Recomiendo:
0

Un año entre la guerra y la integración latinoamericana

Fuentes: La Jornada

El 2006 estuvo marcado en el plano internacional por el despliegue de fuerzas progresistas en América Latina y el debilitamiento del gobierno de Bush, tanto en su capacidad de resolver las guerras emprendidas en Irak y Afganistán, como por la falta de apoyo para mantener la mayoría legislativa y el favor de la población estadunidense. […]

El 2006 estuvo marcado en el plano internacional por el despliegue de fuerzas progresistas en América Latina y el debilitamiento del gobierno de Bush, tanto en su capacidad de resolver las guerras emprendidas en Irak y Afganistán, como por la falta de apoyo para mantener la mayoría legislativa y el favor de la población estadunidense. Resultante de lo anterior fue que aumentó la turbulencia internacional, en tanto, en este continente, crecieron las posibilidades de avanzar en los procesos de integración regional.

En lo económico fue otro año de incremento en la demanda de productos de los países periféricos, porque ­a pesar de la situación declinante del mercado de Estados Unidos­, la sostenida demanda china mantuvo ese cuadro favorable para las economías del sur del mundo.

Fue un año negativo para la paz internacional. Irak tuvo el peor desde el inicio de la ocupación estadunidense, con la exacerbación de los conflictos entre sunitas y chiítas, al tiempo que se intensificaban los ataques contra las tropas de ocupación. La derrota de Blair en las elecciones británicas fue atribuida, en gran medida, al fracaso de su disposición a invadir Irak, mientras que la similar de Bush en EU también exhibió centralmente su impotencia para imponer cierto nivel de orden en aquel país.

Pero el aumento de la violencia tuvo un elemento cruel, que aunque no haya sido fomentado directamente por las potencias ocupantes, es una consecuencia inmediata de sus políticas: la guerra civil entre sunitas y chiítas, que además de afectar profundamente las posibilidades de unidad nacional iraquí, expone a la población a una escalada de represalias brutal, que deja diariamente un amplio número de víctimas civiles. En paralelo, no se ve alternativa al conflicto: EU considera la hipótesis de retirar sus tropas, pero está imposibilitado de hacerlo por el pantano al que entraron, por lo que ­al contrario­ envía más soldados. El conflicto desgarra al país, frente a organismos internacionales y gobiernos totalmente ausentes en la búsqueda de alguna forma de mediación para alcanzar la paz. El Foro Social Mundial tiene una nueva posibilidad en Nairobi ­a finales de enero­ para asumir la responsabilidad de luchar por una paz justa y duradera, misma que se extiende a otros centros de guerra en el mundo.

En Palestina, de forma similar, la política estadunidense desembocó en conflictos cada vez mayores entre las corrientes más radicales y moderadas, debilitando la resistencia contra la ocupación israelí y agudizando los conflictos internos. Ningún proceso de paz se puede desarrollar en medio de ese cuadro de desgarramientos que ocurren en Palestina.

En Afganistán, la resistencia encabezada por los talibanes provocó el debilitamiento de la ocupación, intensificando ­como nunca desde la entrada de las tropas extranjeras­ la violencia en el país.

La «pax americana» supone un estado de guerra permanente, frente a la cobardía y a la renuncia de otras fuerzas políticas para intentar frenar el derramamiento de sangre sin fin, con el sufrimiento y el dolor por parte de millones de personas. Gobiernos europeos, la ONU, gobiernos latinoamericanos, asiáticos, se comportan como si se tratara de una fatalidad del destino ante la que no tienen responsabilidades. La humanidad se queda estática, entregada a los designios de la potencia imperial y su política de generalización de los focos de guerra en el mundo.

El escenario donde hubo cambios importantes fue América Latina, con el fortalecimiento de los procesos de integración regional ante la debilidad de la política estadunidense. Las relecciones de Lula y de Hugo Chávez ­sumadas a la probable de Kirchner en 2007­, junto al inicio del gobierno de Evo Morales y a las elecciones de Rafael Correa en Ecuador y de Daniel Ortega en Nicaragua, extendieron el campo de los gobiernos que privilegian la integración regional en detrimento de los tratados de libre comercio suscritos con EU. Estos pasaron de Chile a Colombia y Perú, pero la mayoría conquistada por los demócratas en el Congreso de EU amenaza con revisar estos dos últimos, poniendo en riesgo especialmente el signado con Lima, por los lazos que Alan García estableció con Brasil y Venezuela.

El ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur ­camino que debe ser seguido por Bolivia y Ecuador­, además de la aproximación de Cuba al nuevo bloque, completan un cuadro más favorable que nunca a la extensión y profundización de los procesos de integración regionales.

El personaje del año en la política fue sin duda Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, que en 2006 hizo avances extraordinarios en el cumplimiento de la plataforma ofrecida para ser electo con una votación inédita en el país. Nacionalizó el gas, convocó y dio inicio a la Asamblea Constituyente para refundar el Estado boliviano ­de acuerdo con criterios multinacionales y multicivilizatorios­, comenzó una reforma agraria, además de romper con el modelo económico neoliberal y centrar sus políticas en alcanzar metas sociales. Enfrenta la feroz resistencia de la oligarquía separatista de Santa Cruz de la Sierra, acorde al tamaño de los temores a perder sus estrechos intereses, afectados éstos por el nuevo gobierno. En Bolivia se da el proceso más importante de América Latina en la actualidad, combinando movilización social y étnica con el proyecto político de hegemonía democrática y popular. En 2007 se verá el desenlace de los conflictos actuales y el inicio del gobierno ecuatoriano ­que también se apresta a convocar una Asamblea Constituyente­, al mismo tiempo que por primera vez, una fuerza de izquierda tiene posibilidades de triunfar en las elecciones paraguayas, con la candidatura de un cura identificado con las nuevas corrientes políticas latinoamericanas, extendiendo el fenómeno más importante en el mundo desde el inicio de la declinante etapa neoliberal.

Traducción: Ruben Montedónico