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Referéndum sobre el Tratado de Lisboa

Los irlandeses deciden el futuro de la UE con la crisis económica en mente

Fuentes: Gara

Si con la votación sobre el Tratado de Lisboa Irlanda decide el futuro de la Unión Europea, no lo hace desde la visión europeísta sino desde la oscuridad de la crisis económica interna. Los votantes irlandeses acudieron a las urnas en este segundo referéndum con más resignación que emoción, en un día en el que hasta los medios lo relegaban en sus titulares. La votación se espera tan ajustada e impredecible que nadie se atreve a especular con el posible resultado.

Alrededor de tres millones de votantes irlandeses protagonizaron ayer la segunda votación del referéndum sobre el Tratado de Lisboa un año después de que mostraran su rechazo a este documento. Los colegios electorales permanecieron abiertos desde las 7.00 hasta las 22.00, aunque el resultado oficial de la votación no se espera hasta el mediodía de hoy, ya que el recuento manual de votos no se inicia hasta las nueve de la mañana de hoy.

Así las cosas, muchas de las claves de hace un año se repiten: protagonistas, argumentos, texto… Incluso parece que los índices de participación serán similares. Pero lo que verdaderamente se echa en falta en este segundo referéndum es la pasión, interés y debate que se vivió en el primero. Los votantes están aburridos ya de la repetición de argumentos, de las dificultades económicas, de las huelgas y protestas en todos los sectores -en los dos últimos días les ha tocado el turno a los taxistas, que han mantenido bloqueado el centro de Dublín durante más de 35 horas- y de de los escándalos de corrupción que copan los principales titulares, relegando la consulta a un tercer o cuarto lugar.

Por supuesto, los líderes políticos acudieron a las urnas. La primera en hacerlo fue la presidenta irlandesa, Mary McAleese, en un colegio electoral situado cerca de su residencia oficial. El primer ministro, Brian Cowen, votó en compañía de su esposa en el condado de Offaly, de donde es originario, mientras que el líder de Fine Gael, el principal partido en la oposición, Enda Kenny, hizo lo propio en Castlebar, en el condado de Mayo. El líder laborista votó en Shankill, en el sur de Dublín.

Los presidentes de las mesas electorales coincidieron al admitir que a los votantes les estaba costando llegar a las urnas. Incluso el tiempo parecía haberse aliado contra el referéndum, ya que la lluvia hizo su aparición tras unas semanas de tiempo soleado. Como anécdota, muchos votantes tiraron a la basura su tarjeta electoral creyendo que era propaganda, ya que se había integrado en un folleto explicativo sobre el Tratado de Lisboa. Al final, pudieron ejercer su derecho al voto presentando su identificación.

Al cierre de la edición, los índices de participación en la capital irlandesa, Dublín, y en la segunda ciudad de la República, Cork, eran mayores que en la anterior jornada electoral, mientras que en el resto del estado los votantes se lo tomaron con calma, con los colegios electorales de Kildare, Meath, Louth y Wicklow a la espera de un mayor número de votantes a partir de las siete de la tarde, cuando los residentes vuelven de sus puestos de trabajo en la capital u otras zonas urbanas, tal y como ocurrió en Galway. En el sur del Estado, los colegios electorales informaron que alrededor de un 30% había votado para las seis de la tarde. Los medios de comunicación y analistas políticos auguraban una participación similar a la del primer referéndum, de más de un 53%.

http://www.gara.net/paperezkoa/20091003/159737/es/Los-irlandeses-deciden-futuro-UE-crisis-economica-mente