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Se acerca el fin del mandato de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití

MINUSTAH en el corazón de los debates

Fuentes: AlterPresse

«¿Se debe prorrogar o no el mandato de la ONU? En caso afirmativo, por cuánto tiempo: ¿seis meses, un año, cinco años, diez años? Si no, ¿qué hacer?»

Ésas son algunas preguntas objeto de debate en el seno de la sociedad haitiana, al acercarse el fin del mandato de esta misión de la ONU previsto para el 15 de febrero de 2007.

Algunos reclaman la salida inmediata de la MINUSTAH, integrada por 7.200 cascos azules (6.600 militares aproximadamente, un poco más de 1.700 policías) y un centenar de civiles. Dicho reclamo se basa en el hecho de considerar la Misión de las Naciones Unidas como «inútil» y, además, «demasiado costosa» para el país.

Otros, sobre todo los miembros del Gobierno actual, piden la prolongación del mandato de esta fuerza multinacional que consideran como «necesaria» en la lucha contra los bandidos y las bandas armadas que siembran el luto en las familias haitianas desde hace más de dos años.

Este debate invita a analizar la situación actual del país en el plano de la seguridad, a la luz de las operaciones militares intensivas llevadas a cabo por la MINUSTAH durante los dos últimos meses y en el contexto de la expiración del periodo de su mandato fijada desde el 15 de agosto de 2006, por la Resolución 1702 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La situación actual del país en el plano de la seguridad

El año 2006 se terminó con una ola fuerte de secuestros, afectando en particular a los alumnos. Ciudadanas, ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil, en particular, los estudiantes de distintos establecimientos escolares y universitarios, desencadenaron un movimiento de protesta para exigir al Gobierno haitiano que renuncie a negociar con los bandidos y tome, por el contrario, medidas enérgicas contra ellos. También pidieron el retiro de la MINUSTAH que, según ellos, «no hace nada» para ayudar a la población a hacer frente al clima de inseguridad.

Al principio de este año 2007, la inseguridad bajó considerablemente en el país. Ella había cobrado a 129 víctimas (de los cuales 64 casos de personas secuestradas) en diciembre de 2006, mientras que en enero de 2007 se registraron 41 víctimas (de las cuales 39 personas secuestradas). Los habitantes de la Capital haitiana han comenzado a gozar de una paz relativa, a pesar de algunos casos de violencia, de secuestros y de un recrudecimiento progresivo de la inseguridad observados en algunos barrios. Algunas zonas de la Capital aún son controladas por grupos armados, como por ejemplo «Lame Timanchèt» («Ejército de pequeños machetes» y «Baz Pilat» («Base Pilate»).

Las operaciones militares intensivas de la MINUSTAH

Mientras tanto, la MINUSTAH y la Policía Nacional de Haití (PNH) han estado llevando a cabo conjuntamente operaciones militares en zonas de «no derecho» ubicadas en Puerto Príncipe, desde finales de diciembre del 2006. La MINUSTAH anunció recientemente que iba a aumentar la frecuencia de sus operaciones en barrios peligrosos, tales como Martissant (al sur), Cité Soleil (al norte), con el objetivo de neutralizar a los bandidos.

La primera de esas operaciones fue realizada el 22 de diciembre de 2006 en Bois-Neuf, un barrio de Cité Soleil. En esa ocasión, las tropas intervinieron de manera espectacular «para recuperar uno de sus vehículos blindados del que se había apoderado, la víspera, una banda armada que operaba en dicha localidad».

Ese tipo de intervención siguió en todo el transcurso del mes de enero de 2007. Por ejemplo, el 24 de enero, 250 soldados de la MINUSTAH y 20 blindados entraron en Boston, otro barrio de Cité Soleil, «para tomar el control del Edificio azul», casa que servía de base a bandidos armados.

Sin embargo, ciudadanas, ciudadanos y sectores de la sociedad haitiana han denunciado esas operaciones que, según ellos, se realizan «sin discernimiento» y cobran víctimas civiles que no tienen nada que ver con los bandidos y bandas armadas. Algunos casos de ancianos, niños e incluso de bebés seriamente heridos y aun asesinados fueron señalados.

¿Y por qué ahora?

A finales del año 2006, concretamente durante el mes de noviembre y durante las tres primeras semanas de diciembre, los bandidos armados habían tomado prácticamente el control de la Capital haitiana, a vistas y sabiendas de la MINUSTAH, de las autoridades gubernamentales y del Estado. Las familias haitianas lloraban a sus víctimas.

La sociedad entera se sentía abandonada a sí misma. A pesar de eso, la MINUSTAH no había dado respuestas proporcionales a esa situación.

Mucha gente se pregunta: ¿por qué la MINUSTAH se determinó sólo recientemente, cuando se acerca el fin de su mandato, a hacer intervenciones militares intensivas y, en cierta medida, «desproporcionadas»?

Ciudadanas y ciudadanos califican de «oportunistas» estas intervenciones militares de la MINUSTAH que, según ellos, no se preocuparía realmente por dar seguridad a la población, sino por obtener la prórroga de su mandato.

Entre la voluntad de mantener el país dependiente y la incapacidad de los dirigentes para gobernar

Más allá de las dudas, las críticas y los sentimientos de malestar expresados por una gran parte de la sociedad haitiana al respecto de la MINUSTAH, conviene plantear estas preguntas que aún permanecen sin respuesta:

¿Se va a crear la Gendarmería Nacional o a removilizarse las Fuerzas Armadas de Haití? ¿Cuáles son las disposiciones y medidas que se van a tomar para establecer una presencia de fuerzas haitianas del orden que esté a la altura de los retos planteados por la situación actual?

¿Por cuánto tiempo la MINUSTAH se quedará en el país? ¿Cuándo la Comunidad internacional comenzará a programar el retiro de la misión de la ONU en Haití?

Por una parte, las autoridades del gobierno y el Estado haitianos deben tomar decisiones fundamentales para asumir y garantizar la seguridad de la vida y los bienes de las ciudadanas y ciudadanos.

Por otra parte, la Comunidad internacional enfrenta el reto de «acompañar al Estado haitiano» y de ayudarlo a asumir y a solucionar los problemas (entre los cuales la inseguridad) que aquejan al país, pero respetando al mismo tiempo la soberanía de este Estado y la autodeterminación del pueblo haitiano.

El pueblo haitiano se siente cada vez más desgarrado entre una cierta incapacidad de sus dirigentes para gobernar y la voluntad de algunos países y organismos de la Comunidad internacional de mantenerlo dependiente, mientras que la opinión pública no está aún informada de las reflexiones e iniciativas orientadas hacia una salida autónoma de esta situación.