La política cambiaria debe estar ligada a objetivos de desarrollo del país y sectores productivos, y no solo a metas de estabilización económica con sesgo recesivo y especulación manifiesta en un mercado imperfecto” (Edmundo Valladares, exasesor del BCH )
Hace ya más de 30 años que el Gobierno del presidente Carlos Roberto Reina (1994-1997), del Partido Liberal en el poder, decidió introducir la Subasta de Divisas como mecanismo de control del tipo de cambio para efectos de evitar mayor presiones sobre los precios, encarecimiento de las importaciones y deterioro del salario, que causa la flexibilidad cambiaria -en exceso- y devaluación [1]. En aquel entonces, el presidente del Banco Central, era el Dr. Hugo Noé Pino, actual diputado al Congreso Nacional por el Partido Libertad y Refundación (LIBRE), pero apoyado por el Dr. Guillermo Bueso, coordinador del gabinete económico y autoridad en temas monetarios y cambiarios.
Una de las justificaciones de fondo para hacer efectiva esta política cambiaria era los efectos negativos que tuvo la liberalización cambiaria en el Gobierno de Rafael Leonardo Callejas (1990-1993), al asumir que una tasa de cambio sin regulación y libre (oferta y demanda), sería lo mejor para el país al aumentar las exportaciones, empleo y disminuir la deuda real denominada en moneda local, sin referirse al deterioro de los salarios reales a causa de más inflación.
Esta política de regulación cambiaria fue favorable para el país, generando estabilidad cambiaria y certidumbre en los agentes económicos y trabajadores acerca del costo de las importaciones, capacidad de compra de los salarios y uso de las divisas para el sector productivo y menos al consumo y especulación. La estabilidad cambiaria abarcó un periodo desde 1994 hasta julio de 2011[2], o sea 17 años, donde los ajustes en la tasa de cambio fueron marginales e incluso no se visibilizaban, en tanto no era justificado.
El presidente Ricardo Maduro (2002-2005), del Partido Nacional y expresidente del Banco Central en el Gobierno de Callejas Romero, no se atrevió a liberalizar el mercado cambiario y apostó por una autonomía plena del Banco Central, que podría desenchufar la medidas de política financiera y cambiaria de los objetivos y metas de desarrollo, sobre todo lo ligado a la Estrategia Nacional de Reducción de la Pobreza (2000-2015), instrumento de política pública para acceder a recursos de la condonación de la deuda externa.
El argumento de los librecambistas (llámense exportadores, especuladores y bancos), era que Honduras disponía de acceso a recursos de financiamiento y cooperación externa, precios en promedio favorables de los principales productos de exportación y se visualizaba un espacio en ascenso para el envío de remesas de hondureños en el exterior, por lo que un tipo de cambio flexible y sin control sería la mejor medicina, desconociendo que el sector exportador sigue concentrado en pocos productos primarios y enfrenta serios problemas estructurales como la baja tecnificación y productividad de la mano de obra, sumado a una creciente desigualdad económica.
A finales de los Gobiernos de Juan Orlando Hernández (JOH), después de un proceso de liberalización gradual del mercado cambiario que inició en febrero de 2017 y vigencia del Mercado Interbancario de Divisas (MID), el BCH dejó de intervenir en el mercado de divisas al eliminarse -prácticamente- el mecanismo de subasta de divisas, dejando en los agentes cambiarios (casas de cambio y bancos) su funcionamiento. Se podría decir que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estaba a punto de lograr el sueño de la liberalización del mercado cambiario total, acompañado de la autonomía plena del Banco Central de Honduras. El triunfo de Xiomara Castro (2022-2025) retomó dicho mecanismo y la autonomía plena del BCH quedó en espera.
Según el Gobierno “El BCH y el sistema financiero nacional cuentan con la experiencia suficiente en la operatividad de este mecanismo, el cual permite estabilizar el mercado cambiario, reduciendo presiones especulativas sobre el tipo de cambio, atendiendo la demanda de divisas de acuerdo con la estacionalidad de sus flujos y los ciclos de la actividad económica, a fin de mantener una política cambiaria en beneficio de todos los sectores de la economía y principalmente el pueblo hondureño” [3]
Las críticas no se hicieron esperar. Para el Gerente de Políticas Económicas del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), Santiago Herrera, es un mecanismo obsoleto. “Hay una priorización discrecional (del BCH) y no de mercado en la asignación de la divisa y eso es peligroso porque yo puedo usarlo para castigar a uno o para favorecer a otros, y eso no es mercado, no hay competencia”[4]. El criterio es que la asignación de recursos debe hacerse con base a requerimientos de mercado y no del Banco Central, sin valorar las imperfecciones de dicho mercado, donde destaca la presencia de grandes demandantes especuladores y el uso de las divisas para fines no productivos.
Igualmente, el expresidente del Banco Central, Wilfredo Cerrato, dice que “una sola ventanilla de venta del BCH hará que la incertidumbre sea mayor y, por ende, aumente el riesgo país y nos veamos afectados todos por el aumento del costo del dinero” (…) Manuel Bautista, expresidente del BCH, dice que el FMI recomendó volver al MID, el que estuvo vigente de febrero 2017 a marzo 2023, ya que la subasta de divisas no refleja la situación de mercado ni el tipo de cambio real. “Si el MID estaba funcionando y había problemas, el Banco Central estaba en la facultad de solventarlos” [5]. En el caso del FMI, el argumento de fondo es que la tasa de ajuste del lempira refleje los precios relativos de los bienes, pero también el costo del dinero al fijarse una Tasa de Política Monetaria (TPM) de acuerdo con la evolución de las tasas de interés de los socios comerciales.
El Gobierno de Xiomara Castro, contrario a lo que manda la prédica monetarista neoliberal, mantuvo la TPM baja en 2022 y 2023, un 3.0%; frente a los ajustes en los países de la región (incluyendo Nicaragua). Ello le permitió apoyar con recursos a sectores productivos, incluyendo la capitalización del Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (BANADESA), el denominado banco campesino. Era de esperar que esta política tendría un alto costo para la economía, cual fue el retiro de ahorros y capitales en moneda nacional para transformarlos en dólares y sacarlos del país, sumado a la pérdida de reservas, al mantenerse baja la paridad cambiaria y permitirse diversos grados de apreciación de la tasa de cambio. Frente a las presiones de agentes económicos y FMI, en agosto de 2024 se ajustó la TPM en un 100%, o sea de 3.0% a 4.0%, cerrando el año con un tasa de 5.75%.
Las críticas al BCH en el tema cambiario refieren a su incapacidad para cubrir la demanda de divisas en un 100%, poner límites al monto de divisas e introducir procedimientos engorrosos para la adjudicación de los dólares. Se suma la perdida de reservas internacionales y mayor endeudamiento para mantener el nivel mínimo de meses de importación del país y tipo de cambio. Con todo, el Gobierno cerró con una inflación de 4.23% en enero de 2026, Reservas Netas arriba de los 10.000 millones de dólares y más de 6.2 meses de cobertura de la demanda de importaciones, sumado a una depreciación de la moneda menor de 2 lempiras por dólar en cuatro (4) años.
Las nuevas autoridades del BCH aprobaron un plan gradual para eficientar el mercado de divisas, “enfocado, en su fase inicial, en impulsar el acceso a divisas sin generar volatilidad en el tipo de cambio, en respuesta a la evolución del mercado y las necesidades previstas de los sectores económicos para impulsar la inversión. (…) Este plan ha sido construido en el marco de la evaluación y revisión técnica del BCH del sistema de Subasta de Divisas que se ha venido implementando desde abril de 2023. En este sentido, este primer grupo de medidas están diseñadas para eliminar los excesos regulatorios mediante la simplificación de trámites y reducción de costos administrativos y operativos para los agentes cambiarios y económicos que participan en el proceso de asignación de divisas”. (Declaraciones de Roberto Lagos, presidente del BCH; 26-2-2026).
Entre las medidas tomadas y que están siendo socializadas por el BCH destacan las siguientes: a) Aumento en el límite de compra de las divisas de 50.000 dólares a 100.000 dólares sin documentación soporte; b) El compromiso del BCH por colocar al menos el 90% del promedio de divisas demandado en los últimos cinco días; c) Eliminación del envío de archivo en Excel detallado por cada postura y la obligación de publicar transacciones menores de 10.000 dólares; d) La eliminación de presentar el Formulario de Declaración Única Centroamericana (DUCA), para el pago de maquinaria e insumos, usando mejor una factura comercial; e) Mayores facilidades otorgadas a los agentes cambiarios para acceso a divisas, sea por la cancelación o pago de préstamos e intereses, Inversión Extranjera Directa y pago de dividendos y utilidades.
EL BCH espera que ello contribuya a eliminar lo que denomina “fricción operativa», o sea, restricciones institucionales burocráticas que frenan el libre desenvolvimiento de los agentes económicos y afectan el crecimiento económico. Sin embargo, podrían no visibilizarse ajustes en la tasa de cambio atribuidos a la normalización y flexibilización del mercado cambiario, que sumado al aumento de la inflación por causas externas (escalada de los precios del petróleo y renuncia del Gobierno a la mayor tajada por galón facturado) [6], impacte negativamente en el bolsillo de los hondureños y agregue un elemento recesivo a la economía por el encarecimiento de las importaciones.
El presidente del Banco Central, Jorge Lagos, no es muy favorable a una política de subsidios, tal como la ejecutó el Gobierno de Xiomara Castro, en tanto sostiene que falla porque llega a gran parte de la población que no lo necesita. Ello implica “filtración”, alimentada por otorgamiento de subsidios a activistas políticos y a quienes pueden pagar, lo cual genera un costo adicional a las finanzas públicas. Se asume que una correcta focalización será la solución, pero con un tipo de cambio flexible y choques externos con impactos negativos en los ingresos familiares, los programas de protección social pueden demandar la atención de un mayor número de población vulnerable, cuando se sabe de más población en riesgo de inseguridad alimentaria, pobreza y aquella que padece hambre.
Estas políticas del BCH denominadas de primera generación, o sea buscar ordenar el mercado cambiario eliminando trámites engorrosos y restricciones para el acceso de divisas, deberán dar cabida a otras de mayor plazo, donde el BCH intervenga menos o no lo haga, dejando que la oferta y demanda de divisas fijen el tipo de cambio, eliminándose las injerencias del Ejecutivo y los políticos al operar un BCH con plena autonomía y con base en criterios técnicos.
Es una apuesta que ya se hizo, donde JOH fue el que más se acercó a sus logros (liberalización del mercado cambiario y autonomía plena del BCH). Conviene evaluar los impactos negativos de esta mayor flexibilidad cambiaria anunciada, con un mercado con grandes imperfecciones [7]. El expresidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), Dante Mossi, aplaude las medidas, pero espera que se clarifique más el detalle de operación en el reglamento, ligándolas al Plan Monetario y Presupuesto General de Ingresos y Egresos, o sea, la presentación de un paquete completo que dé la visión orientadora de la política económica a ejecutarse, en el marco de la renovación del Convenio con el FMI próximo a vencerse, donde se volverá a la liberalización cambiaria ( enterrar la subasta de divisas por fin) y el cumplimiento del objetivo estratégico de lograr la autonomía del BCH, entre otras medidas de política o condicionalidades.
Notas:
[1] “El 20 de junio de 1994 el Banco Central de Honduras (BCH) puso en vigencia el Reglamento para la Negociación Pública de Divisas en el Mercado Cambiario, conforme a esta disposición el BCH y sus agentes cambiarios, compraran las divisas de acuerdo con el «Tipo de Cambio de Referencias del Mercado de Divisas» el cual se establece con el promedio ponderado de los precios de las propuestas aceptadas en cada subasta pública. Con las subastas de divisas se logró frenar el deslizamiento del lempira con respecto al US$ y tener un control más estricto sobre el manejo de los dólares que percibe el Estado”. Ver Ayuda Memoria SEFIN, 1994, pág. 1.
[2] En esa fecha, en el Gobierno de Porfirio Lobo Sosa (2010-2014), el Banco Central de Honduras mediante resolución 284-7-2011, decidió flexibilizar la banda cambiaria para permitir un mayor rango de depreciación de la moneda local.
[3] El Proceso Digital. HN. 10 de abril de 2023
[4] Ver el heraldo, 30-06-2023
[5] OP cit. el heraldo, 30-06-2023
[6] El 26 de enero de 2026 el precio del galón de gasolina superior fue de 99.64 lempiras, y del galón de gasolina regular de 90.53 lempiras; aumentando a 106.46 y 96.11 lempiras a partir de la semana del 2 de marzo de 2026. Igualmente, se observaron aumentos en el diésel, kerosene y gas vehicular. Aunque el precio del gas para consumo de los hogares sigue congelado en 238.13, se espera que ello cambie.
[7] El 27de enero de 2026, el tipo de cambio era de 26.4413 lempiras para la compra de un dólar y 26.5735 para la venta; el 4 de marzo el tipo de cambio fue de 26.5100 lempiras para la compra y 26.6426 para la venta. Es de esperar que este grado de depreciación aumente, aunque el BCH espere que se estabilice (pero a un ritmo mayor de depreciación) al eliminarse los picos o las devaluaciones abruptas.
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