropecuario, sino mas bien la agroindustria transnacional, mientras los campesinos han sido desplazados hacia lo que queda de la llamada «frontera agrícola,» alentados por los incentivos que el gobierno de Ortega ha otorgado para los que colonizan dicha frontera. En el transcurso del desarrollo capitalista en América Latina, se trata del patrón bien conocido de la acumulación rural de capital (la acumulación primitiva en el campo). La versión particular que Ortega le ha dado a este patrón de acumulación de capital en el campo ha sido la provisión de ciertas prebendas al sector campesino mientras este sector simultáneamente se ha visto subordinado al sector agroindustrial del gran capital nacional y transnacional. ¿Ha repartido el gobierno, techos de zinc, cerdos, y gallinas a las familias pobres en el campo? Si. Mientras la entrega de estas prebendas puede ser algo positivo para estas familias pobres, ¿porqué debe la Izquierda considera que estas prebendas constituyen algo revolucionario en lugar del mismo clientelismo como en otros lugares (el Partido Revolucionario Institucional, PRI, de México, es un modelo)?

¿Desde cuando la Izquierda debe aplaudir que el FMI y el Banco Mundial felicitan al gobierno de Ortega por hacer lo que estos institutos financieros internacionales consideran un trabajo maravilloso? ¿Desde cuando que la Izquierda debe considerar a un gobierno «izquierdista», mucho menos «revolucionario», por el hecho de que ha generado todas las condiciones para atraer al capital transnacional? Entonces, pues, ¿no debíamos también haber aplaudido a todos los regímenes neoliberales en América Latina por haber recibido el elogio del FMI y el Banco Mundial? ¿No hemos de aplaudir a todos los regímenes neoliberales por proporcionar al capital transnacional con todo lo que desea? ¿Con su asistencialismo, ha sido el régimen Orteguista tan «malo» como estos otros regímenes neoliberales? Ciertamente no. Pero esto no significa que los programas sociales del régimen han provocado la ira de Washington, ni mucho menos que el régimen ha de ser defendido de cara a la oposición masiva que ha generado su propio proyecto, y de cara a las contradicciones de un proyecto de desarrollo capitalista impulsado por el régimen y que ahora ha entrado en crisis.

Queda ahora la cuestión de la intervención norteamericana. La racha de artículos de la Izquierda norteamericana simplemente menciona el financiamiento de la NED sin mostrar ninguna compresión o análisis de lo que esta ayuda persigue lograr. Contrario a lo que sugieren estos artículos, este financiamiento empezó a mediados de la década de los 1980 y nunca ha cesado. No es algo nuevo al periodo que corresponde al régimen Ortega-Murillo. En los años 1980 este financiamiento formó parte de la estrategia contrarrevolucionaria (publiqué el primer libro que destapó y denunció el accionar de la NED en Nicaragua). Desde los 1990 y en adelante este financiamiento ha perseguido: fortalecer las fuerzas pro-neoliberales/capitalistas en la sociedad civil nicaragüense, ayudar a estas fuerzas lograr la hegemonía en la sociedad civil, promover la agenda del capital transnacional en el país, y evitar cualquier radicalización de la sociedad civil (véase mi otro libro sobre este tema). El financiamiento de la NED durante el periodo de Ortega ha perseguido estos mismos objetivos. No ha sido dirigido al derrocamiento de Ortega -lo que seria simplemente absurdo, ya que Ortega ha cogobernado con estas mismas fuerzas financiadas por la NED.

(Es mas, vale señalar que, sin excepción alguna, todos los países de América Latina -tanto de la izquierda como de la derecha- reciben copiosas cantidades de financiamiento por parte de la NED. Evidentemente el mero hecho del financiamiento de la NED no implica que el propósito de este financiamiento es derrocar a un gobierno. La existencia de este financiamiento no absuelve a la Izquierdista de la responsabilidad de analizar dicho financiamiento con relación a un conjunto de factores y circunstancias mas allá de una denuncia retorica y dogmática.)

La gran preocupación de Washington no es deshacerse de Ortega sin preservar a toda costa -frente a una crisis que ha surgido de las contradicciones internas- los intereses del capital transnacional en el país y la hegemonía de capital sobre cualquier proyecto político post-Ortega. Lo que mas teme Washington es un vacío de poder impredecible y desestabilizador en el país. Pero el problema es que la derecha política tradicional en Nicaragua (los Liberales en particular), se encuentra en un estado de desorganización, por lo que le toca al sector empresarial y sus formas corporativistas y gremiales de organización, la tarea de armar algún tipo de transición. Es justo este sector empresarial, sus agencias, fundaciones, y tanques de pensamiento, que han recibido la mayoría del financiamiento de la NED. Se trata de la estrategia del «aterrizaje suave» de no presionar la salida de Ortega tan agresivamente que se corra el riesgo de que la situación entra en un espiral fuera de control. No se trata de una «revolución de colores» ni tampoco de una estrategia de «golpe de estado» contra un gobierno revolucionario». ¿Debe ser condenada la estrategia norteamericana de un «aterrizaje suave»? Absolutamente.

Finalmente, ¿han aprovechado la insurrección las fuerzas derechistas para intentar lograr el control sobre la misma? Absolutamente. ¿Han esgrimido estas fuerzas derechistas su propia violencia? Si. ¿Han manipulado la resistencia popular al régimen Ortega-Murillo? resistencia de base que se encuentra en su mayor parte espontanea, en un estado de desorganización y políticamente incoherente. Si. ¿Sería el escenario post-Ortega que la derecha persigue «mas neoliberal, mas represivo, y mas autoritario»? Probablemente, pero tomemos nota de que los regímenes neoliberales que gobernaron desde 1990 hasta que Ortega asumió la presidencia en 2008 jamás cometieron la represión de masas y los masacres perpetrados por Ortega. ¿Pero porque esto debe significar que la Izquierda, tanto en Estados Unidos como en América Latina, cierra filas alrededor del neoliberalismo, la represión y el autoritarismo del régimen Ortega-Murillo? Esta posición maniqueista no tiene cabida en una postura izquierdista frente a la crisis nicaragüense.

William I. Robinson es profesor de Sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.