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Perú

La potencialidad de la rebelión y la posibilidad de una crisis hegemónica

Fuentes: Rebelión

Necesitamos reformar nuestros sentidos y sentimientos de vida, reencontrarnos con nuestros propios fuegos y retomar la lucha más allá de los fuegos artificiales de las elecciones, volver a confiar en nuestra propia potencia y autogobernarnos a distancia del Estado, des-alienarnos y des-colonizarnos para caminar junto, no delante marcando línea, hombro con hombro con las rebeldías que siguen (re)emergiendo desde abajo y por abajo en toda Nuestra América.

Raúl Zibechi. El tiempo del despojo. Poder, trabajo y….

Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/309444320_El_tiempo_del_despojo_Poder_trabajo_y_territorio

DE LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA A LA PROHIBICIÓN DE MANIFESTARSE.

Después de seis meses de gobierno usurpador, sus objetivos están muy claros: 1. Profundizar el despojo extractivista a sangre y fuego, en particular en el sector minería e hidrocarburos, 2. Unificar a la derecha y sectores contaminados por el neoliberalismo de izquierda (Perú Libre, Juntos por el Perú, etc) con base en la impunidad, encubrimiento y permisividad para todas las mafias, el reparto del Estado y del presupuesto, 3. Prepararse para permanecer en el control del poder político indefinidamente. Conseguir una mínima estabilidad institucional, significa repartir beneficios y privilegios a todos los delincuentes políticos, incluso poniendo en riesgo la economía del país, considerando que la deuda externa llegó a los 100 mil millones de dólares.

En el Perú de hoy ya no se respeta ni la constitución neoliberal de 1993, no obstante ser una carta de legalización del despojo y saqueo del país. Es una verdadera guerra secular de aniquilamiento contra los pueblos indígenas, que culmina eliminando los escasos derechos políticos de los peruanos y en particular del hombre andino, de los pobres, de quienes se les quiere quitar la historia y la memoria. En lo económico ya lograron todo, gran parte del territorio está concesionado, las tierras y territorios comunales y en general bienes campesinos, ya han sido afectados y repartidos; todos los recursos y riquezas son de extranjeros o de la lumpen oligarquía; las vías de comunicación, infraestructura, aguas, espacio aéreo, mares no son de los peruanos. Se impone peruanizar el Perú, como quiso Mariátegui, aunque se tenga que enfrentar a las Fuerzas Armadas y policiales devenidas en antisoberanas, antipatrióticas y criminales. La dictadura viola los derechos civiles y políticos elementales, no se reconoce el voto andino y se les quiere impedir su derecho a expresarse. Pero además se entrega la soberanía al imperio. Por otro lado, esto puede ser un trabalenguas, este país vive más de tres décadas en lo «ilícito» desde las más altas esferas de la justicia, y nos referimos a acciones o conductas contrarias a la ley, es decir, que va en contra de las normas legales establecidas. De esta situación de ilegalidad estructural, en su actuar, las instituciones de la justicia con mucha naturalidad pasan a lo antijurídico, a cometer actos prohibidos o no permitidos por el ordenamiento jurídico, asumiendo conductas que están expresamente prohibidas por la ley. Ejemplo: el Consejo Nacional de la Magistratura fue cerrado por indicios de extrema corrupción, se eligió una Junta Nacional de Justicia (JNJ) politizada y también con probados elementos de corrupción, que eligió como fiscal a una persona asociada a los Cuellos Blancos y a narcotraficantes, que a su vez negocia con las impunidades y apresa a los supuestos enemigos de ese régimen corrupto -caso Castillo- cometiendo actos antijurídicos. Para conseguir la impunidad, la norma modifica el artículo 84 del Código Penal y el artículo 339 del Nuevo Código Procesal con la finalidad de reducir a un año el periodo de “suspensión de prescripción”. Traen abajo la no prescriptibilidad para favorecer a Cuellos Blancos, congresistas, gobernadores, funcionarios, todos corruptos. El plazo de prescripción es el periodo de tiempo que tiene el Estado para sancionar y juzgar un delito. Numerosos procesos quedarán inconclusos y obstruidos, favoreciendo la impunidad de los procesados. Y, luego, el podrido régimen, después de asesinar a cerca de 70 personas para crear terror entre la población andina que apoya a un presidente ilegalmente destituido y apresado, intenta cambiar la realidad y opta por la impunidad de los asesinos. Y, finalmente, cuando organismos internacionales le colocan límites al crimen, prohíben las manifestaciones, actuando otra vez contra la ley.

Este régimen ha sido denominado como mixto, parlamentario-presidencialista, hibrido, dictadura parlamentaria, autoritarismo cívico-militar, etc. En realidad, quien gobierna es la lumpen oligarquía muy vinculada a una derecha bruta y achorada a través de la mediación de la organización criminal fujimorista utilizando como instrumentos al Congreso (con su 6% de aprobación), a un ejército de magistrados (en los tribunales superiores de justicia: JNJ, TC, Ministerio Público), otro ejército de militares que monopolizan la fuerza, y un tercer ejército de funcionarios en las principales instituciones. Los mediadores con la sociedad civil es la «abogacía gubernamental» o «gobierno de abogados» que sirve para describir un sistema político o administrativo en el que los abogados desempeñan un papel predominante o son los encargados principales de la toma de decisiones. La otra mediación es la estratocracia, una forma de gobierno dominada por los militares que han consolidado una cultura autoritaria del mando-obediencia, del racismo institucional. Cuando quieren ocultar su criminalidad piden la intervención de un ejército extranjero que encaren los problemas de su gestión, que constituye una afrenta más a la abandonada Soberanía

En el otro lado de un viejo antagonismo, acaba de ocurrir el Tercer Encuentro de los líderes de la Macro Región Sur, realizado en La Convención-Cusco, los días 27-28 de mayo del presente año, que mostró que existe una gran conciencia política orientada a la autonomía y autodeterminación desde abajo. Pusieron mucho énfasis en las conocidas demandas de cierre del Congreso, llamado a la constituyente, restitución de Pedro Castillo. Enfatizaron en la defensa de los recursos naturales (gas, petróleo, litio, minerales), el combate al ecocidio minero y de otros extractivismos. En lo político, reivindicaron la unidad en la lucha, la libertad de sus presos políticos, la prevención ante la falsa izquierda. Denunciaron la criminalización de las luchas, el terruqueo, la contaminación del movimiento por el oportunismo electorero, rechazaron el injerencismo imperial y su interesado respaldo a la dictadura. En lo organizativo, remarcaron fortalecer la actual organización y pugnar por la recomposición de comités distritales, provinciales, regionales, enfatizando en la necesidad de convocar a todas las regiones del país. No faltó quien exigiese pasar a la lucha armada, pero otros señalaron que hoy no se puede declarar o aceptar una guerra militar, pero si potenciar la guerra política que incluya la organización de un ejército popular defensivo y que hacen falta muchas condiciones para pasar a otro nivel, cuando sea necesario y llegue el momento.  

LA IMPORTANCIA DE LOS CONCEPTOS

En nuestro anterior artículo señalábamos que la soberanía en democracia reside en el pueblo, lo que implica que el poder supremo emana de la voluntad popular y que el gobierno debe actuar como un representante del pueblo. En el Perú el gobierno es usurpador y dictatorial, la soberanía se concentra en el poder político y en las instituciones gubernamentales, el poder es ejercido por una autoridad centralizada, con capacidad última de tomar decisiones y ejercer el control sobre el territorio y su población. Lo más grave es que ese poder político está en manos de gentes asociadas a mafias, de la lumpen oligarquía, de narcotraficantes civiles y militares, de neoliberales conservadores, de un segmento de la nueva clase media plebeya que reniega y odia sus orígenes indígenas. Pero, además, ante la propuesta de una nueva rebelión para una nueva toma de Lima, se ha constituido el Comité nacional Unificado de Lucha del Perú (CONULP) donde para muchos luchadores los movimientos sociales deben mantener su autonomía y si los partidos contaminados quieren movilizarse lo hagan por carriles separados. Los intentos de infiltración de traficantes oportunistas de partidos traidores (Juntos Por el Perú, Perú Libre y otros) que solo tienen fines electoreros, sin ninguna duda, son un peligro y llevaran al fracaso de esta lucha. Volvamos a los conceptos.

No se trata de apropiarse de conceptos sin diferenciarlos y cuestionarlos, se puede hablar de republicanismo liberal y republicanismo comunista, de democracia neoliberal y democracia revolucionaria, de nación burguesa o de nación en formación o plurinacionalismo popular, de progresismo conservador y de progresismo neoliberal, de patriotismo simbólico antisoberano o patriotismo concreto y soberano, etc. los adjetivos son importantes, tanto que pueden definir proyectos de país. No podemos ceder en palabras que aún sirven para la emancipación, tampoco abandonar sin más teorías, ideologías o principios. Cuando el progresismo caviar o los políticos neoliberales dejan los adjetivos, también abandonan posiciones y encuentran ambiguas bases para reconciliar lo no conciliable. Un solo ejemplo nos sirve. Desde hace treinta años, las FFAA fueron nuevamente cuestionadas por haber desechado en la práctica un concepto clave para definir su naturaleza y razón de ser: la soberanía. Desde la práctica fueron modificando su subjetividad política, por sus vínculos con el narcotráfico, por la corrupción, por olvidarse de sus discursos oficiales y supuestas tradiciones: solidaridad, unidad, progreso, cuidado del territorio y respeto al patrimonio y cultura; cambiándolas por la defensa de las inversiones, por la subordinación técnica y subsidiaridad estratégica a las empresas o a un imperio como los Estados Unidos.

Decíamos, también, que en los últimos 40 años solo hubo una crisis política paradigmática en el año 2000, cuando las FFAA ante la coyuntura de caos político y el acontecimiento de una fulminante deslegitimación, decide aceptar el mando de los EEUU: En esa coyuntura coincidieron la derrota frente a Ecuador y la deslegitimación de las FFAA ( en ese entonces no se conocía la venta de Tiwinza por Fujimori), la acumulación de escándalos de corrupción; la ilegitimidad de la imposición de una segunda reelección, la impudicia de la venta de armas a las FARC provocando el griterío de la DEA-CIA y la pérdida de apoyo a Montesinos; las pugnas internas en el Frente 2000 que agrupaba a los neoliberales de derecha; las discrepancias entre Montesinos y Fujimori sobre los videos, pues ambos querían tenerlos: el primero para mantener sus armas de extorsión y el otro para eliminarlos y que no existan pruebas del delito; la oposición parlamentaria, ya que algunos congresistas querían deslindar responsabilidades, y, finalmente la marcha de los cuatro suyos, que expresaba la indignación del pueblo. En síntesis fueron múltiples causas, destacando las divisiones en el seno del gobierno, en el partido y en el Congreso; los excesos en la corrupción y en la economía ilegal y la intervención de los EEUU en ofrecer una salida al desgobierno, los tres elementos que definieron la opción por un gobierno de transición.

En la actual coyuntura la coalición en el poder -compuesta por arribistas, mediocres, miserables con diplomas y títulos fraguados- está internamente más o menos sólida, pero se va resquebrajando por la ilegitimidad de la usurpación del ejecutivo y del sistema judicial, aumentada con el genocidio, las denuncias de nepotismo y continuidad de la corrupción e impunidad, la evidencia de una negociación del litio y otros recursos a cambio del apoyo de los EEUU. En resumen, pareciera que estamos a punto de entrar en una crisis política y ello porque los pueblos ya distinguen e identifican a los seres y relaciones envilecidos por el neoliberalismo consumista e individualista y los repudian.

Hemos visto que la potencialidad o el proceso de crisis son parte consustancial del capitalismo colonial peruano expresada en el Estado, en el régimen político y ahora veremos si también se da en la hegemonía. Veamos. Somos parte y una faceta más del proceso de crisis sistémica, general, civilizatoria en la que se entrelazan las crisis social, económica, institucional, de integración nacional, ecológica y de la sostenibilidad medioambiental (destrucción de la Amazonía, miles de pasivos mineros, depredación pesquera, uso de transgénicos, minería de tajo abierto, etc.). Es un Estado, que históricamente no ha superado las exigencias y dificultades para construir una sociedad nacional, cohesionada, intercultural; nos preguntamos: ¿por qué ese proceso de crisis del Estado que afecta su capacidad de dominio, no termina en el hundimiento del Régimen?, ¿por qué la lumpen oligarquía escoge a una organización delincuencial (FP) como mediadora política?, ¿por qué no aparece una crisis orgánica del poder?, no será porque los intereses de las mayoritarias fuerzas populares transformadoras no amenazan la dominación?

Democracia y lucha de clases van unidas. La democracia es la lucha de clases para imponer la ciudadanía de los pobres, que el poder no les permite. En el Perú los de arriba aún siguen mandando y los de abajo no pueden imponer una ruptura política. Ello no significa aceptar la inevitabilidad del poder conservador y su gestión regresiva y autoritaria, pues existen dinámicas sociopolíticas y culturales de cambio. Frente a la resignación o la frustración ciudadana persisten energías sociales y expectativas de cambio.

Partamos aceptando que el Estado es la sociedad política, más sociedad civil y de que la hegemonía consiste precisamente en una praxis cuyo fin es sostener –como señala Joaquín Miras Albarrán- un ethos cultural determinado, que posibilita un vivir ordenado por un proyecto político, y que consolida así un sujeto comunitario de vida; o desarrollar un nuevo ethos, que va definiendo a un nuevo Sujeto Colectivo o Bloque social: un Estado u orden nuevo en ciernes. Ethos, cultura material de vida nueva que, cuando se desarrolla suficientemente, exige la creación de un nuevo conjunto de leyes escritas o nomos. –del estado como ethos o sociedad civil, al estado como sociedad civil, más sociedad política. La Hegemonía, que se elabora y crea en la Sociedad Civil y consiste en el esfuerzo por ir instaurando capilarmente otro proyecto común de cultura y vida cotidiana, cuando ha conseguido que la misma esté ordenada según una nueva cultura de vida y sus inherentes aspiraciones y necesidades, acarrea como consecuencia que el aparato político antiguo caiga y dé paso a uno nuevo, organizativamente distinto al anterior por ser funcional a la nueva cultura de vida.”[1]

El ethos quedó configurado en más de tres décadas en sujetos de la lumpen oligarquía y de una ambiciosa nueva clase media plebeya -que se une y desplaza de la política y consultorías a los llamados caviares, intelectuales hijos de oligarcas- fungiendo como abogados, altos funcionarios, congresistas, jefes militares (en particular ejército y policía), gobiernos regionales y locales, dirigentes políticos, magistrados, etc. tienen como denominador común una formación académica deficiente, una cultura autoritaria y legalista, ambición desaforada, expertos en cinismo y farsa. Con financiamiento empresarial llegan al Congreso y gobiernos, hasta pueden llegar a ser presidentes (desde Alan, Fujimori, PPK, Toledo, Humala, Vizcarra, Merino), la mayoría involucrados en financiamientos de campaña ilegales, en Lava Jato, en sobornos, contratos, nepotismo, tráfico de influencias y los menos con el narcotráfico. Todo un ejército neoliberal que termina siendo inescrupuloso saqueador del Estado. Este es el punto cuando ya no se distingue entre izquierda y derecha.

En el marxismo existen varias concepciones acerca del Estado, la más arraigada es la instrumentalista que dice que el Estado es un instrumento de la clase dominante, otra es la estructuralista para la que el Estado es una condensación de fuerzas sociales y factor de cohesión social, sigue cronológicamente la derivacionista, que hace emanar el Estado de la lógica del capital, momento del proceso de acumulación; una más sostendrá que del proceso político deviene la relación de dominación y así produce formas económicas derivadas, una dominación que en el capitalismo procede a través de abstracciones. La nuestra es una interpretación de Gramsci, quien entendía que el Estado no se entendía sin la sociedad civil. Y un concepto que nos ayuda a tener algunas respuestas a las preguntas antes hechas, es el de capitalismo político propuesto por el pensador político Samuel Schmidt. Quien afirma:

no se trata de una simple apropiación de dinero y recursos, sino que se convierte en capital e incide en la estructura socioeconómica, impactando la alineación de la clase dominante y en consecuencia la hegemonía. Por hegemonía, entiendo la capacidad de una fracción de la clase dominante para imponerle su proyecto a las demás fracciones y a la sociedad en general.

La corrupción deja de ser dinero para convertirse en capital cuando es la fuente de acumulación de capital, convirtiendo en empresarios (burgueses) a algunos políticos, sus familiares o sus amigos. [2]

Para este académico, las fuentes sociales son los nuevos burgueses, que con base en sus tareas políticas o administrativas desarrollan intereses económicos personales. Otra, son las personas externas al aparato político-administrativo del Estado, que gravitan alrededor del poder. Su capacidad de apropiación de capital se basa en el apoyo decidido, o hasta dependencia y codependencia del Estado. Una apreciación correcta, sin embargo, a la que agregaríamos, para el caso peruano, es aquella fracción de una nueva clase media ya mencionada.

Si seguimos con el razonamiento de Schmidt aplicado al caso peruano, las familias Fujimori, García, Kucsinsky, se convirtieron en grandes empresarios con acciones en empresas de la lumpen oligarquía; de estas familias Keiko es base política y económica elegida por la oligarquía para conseguir con el apoyo del Estado y los contactos heredados con funcionarios, magistrados, narcos, paraísos fiscales, empresas off shore, penetrar en diversos sectores de la economía como los narco almacenes LIMASA en el puerto del Callao o la Universidad Alas Peruanas (que se puede hacer extensivo a todos los puertos y casi todas las universidades privadas). La asociación de este capitalismo político con las oligarquías tiende a ser un factor inhibitorio del cambio social y político porque preservan el statu quo para aumentar sus ganancias económicas y políticas.

El Estado es una relación social siempre en movimiento fluido, que se teje en interacciones recíprocas en el conflicto, en cuya configuración participan las clases dominantes y la aceptación parcial de las subalternas. Se construye artificialmente como instrumento de dominio por medios políticos; surge y organiza de la contradictoria vida en común, de la vida pública, del ethos capitalista. En los países de capitalismo colonial, patriarcal y racista supone al mismo tiempo un proceso de negación de los pueblos indígenas y reconocimiento de algunos sectores medios y altos entre los dominados. Generalizando, es una relación del ethos capitalista colonial, entre voluntades que se hacen comunes, donde todos terminan imbuidos de la cultura burguesa, donde la dominación no es la anulación radical y absoluta de la voluntad del subordinado: necesita amortiguar el conflicto social con políticas sociales, la creación de organizaciones sociales, la definición de engañosas políticas de desarrollo, de lucha contra el terrorismo, la pobreza y la desigualdad, incluso la cínica falsa defensa de los derechos humanos, de la democracia, últimamente recurre a las ayudas, a las becas, al emprendedurismo o la complicidad de las ONG. Un elemento subjetivo fundamental y de la mayor importancia es la imposición de una ideología neoliberal que conquistó un espacio creciente hasta dominar ampliamente el pensamiento económico, político, educativo y en menor medida la cultura. Está profundamente enraizada en políticos formados en universidades norteamericanas o por las agencias y fundaciones imperiales, trasmitidas por los formadores mediáticos de opinión, con asesorías y consultorías externas y en una aplastante mayoría de líderes políticos y académicos; tiene vigencia en las universidades, en las principales revistas económicas y en los grandes mass media. Sin embargo, cada vez, les resulta más difícil afirmar que se debe confiar ciegamente en la capacidad de autorregulación de los mercados, de la dependencia de la inversión privada, las exoneraciones y devoluciones de impuestos; y cada vez se cree menos en el discurso del chorreo de parte de los propietarios de grandes empresas privadas y de quienes manejan los mercados financieros; sin embargo, su razonamiento no ha cambiado en lo fundamental. La ideología neoliberal, que no es más que la visión capitalista del mundo, ocupa un lugar fundamental. Por ejemplo, muchos viven convencidos de las bondades de la inversión público-privada, de la importancia de las divisas, de la necesidad de las regalías y del canon, Toussaint explica como dividen la economía las agencias imperiales:

El sector público debe asegurar el desarrollo planificado de una infraestructura adecuada: ferrocarril, carreteras, centrales eléctricas, instalaciones portuarias y medios de comunicación en general. Al sector privado le corresponde la agricultura, la industria, el comercio y los servicios personales y financieros, puesto que se da por sentado que en todos estos ámbitos la iniciativa privada obtiene mejores resultados que el sector público.  En realidad, hay que ceder al sector privado todo lo que puede producir un beneficio. En cambio, las infraestructuras son actividades del sector público porque la cuestión es socializar los costes, en beneficio del sector privado. En resumen, El Banco Mundial recomienda la privatización de los beneficios, combinada con la socialización de los costes de lo que no es directamente rentable.[3]

Estas políticas hegemonistas Irrumpen en el mundo luego de una ola de regímenes anticoloniales, nacionalistas burgueses que seguían políticas populares (Nasser en Egipto, Nehru en la India, Perón en Argentina, Goulart en Brasil, Sukarno en Indonesia, Nkrumah en Ghana, etc.) y de gobiernos con orientación explícitamente socialista (Cuba, China popular). En este marco, los proyectos del Banco Mundial tenían un fuerte contenido político: poner un dique al desarrollo de movimientos que cuestionasen la dominación ejercida por las grandes potencias capitalistas. De este modo, en el Estado del capitalismo colonial, la hegemonía es una interacción recíproca, un proceso político, conflictivo, dinámico, en el que los términos de la ley que, explícita o implícitamente, sostiene a todo ordenamiento humano y los límites de la obediencia y desobediencia están en continuo conflicto y renegociación. Así podemos entender como el pensamiento colonial, el patriarcalismo, el racismo, el individualismo, consumismo, el pensamiento neoliberal y otras ideas conservadoras van haciendo parte de todos; de este modo, erradicar estas taras requiere de construir un nuevo ethos, una nueva cultura y existen bases históricas comunitarias para hacerlo. Sin embargo, es consecuencia de un proceso conflictivo, dinámico, en el que se crea y recrea un orden normativo que vincula a dominadores y dominados y que, unificándolos, mantiene la fragmentación interna de la sociedad capitalista cohesionada. La relación estatal, sin la cual la dominación del capital no podría realizarse, o a la inversa la dominación que sin el Estado no podría impulsar el capitalismo, transita por la hegemonía, la legitimidad, el mando político. Pasa por el mando conforme a la ley. La relación política de mando-obediencia requiere de la conformidad de los gobernados para obedecer las leyes y para acatar voluntariamente el mando. Requiere de la creencia en la validez de un orden, lo cual supone, a su vez, la existencia de un código ético colectivamente aceptado. Esa hegemonía es la que se esta rompiendo debido a una mayor desigualdad y a la expansión de la rebelión a pesar de sus limitaciones.

El Estado es en realidad un proceso inestable, nunca fijo o en la inercia, esa es parte de su tragedia constitutiva, pues expresa el permanente intento de unificar la sociedad, de suspender el conflicto, de institucionalizar y domesticar la política, mientras que las potencialidades de cambio abren grietas y crean un nuevo ethos de recambio, de tal manera que condiciona el régimen político.

Notas:

[1] Joaquín Miras Albarrán, Gramsci para estos tiempos, Rebelión 2013

[2] Samuel Schmidt, Capitalismo político [Political Capitalism], Metapolítica 51. file:///Volumes/ADATA%20HV300/METAPOLI_TICA_51.pdf

[3] Eric Toussaint, Las falacias teóricas del Banco Mundial, 23 de junio por  http://www.cadtm.org/Las-ideas-del-Banco-en-materia-de

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