La última gran jugada, perversa por cierto, de Donald Trump antes de dejar su primera presidencia, fue conseguir, en diciembre del 2020, que el Reino de Marruecos adhiriera a los Acuerdos de Abraham, con los que se intentaban normalizar las relaciones diplomáticas de Israel y las naciones árabes, las que históricamente han acompañado la causa palestina contra la ocupación sionista.