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Suecia: Democracias fascistizadas

Fuentes: Rebelión

Los medios internacionales publicaron esta semana la noticia de que una charla del artista sueco Lars Vilks en la Universidad de Uppsala fue interrumpida por activistas que intentaron agredirlo. Los activistas fueron a la carga en el momento en que Vilks presentaba un video que mostraba homosexuales en poses eróticas llevando puestas máscaras del profeta Mahoma.

Varios vídeos de lo ocurrido circulan por la Internet y muestran la rápida intervención de una decena de antimotines que se desplegaron para defender al artista repartiendo profusamente spray de pimienta y algunos bastonazos entre la audiencia.

La provocación de Vilks se convirtió en el tema de la semana en el latifundio mediático sueco, férreamente controlado por apenas cinco familias todas ellas imbricadas en el gran capital industrial y financiero del país. Casi todos los especialistas de opinión permitidos por la prensa corporativa a lo largo y ancho del espectro político coincidieron en que, independientemente de la opinion que mereciese el trabajo del artista, su derecho al ultraje estaba garantizado en nombre de la «libertad de expresión sueca».

Hace ya unos 3 años, Vilks se convirtió en una de las figuras con las que la ya vieja ola de islamofobia que recorre a las potencias occidentales se ha venido intentando dotar de cierta legitimidad intelectual un poco por encima del lenguaje barato de la «Guerra de las Civilizaciones» de un Samuel P. Huntington, o de la retórica de propagandistas como Ayaan Hirsi Ali, etcétera.

En aquella ocasión, Lars Vilks saltaba a la luz pública con una serie de representaciones del profeta Mahoma con cuerpo de perro que despertaron las airadas protestas de la comunidad musulmana dentro y fuera de Suecia, así como de grupos antirracistas. Por aquel entonces, el diario danés Gyllands Posten publicaba una serie de caricaturas ofensivas sobre la figura del profeta Mahoma que fueron repudiadas a lo largo y ancho del mundo musulmán.

La popularidad de Vilks fué mantenida con vida, entre otras cosas, por la detención, en octubre del año pasado, de una mujer estadounidense que supuestamente habría estado conspirando para matar al artista. A la detención de esa mujer, que recibió el apodo de Jihad Jane, le siguió el arresto a principios de marzo de siete personas más en Dublin que habrían formado una «célula jihadista» entre cuyos planes estaría el de despachar a Lars Vilks.

«Es una buena historia acerca de los tipos malos y de un tipo bueno al que tratan de matar» comentó Vilks según un cable de AP.

Desde su blog, el artista «revela» nuevos desarrollos de la historia que automáticamente se convierten en noticias sin necesidad de demasiada verificación: Unos cuchillos de hoja curvada como los que supuestamente usan «los musulmanes» (¿?) encontrados en la sala luego de la abortada conferencia, un supuesto intento de incendio de la casa de Vilks, etcétera.

Según los cables noticiosos Vilks vive una vida bastante restringida a causa de las amenazas contra su persona. Dice que tiene una escultura electrificada capaz de freir vivo a cualquier intruso (o intrusa), un hacha y hasta un panic room, un cuarto de pánico en el que esconderse y desde allí llamar a la policía, seguramente de un modelo mejor que el que usó Jodie Foster en su famosa película.

El artista explica que él no toma partido político:

No tengo convicciones políticas expresamente definidas. En general sigo los valores del mundo del arte (al cual yo mismo pertenezco). Pero, como es sabido, yo también tengo mis ideas propias. Ninguna religión vale más que otra y la crítica al Islam no debería reprimirse ante la posibilidad de que llegase a ser malinterpretada. Si, por ejemplo, uno quiere protestar contra el linchamiento de homosexuales desde grúas (SIC) en Irán, esto se debería poder hacer sin tener que renunciar a ello porque ésto podiese afectar a los musulmanes a causa de una malinterpretación del público, escribe Vilks.

Tras este tipo de posturas en apariencia humanistas e iluministas se esconde una burda operación de contrabando idelógico que una gran parte del público sueco, indoctrinado por una serie de lugares comunes sobre su propia realidad y la ajena, es incapaz de percibir. Porque Vilks mismo explica que es fiel al lema de los futuristas italianos (teóricos estéticos del fascismo) de que «el arte en realidad no puede ser otra cosa que violencia, crueldad e injusticia». Ese fué el título de su interrumpida charla en Uppsala.

Es decir, que la libertad que Vilks reivindica no es una libertad de criticar, sino una libertad de agredir y ultrajar con premeditación, alevosía y pemiso del poder. Se necesita una dosis demasiado elevada de mala fé para sostener que los dibujos de Vilks representando a Mahoma con cuerpo de perro en un estilo de baño de café, no tenían por objeto provocar a los musulmanes sino «criticar al Islam».

Cuando a Vilks le conviene, el arte es un arma para agredir gratuitamente («violencia, crueldad e injusticia»). Al mismo tiempo, cuando se demanda de él una toma de responsabilidad por sus actos, entonces se refugia en «el mundo del arte», en la «libertad de crítica», etcétera. Desde su elevada y abstracta torre de marfil tira baldes de excrementos para abajo, seguro de contar con la protección policial adecuada.

Basta ver los comentarios de los visitantes al blog de Vilks para notar qué grupos sacan el mayor rédito político de las «incursiones estéticas» del artista:

– Lo que los mustafas necesitan es un transplante de cerebro. Seguro que no hay suficientes cerebros disponibles para un billón y medio (SIC) de musulmanes, pero tenemos la suerte de que el desarrollo tecnológico ha avanzado a pasos tan agigantados las últimas décadas. Por lo menos se podría reemplazar el cerebro actual de los mustafas por uno electrónico. Entonces, se podría ganar lo mismo que con John Connor [el carácter de Terminator], programarlos para que sirvan para algo. Además eso aumentaría su capacidad intelectual muchas veces. Imagínense qué mejora intelectual sería para personas como Ali, Hasan, Mustafa, Al Shabaz y Muhammed Abdu «Allah» (SIC). Por fin podrían ser de algún provecho en vez de andar por ahí de vestido y sombrero ridículo (¿?) gritando allahu akbar. Da vértigo de sólo pensar en las posibilidades, ¿no? Robin Shadowes 2010, 15 de mayo 21:23 hs.

– SI TÚ murieses (lo que no va a pasar, pero…) nosotros decimos: En ese caso, ellos serían puestos contra el piso aún más duramente. ¡Fuera la chusma! No soy racista, pero me estoy volviendo racista. Si esto sigue. For fuck sake (SIC). ¡Idiotas primitivos! Apx 2010, 15 de mayo 15:19 hs.

– Sigue con lo que haces, Vilks. Si te pasa algo van a haber levantamientos en Suecia. Sudden, 2010, 15 de mayo, 14:46 hs.

– A propósito, ¿oíste hablar del «Día Pintemos a Mahoma»? Es el 20 de mayo. Vamos a salir en todo el país a pegar afiches (esperemos que de buen gusto) con la imagen de Mahoma en las calles y las plazas, una especie de street art. Seguro que los musulmanes se van a sentir provocados. No me puedo imaginar una forma más pacífica de manifestación. Es la única manera de apoyarte que se me ocurre, y de que no te quedes solo en esta lucha. No van a poder quemarnos a todos en una hoguera… (SIC!) ¿Qué te parece la idea del «Día Pintemos a Mahoma»? Sería divertido que escribieses un comentario. Patrik Johansson 2010, 15 de mayo 14:23 hs.

– La mayor amenaza contra el medio ambiente es el Partido Verde. Al difundir propaganda de miedo sobre el supuesto calentamiento global, los Verdes y otros tratan de distraer la atención de la verdadera amenaza contra la vida en el planeta, o sea, el terrorismo musulmán. De un sólo golpe, el 11 de septiembre de 2001, los musulmanes mataron más de 3000 personas (…) ¿Cuántos han muerto por el llamado calentamiento global? Hobbydebattör 2010, 15 de mayo 01:07 hs.

En fin… el tipo de comentarios que tienden a apoderarse cada vez más de los foros abiertos del ciberespacio sueco y europeo. Los grandes diarios por lo general borran los peores por miedo a ser demandados, pero Vilks, en nombre de la «libertad de crítica» dota a esos grupos de una plataforma abierta para llevar a cabo sus noches de cristal simbólicas. Del «Día Pintemos a Mahoma» al «Día pintemos una media luna en cada musulmán». Ese es el mensaje que a diario se repite y legitima en Suecia a propósito de las «travesuras estéticas» de Vilks.

http://tortillaconsal.com/tortilla/node/5973

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.