Hubo un tiempo en que la pintura pretendía captar y exhibir una realidad adivinada, sublimada, presentida o mitificada, y nadie suponía que el noble oficio pudiera sobrevivir sin esos participios adjetivantes.
Hubo un tiempo en que la pintura pretendía captar y exhibir una realidad adivinada, sublimada, presentida o mitificada, y nadie suponía que el noble oficio pudiera sobrevivir sin esos participios adjetivantes.
Un día de febrero de 1934, dos hombres, acompañados de algunos amigos, acuden a la cita que han concertado en el café Glaciar del barrio gótico de Barcelona.
Entre confinados del mundo entero solemos decir que la realidad se ha pasado de frenada, superando a las mejores novelas de ciencia-ficción.
Darwin Carballo Velásquez es un joven escritor falconiano, T.S.U en Contaduría Pública, que prefiere sumar palabras en las plataformas digitales de lectura y autoedición: “El amor a escribir o a leer no pienso que sea algo que se hereda o con lo que se nace, más bien creo que se desarrolla y se educa bajo […]