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Más de 600.000 personas fueron asesinadas en una de las tragedias más sangrientas del Siglo XX

Las víctimas de la «purga» de Indonesia exigen justicia

Fuentes: NPR

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El muro del silencio en Indonesia en relación con una de las peores atrocidades del Siglo XX comienza a desmoronarse. Un próximo informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Indonesia calcula que una purga de presuntos comunistas a mediados de los años sesenta mató entre 600.000 y un millón de personas.

La violencia cambió el paisaje político de Indonesia y afectó al curso de la Guerra Fría, mientras EE.UU. aumentaba su lucha contra el comunismo en el Sudeste Asiático.

«Concluimos que ha habido brutales violaciones de los derechos humanos que se pueden calificar de crímenes contra la humanidad», dice Yosep Adi Prasetyo, vicepresidente de la comisión.

Dice que el informe culpa directamente al dictador militar Suharto de Indonesia, quien murió hace cuatro años.

«Establecimos que los militares y la policía estuvieron involucrados en las matanzas, así como en las desapariciones forzadas, violaciones, desplazamiento obligado de personas, torturas y otros crímenes», dice Prasetyo.

Suharto, entonces general del ejército indonesio, derrocó a Sukarno, el reverenciado líder de la independencia y primer presidente del país, después del secuestro y asesinato de altos generales indonesios el 30 de septiembre de 1965.

Suharto culpó de esos asesinatos al Partido Comunista Indonesio, entonces el más grande del mundo no comunista. Suharto también hizo sospechoso a Sukarno de complicidad en los asesinatos, que los perpetradores dijeron que estaban dirigidos a impedir que los generales lanzaran un intento de golpe contra el presidente. Los militares, bajo Suharto, ordenaron que se persiguiera a los comunistas.

Los sobrevivientes luchan para limpiar su reputación

En el centro de Yakarta, un puñado de sobrevivientes viven juntos en un asilo de ancianos. Cada semana se reúnen frente al Palacio Presidencial para exigir justicia.

Cuando ocurrió la purga, Bujiati, que solo usa un nombre, era jefa de aldea en los suburbios rurales de Yakarta. Anteriormente había trabajado como obrera para Unilever, la firma anglo-holandesa de bienes de consumo.

«Si uno era diligente y trabajaba duro, la gente lo acusaba de ser comunista», recuerda. Bujiati, que ahora tiene 86 años, sobrevivió seis años en una prisión, y después en una sala de hospital para pacientes mentales y una colonia de leprosos.

Tumiso Nitikarjita Lukas era entonces estudiante de cuarto año de derecho. Como muchos jóvenes de su edad, apoyaba a Sukarno. Por eso fue arrestado y torturado. Pero se negó a admitir que era comunista porque dice que no lo era.

«El gobierno debe admitir los actos de barbarie que cometió contra sus ciudadanos y asegurar su rehabilitación y compensación», dice. «Todavía estamos esperando. Nuestras demandas no son las que transmiten en las noticias. Son simples».

Después de su arresto, Tumiso fue relegado a una isla remota donde plantó arroz, construyó carreteras y desbrozó bosques hasta su liberación en 1979. Después trabajó secretamente como tutor. Todavía impiden que las personas afectadas por las campañas anticomunistas trabajen como maestros o funcionarios públicos y en una de las profesiones más respetadas de Indonesia: profesores del arte de las marionetas.

Tumiso piensa que las autoridades indonesias querían que confesara que era comunista a fin de obtener ayuda del gobierno de EE.UU. Entonces, el gobierno de EE.UU. apoyaba abiertamente a Suharto. Temía que Indonesia, con sus grandes reservas de petróleo, gran población y ubicación estratégica, era la próxima «ficha de dominó» que podía caer en manos del comunismo global.

«El fin de Sukarno fue de gran importancia en términos de la Guerra Fría para las potencias occidentales», dice Katharine McGregor, experta en historia indonesia en la Universidad de Melbourne, Australia». Y por ese motivo, la gente veía las cosas en términos de blanco y negro como ‘solo están matando comunistas’, no hubo muchas protestas en el mundo occidental.»

Hace tiempo que se especula con que la CIA ayudó a la purga anticomunista, pero no hay pruebas. McGregor señala, sin embargo, que existe una evidencia de apoyo del gobierno de EE.UU. para la rebelión contra Sukarno de los oficiales disidentes del ejército en las islas externas de Indonesia en 1958.

En particular, fuerzas indonesias derribaron un bombardero B-26 sobre territorio indonesio y capturaron a su piloto, el estadounidense Allen L. Pope de 29 años, con documentos que lo vinculaban a la CIA. Indonesia sentenció a Pope a la muerte pero después lo devolvió a EE.UU.

Muchos oponentes a la investigación

La purga anticomunista de 1965 eliminó efectivamente a la izquierda política de Indonesia. En las tres décadas de régimen autoritario de Suharto que siguieron, Indonesia fue un país pro occidental, pro empresarial, sin grupos independientes por los derechos de las mujeres, sindicatos efectivos y otras instituciones de la sociedad civil, y pocos canales que permiten que los ciudadanos participen en política.

Incluso en la actualidad, los esfuerzos como los de la comisión de derechos humanos para revisar la matanza de comunistas se enfrenta a la oposición de personas como Tribowo Soebiandono, vicejefe de un grupo de miembros de familias militares.

«Creemos que debemos mantener la vigilancia contra la amenaza del comunismo», dice en la oficina de su grupo. «Este país está al borde del colapso. Honestamente, la corrupción es desenfrenada. No quiero acusar a nadie, pero podemos imaginarlo nosotros mismos».

Los grupos islámicos de la tendencia dominante también han protestado contra el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y se oponen a cualquier revisión de las matanzas. El estudio de la comisión dice que entonces los militares movilizaron a miembros de esos grupos para que ayudaran a matar comunistas. Los grupos islámicos y los comunistas estaban en desacuerdo sobre la ideología y sobre las grandes propiedades rurales del establishment islámico, que eran objetivo de las reformas agrarias de los comunistas.

Un problema de justicia

Es demasiado pronto para decir si se juzgará a alguien por las matanzas o si las víctimas o sus familias recibirán alguna compensación.

Yosep Adi Prasetyo de la Comisión de Derechos Humanos dice que el mandato de la comisión era simplemente de investigar y que ya le fue bastante difícil hacer exactamente eso.

«Va a ser difícil, porque el suegro del presidente es uno de los perpetradores que deben rendir cuentas por la masacre y otros crímenes», dice.

El suegro del actual presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, fue un general que jugó una parte importante en la campaña de erradicación de comunistas. El propio general calculó que la purga mató a cerca de 2 millones de personas.

Indonesia se menciona a veces como ejemplo de una de las transiciones más exitosas de un Estado autoritario a la democracia en Asia. Myanmar, por ejemplo, mira hacia Indonesia mientras inicia su propia transición.

Las víctimas dicen que tienen una preocupación fundamental: que su país aprenda de sus errores y evite repetir este horrendo episodio en el futuro, aparte de que alguien tenga que rendir cuenta por sus crímenes, o que las víctimas obtengan justicia.

Fuente: http://www.npr.org/2012/04/09/150149910/exposing-indonesias-cold-war-communist-purge

rCR