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Los húngaros piden perdón por la violencia racista contra los gitanos

Fuentes: Efe

Unas 2.000 personas procedentes de toda Hungría pidieron, este martes, perdón a los gitanos «por no haberles aceptado desde hace 500 años» durante el entierro de un padre y su hijo de cinco años, asesinados la semana pasada en un acto de violencia racista que conmovió a todo el país. Las dos víctimas fueron enterradas […]

Unas 2.000 personas procedentes de toda Hungría pidieron, este martes, perdón a los gitanos «por no haberles aceptado desde hace 500 años» durante el entierro de un padre y su hijo de cinco años, asesinados la semana pasada en un acto de violencia racista que conmovió a todo el país.

Las dos víctimas fueron enterradas en Tatárszentgyörgy y el pastor que dirigió la ceremonia fúnebre, Gábor Iványi, dijo que «aquí estamos y pedimos perdón a la familia y a los gitanos por no haberles aceptado desde hace 500 años».

Róbert Csorba, de 27 años, y su hijo Robert, de cinco, fueron asesinados por unos individuos que previamente les atacaron y quemaron la chabola donde vivían en la aldea de Tatárszentgyörgy, un hecho que se suma a la cadena de violencia desatada contra esta etnia en los últimos meses.

En el entierro participaron miembros de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, así como de numerosas organizaciones sociales, culturales y otros personajes de la vida pública magiar.

La ceremonia de hoy se convirtió, al mismo tiempo, en una manifestación contra la violencia y transcurrió sin incidentes, gracias también a la vigilancia de decenas de personal voluntario.

El pequeño cementerio de la aldea de casi 2.000 habitantes estaba a rebosar y apenas pudo dar cabida a otros dos miles asistentes a la ceremonia, que se desarrolló según las costumbres gitanas. Los ataúdes fueron enterrados al son de los violines que tocaba la Orquesta Gitana de Cien Miembros, de renombre internacional.

Hasta el momento, poco se sabe de los autores del crimen, pese a que el capitán general de la policía húngara, József Bencze, aseguró que su departamento estaba «cerca de encontrar los delincuentes».

Éste fue el último incidente en una espiral de violencia contra los gitanos que vive el país en los últimos meses y que ya ha causado la muerte de, al menos, otros cuatro romíes. A raíz de esta escalada de la violencia, el primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsány, ha propuesto modificar la Constitución del país para penalizar los insultos racistas.

El pasado fin de semana, el presidente de la República, el independiente László Sólyóm, hizo un llamamiento de respeto mutuo a a la población del país y pidió a los actores sociales que no se formen opiniones hasta que se aclaren los detalles de los crímenes cometidos. Sólyom resaltó que «los gitanos forman parte de la nación» y pidió tanto a la sociedad mayoritaria como a los romíes que participen en el proceso de integración.

La aldea ha sido escenario de un provocador desfile de la Guardia Húngara, organización radical de extrema derecha que pretende «limpiar» la vida pública de lo que califican como el «crimen gitano».

Ante los repetidos incidentes con esta etnia, el Consejo de Europa criticó a Hungría en un reciente documento por el brusco aumento del racismo en el discurso público.