Recomiendo:
0

Georgia

Saakashvili, cada vez más aislado

Fuentes: Il Manifesto

Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti

Nueve partidos georgianos de la oposición emprendieron las semana pasada una recogida de firmas para pedir la dimisión del presidente Mijail Saakashvili. Durante la primera semana, sólo en la capital, se recogieron casi cincuenta mil y a partir de hoy la recogida se extenderá a las principales ciudades del país. La iniciativa tendrá como culmen una gran manifestación unitaria contra el presidente, prevista para el 9 de abril en Tblisi. Será difícil que Saakashvili acepte quitarse de en medio así de fácil: rechazó tajantemente todas las peticiones para convocar nuevas elecciones parlamentarias o presidenciales, y su mandato expira en 2013. Sin embargo, la situación a su alrededor ha empeorado en los últimos meses, debido tanto a la coincidencia con la crisis económica global como a los efectos traumáticos de la desastrosa derrota militar sufrida en la guerra del pasado agosto con Rusia.

El país está atravesando dificultades serias: la ayuda que prometieron estadounidenses y europeos para que se «recuperaran» de la guerra no fue gran cosa, y no toda llegó a buen puerto. En Tblisi, lo mismo que en otras ciudades, se han visto ya varias manifestaciones de protesta contra las estrecheces económicas, el desempleo y el trato reservado a los refugiados de guerra. Actualmente el campo de oposición lo colman muchos antiguos e importantes aliados del presidente, que no quieren terminar a su lado en el banco de los acusados ante el inminente desastre nacional. Es más: los acusadores más encarnizados de Saakashvili son  antiguos exponentes del régimen Se trata de personalidades como el ex-presidente del Parlamento, Nino Burjadadze (a quien muchos consideran el rival más distinguido, amén de aspirante a sucesor del presidente), el cual definió el gobierno en funciones como «criminal»; el precedente primer ministro Zurab Nogaideli, que tilda al presidente de «traidor y cobarde»; ex-ministros y ex-embajadores de alto rango, que han volcado acusaciones durísimas sobre la manera como se llegó a la catastrófica guerra de agosto (en realidad todos han concedido la razón a la tesis rusa, según la cual fue el régimen georgiano el que desencadenó las hostilidades esperando obtener una intervención estadounidense a su favor o ganar terreno en el campo). Otro ex-ministro, Irakli Okruashvili (responsable de defensa hasta 2007), condenado en rebeldía a 11 años de cárcel por corrupción -ahora en exilio en Francia- tras haber criticado al presidente, se prepara a desafiar al régimen regresando a su patria. Mucha gente considera que este regreso, de producirse efectivamente, señalaría el momento crucial en el que Saakashvili perdería de verdad el control de la situación y podría ser derrocado.

Entre tanto, lo que queda claro es que el respaldo y las simpatías de las que ha gozado hasta ahora su gobierno se van evaporando rápidamente. La salida de George W. Bush de la Casa Blanca supone que el principal apoyo de Saakashvili ha dejado de existir (Obama hasta ahora apenas ha mentado Georgia, y en cambio ha emprendido un proceso de rápido acercamiento con el Cremlin). Muy poca gente en Europa o en Estados Unidos puede sostener razonablemente que el presidente georgiano disfruta de consenso popular y gobierna un país estable y democrático. Al contrario: la atención occidental parece dirigirse al control del desarrollo del próximo e inevitable vuelco político. Por su parte, Moscú espera  que el fruto maduro caiga si no en sus manos no demasiado lejos.

Fuente: http://mir.it/servizi/ilmanifesto/estestest/?p=349