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Entrevista al sociólogo Marcos Roitman, autor de “Por la razón o la fuerza. Historia y memoria de los golpes de Estado en América Latina” (Siglo XXI)

«No hay golpes de Estado sin una trama cívico-militar, otra cosa es el lugar que ocupen las fuerzas armadas»

Fuentes: Rebelión

Entre los procesos de independencia en América Latina y mediados los años 80 del siglo pasado, un estudio del politólogo Gustavo Ernesto Emmerich sobre 21 estados concluye que el 45% de los gobernantes fueron militares, el 38% civiles y el 16,8% cívico-militares. En 1948 Latinoamérica concentraba 360.000 militantes de partidos comunistas, cifra que se redujo […]

Entre los procesos de independencia en América Latina y mediados los años 80 del siglo pasado, un estudio del politólogo Gustavo Ernesto Emmerich sobre 21 estados concluye que el 45% de los gobernantes fueron militares, el 38% civiles y el 16,8% cívico-militares. En 1948 Latinoamérica concentraba 360.000 militantes de partidos comunistas, cifra que se redujo a 200.000 una década después, según detalla el investigador Joan Garcés en el libro «Soberanos e intervenidos».  

El sociólogo, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y articulista del periódico La Jornada de México, Marcos Roitman (Santiago de Chile, 1955), recoge estos balances en el libro «Por la razón o la fuerza. Historia y memoria de los golpes de Estado, dictaduras y resistencias en América Latina» (Siglo XXI, 2019), en el que analiza las estrategias golpistas en la región desde el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, con la participación decisiva de la CIA, en junio de 1954; y el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, en 1973, hasta la autoproclamación de Juan Guaidó en Venezuela como «presidente encargado», con el apoyo de Estados Unidos y sus aliados. «Hoy las técnicas son mucho más refinadas, sibilinas; se ejecutan desde los despachos de los poderes industriales y financieros, con la connivencia de jueces, policía e instituciones ajenas a las urnas», afirma.

-En el periódico La Jornada de México has escrito en los últimos meses diferentes artículos sobre Venezuela: «La dignidad de América Latina se juega en Venezuela»; «Golpe de Estado híbrido y asimétrico contra Venezuela» o «La Internacional Socialista en AL y Venezuela». ¿Consideras que se puede dar el golpe por fracasado? ¿Por qué razón?

Venezuela es el mejor ejemplo de la realidad latinoamericana desde la independencia. La lucha entre el proyecto emancipador y democrático de las clases trabajadoras contra el imperialismo con todo su arsenal ideológico, político, militar y hoy cibernético. En esta línea está la revolución cubana que vive asediada por los Estados Unidos y sus aliados regionales, la OEA, además de la Unión Europea y los países occidentales. Han intentado todo desde el magnicidio, la invasión, el asedio, el bloqueo económico y político, pero no han conseguido doblegar la voluntad de un pueblo que lucha por su independencia. Pero Venezuela posee petróleo y además representa un corta-fuegos a la dominación sin contrapesos de Estados Unidos en la región.

-«Brasil es hoy un ejemplo para comprender el ascenso de Hitler, mediante su par, Jair Bolsonaro», escribiste en La Jornada. El exmilitar y político de extrema derecha ganó las elecciones presidenciales en la primera vuelta (octubre de 2018) con 49,2 millones de votos (46%); pero a los cien días de gobierno, las agencias y medios internacionales utilizan -a partir de los resultados de los sondeos- términos como «hundimiento», «caída en picado» o «desplome» de la popularidad. ¿Qué explicación puede aportar la Sociología?

Una sociedad despolitizada donde la desideologización ha sido el punto de llegada del neoliberalismo conlleva una trasformación en las formas de pensar y de actuar. La política se redefine en la lógica del mercado y en su interior solo priman consumidores guiados por emociones, instintos y sentimientos. El miedo hace el resto. La política ha perdido su papel de construcción de ciudadanía. Ha sido un proceso lento pero eficaz. El sentido de un gobierno fuerte que garantice la seguridad bajo un discurso represor de orden y control social se impone frente a una perspectiva democrática y participativa. Se cambia seguridad por democracia y libertad.

En eso solventa la nueva derecha totalitaria su discurso para imponer un totalitarismo invertido, desmovilizador y sin organización que le respalde. Son los movimientos sociales de corte reaccionario los impulsores de este nuevo orden bajo una ideología conservadora. De allí la importancia de las sectas protestantes, del llamado a dios, la patria y la familia. Ser o no popular no supone no contar con los grupos económicos y el apoyo internacional cuando se trata de impedir un proyecto democrático. Así, Bolsonaro es un excelente aliado de Trump contra Venezuela y es aupado como un baluarte del orden occidental.

-El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, ha afirmado en el canal ruso RT que el actual mandatario, Lenin Moreno, vendió a Julián Assange a los Estados Unidos desde el primer día». En el libro «Por la razón o la fuerza» afirmas que con el actual presidente «las bases militares norteamericanas, cuestionadas durante el Gobierno de Correa, vuelven a territorio ecuatoriano». ¿Consideras que se ha producido en Ecuador un golpe de Estado «blando»?

No creo que se pueda equiparar con un golpe «blando», en tanto es el propio presidente Lenin Moreno a voluntad quien cambia de rumbo, no son fuerzas reaccionarias que buscan doblegar la voluntad popular. Es sin ambages una traición al proyecto levantado por Alianza PAIS y desde luego una entrega de Ecuador a las trasnacionales, tanto como su reinserción en la política de seguridad hemisférica levantada por Estados Unidos, de allí el regreso de las bases militares. En toda regla una involución política de alcance regional, por lo que significaba el proyecto de Ciudadanía plena articulado en la Constitución.

-Sobre el conflicto de Nicaragua, el profesor de Relaciones Internacionales y exembajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora, afirma en una entrevista de Salvador López Arnal en El Viejo Topo (Noviembre 2018): «La realidad es que la derecha dura es la que más se ha beneficiado de esta desgraciada situación, y los pobres han sido las grandes víctimas, como suele pasar». ¿Estás de acuerdo?

En política no hay circunstancias desgraciadas, hay decisiones que tienen responsables y sus ejecutores deben asumir las consecuencias. Hoy, existe un gobierno represor, amparado en una historia que ya no le pertenece. Señalar la dupla Ortega-Murillo como heredera de la tradición de luchas democráticas al FSLN es al menos una falta de respeto. Hoy la mayoría de comandantes históricos están en la oposición y pidiendo la dimisión del gobierno autocrático de Ortega-Murillo.

Citaré sólo a Mónica Baltodano, una de las grandes mujeres que articuló en frente interno en etapa de la lucha contra Somoza, considerada heroína nacional. Tomó y liberó Jinotepe y Granada. Ha escrito y recopilado toda la historia de la revolución sandinista en cuatro volúmenes, la mejor recopilación realizada sobre Nicaragua. Hoy está detenida. El poeta Ernesto Cardenal, también sandinista es silenciado y acusado de pro imperialista. Me parece un desatino. Así sucede con cualquier opositor. Es cierto que la derecha también tiene sus planes y sus objetivos, pero Ortega no es su enemigo, es como mucho un socio indeseable. Recordemos que el gobierno que más ayuda exterior de Estados Unidos ha recibido es el de Daniel Ortega…Será cosa de pensar.

-Por otro lado, destacas en el libro la importancia de las mujeres en el contexto de la represión y resistencia a las dictaduras de los años 70. ¿Podrías citar y explicar algunos ejemplos?

En una sociedad patriarcal los roles están muy definidos. Las mujeres rompieron con dicho patrón, ya lo habían hecho en las luchas por la independencia y desde luego durante estos dos siglos. Sin embargo, como sucediera con las Madres de la Plaza de mayo en Argentina, se valieron de tales tópicos para reivindicar dónde estaban sus hijos, sus hermanos, sus nietos y esposos. Ellas mismas se dieron cuenta del potencial de explotar tales dinámicas. Así lograron romper la represión de la dictadura, al menos un cerco inmediato. Algo similar se fue gestando en el resto de dictaduras.

En Chile, las formas solidarias de trabajo comunitario en las poblaciones, fue sin duda junto a su participación en la defensa de los derechos humanos un frente donde destacaron. En Paraguay o Brasil ocurrió algo similar. En Centroamérica durante la crisis de los años ochenta del siglo pasado, la mujer no sólo tomo las armas y se incorporó a la lucha armada, sino que le impregnó un sello de género, sin olvidar Cuba en 1959. La literatura, la poesía, el teatro, la canción, en todos ellos la mujer fue ganando protagonismo con organizaciones específicas, además de trasformar las propias lógicas de las luchas contra la tiranías. Eso queda reflejado en el libro…mejor que lo lean…así no desvelamos más detalles.

-En la edición número 31 del libro «Historia de Chile» (1975), para estudiantes de bachillerato, el historiador Walterio Millar se refiere a la labor de «reorganización nacional» de la dictadura de Pinochet «para levantar al país de la postración moral y material en que lo dejó el régimen de la Unidad Popular». Frente a las interpretaciones oficiales, ¿qué autores y obras destacarías en lo que denominas «lucha por la memoria» en América Latina?

Desde luego, la memoria histórica es parte de la lucha por romper la visión de las dictaduras como la chilena, fundacional en muchos aspectos y revolucionaria en cuanto a su implementación política e ideológica. Alejandro Foxley, ex vicepresidente de Chile con Michelle Bachelet, llegó a señalar que Pinochet había cambiado la historia de Chile para bien, y eso lo situaba en un alto nivel como político en el país. Frase pronunciada en 2001. Desde luego hay muchos que han luchado contra esta visión oficialista. Por citar mujeres, desde una historiadora como Verónica Valdivia a periodistas como Patricia Verdugo, quien destapó la Caravana de la Muerte, Mónica Gonzalez y Ximena Ortúzar. Sin olvidar los testimonios de tortura de Nubia Becket o Vivian Lavín. Una obra emblemática sobre las mujeres de la derecha y su participación en el Golpe fue escrita por Margaret Power, una obra imprescindible. Igual los trabajos de Sergio Grez, Jorge Magasich, Tomás Moulian, Julio Pinto o Gabriel Salazar, entre otros. Sin olvidar el cine y el teatro donde también se han realizado obras importantes para el rescate de la memoria histórica. Aun así, es una batalla que no se debe abandonar. Es parte de la dignidad de un pueblo. Siempre hay que reinterpretar el pasado para reconducir el presente.

-Dedicas en el libro un apartado a la gestación del golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende y la formación de la nueva derecha. ¿En qué consistió el «gremialismo» ¿Y el Plan Zeta?

El Plan Zeta fue una trama inventada a posteriori del golpe de Estado por los servicios e inteligencia militar para justificar el asesinato, los juicios sumarios y la represión contra los militantes de la Unidad Popular. Fue concebido como parte de un autogolpe cuyo objetivo era la eliminación de la oposición y sus dirigentes. Una mentira que sus propios redactores reconocerían años más tarde. En el libro se detalla ampliamente. Y en cuanto al «gremialismo», fue la manera de romper con la inacción de una derecha y disputar los espacios de la izquierda, movilizando a los sectores populares bajo una ideología nacionalista y una red organizativa en contra del gobierno y rechazo a la acción de los partidos políticos, con fundamentos en la España de Franco. Admirador de José Antonio Primo de Rivera, el movimiento Nacional, Su actividad se impulsó en el movimiento obrero, estudiantil, mujeres, sectores medios y profesionales. Su dirigente más destacado fue Jaime Guzmán, uno de los forjadores de la trama civil del golpe de Estado y padre de la actual Constitución pinochetista que rige en Chile.

-¿Qué importancia histórica han tenido las «tramas civiles» de los golpes de Estado en América Latina? ¿En qué países y casos han tenido un mayor relieve? 

No existen golpes de Estado sin una trama cívico-militar, otra cosa es el lugar que ocupan las fuerzas armadas en su entramado. Hasta los años setenta y durante la guerra fría, era la institución por excelencia que podía asegurar el control del país, el territorio, la población tanto como la represión. El poder de las armas y su articulación en todos los rincones, además de su ideología anticomunista forjada en la Escuela de las Américas y la doctrina de la seguridad nacional, eran garantía de un pacto de base para la posterior administración del Estado. Pero ningún golpe se pudo consolidar sin el pacto entre los sectores empresariales, las plutocracias, el capital trasnacional y las fuerzas armadas.

-También abordas en el libro, junto a la socióloga e investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, María José Rodríguez Rejas, la «Norteamericanización de la seguridad» en América Latina. ¿Qué significa y cuáles son los ejemplos más claros? ¿Se ha modificado en algo desde la llegada de Trump al poder?

Hablamos de Estados fallidos y la destrucción de la ciudadanía bajo un Estado militarizado, donde las fuerzas armadas desempeñan un papel de control social, sin necesidad de estar en el poder formal. Sus planes consisten en disolver cualquier tipo de propuesta nacional y popular. Es la guerra global y total para garantizarse su hegemonía en el proceso de toma de decisiones. Una guerra donde el cuerpo y sobre todo la mente se convierte en un como campo de batalla. La psicopolítica como parte de lograr la sumisión que garantice el dominio de los procesos políticos. El Plan Puebla Panamá, El Plan Colombia y sus diferentes variantes. Desarticular los Estados hasta disolverlos. La narco-política, el control de las políticas de seguridad por Estados Unidos, bajo el pretexto de lucha contra el terrorismo y el narco-tráfico. Pérdida de soberanía de las fuerzas armadas. Trump sólo ha profundizado la política iniciada en los noventa bajo la denominación de guerras de baja intensidad, reversión de procesos, lucha contra el narco-tráfico y antisubversiva desarrollada desde los tiempos de Ronald Reagan, Clinton y Obama.

-Por último, ¿qué peso tienen los medios de comunicación en los llamados golpes «institucionales» o de «guante blanco»? ¿Ha cambiado en algo su influencia desde la familia Edwards, propietaria de El Mercurio de Chile, hasta el grupo PRISA?

Los medios de comunicación de masas, en todos sus formatos, y versiones, radio, prensa escrita, y hoy redes en medio del capitalismo digital, son medios de disuasión y control, no de información. Cumplen una función ideológica, transmitir una visión del mundo, una cultura y una propuesta política. Son parte del complejo industrial, militar y financiero. No constituyen un cuarto poder. En Chile y en toda América latina, por no decir en el mundo, son la parte necesaria para crear opinión pública, más aun cuando existe monopolio de la información.

Otra cosa son los medios de información alternativos, independientes y populares como radios vecinales, cooperativas o televisiones de barrio, cuya labor en destapar los casos de corrupción, las conspiraciones y golpes palaciegos puedan contrarrestar el papel de los medios de comunicación controlados por el establishment. Siempre que han surgido medios alternativos han sido estrangulados financieramente, acosados legalmente y sobre todo amenazados por el poder político. En Chile no existe libertad de prensa, sino un duopolio, donde cualquier espacio democrático es inmediatamente perseguido y criminalizado. Hoy sigue pendiente el caso CLARIN, periódico que fue requisado por la dictadura y no ha sido devuelto a sus dueños a pesar que se ganó en el CIADI el juicio que obliga al gobierno chileno a su devolución e indemnización.

Nota final del entrevistado: En fin para concluir, agradezco tu entrevista y sugiero, aunque sea pretencioso, leer el libro. Creo que aporta una nueva visión acerca de los golpes de Estado tradicionales y los llamados de guante blanco, situándonos hasta el intento de invasión desde Colombia a Venezuela y los veinte años de sedición para derrocar el proyecto bolivariano. En todo el texto está presente la memoria histórica y las luchas de resistencia como parte de la necesaria articulación de los proyectos emancipadores.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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