“En estos momentos Salvador Nasralla no ganaría ni la candidatura de la Asociación de Padres de Familia”. El Partido Liberal desautoriza su candidatura para 2030”. (Roberto Contreras, presidente del Central Ejecutivo del Partido Liberal)
Para Ángel, “Changel” Zúñiga Huete, uno de los máximos líderes que ha tenido el Partido Liberal, un militante no solo es aquel que se manifiesta en contra de los abusos que comete un dictador, o aprendiz de dictador, sino que avala propuestas de cambio económico y social, como alternativas a lo vigente y por lo que se lucha. No se puede aceptar que las propuestas del partido contrario, son de igual válidas que las que sustenta el Partido Liberal, o sea su contrario, cuando el retroceso es evidente. [1]
Para el caso, se está a favor de la reforma agraria, en tanto es parte del ideario y propuesta de desarrollo de país; el otro partido y candidato se manifiesta en contra ya que defiende lo existente en el agro, o sea la concentración de la propiedad, mal uso de la tierra y una clase social represiva y parasitaria. Cuando un liberal defiende estas tesis y las asume como válidas, al parecer, dejó de serlo o se acomodó.
Este pensamiento se vulgarizó con la vuelta a la democracia electorera en el país en 1982. La reforma agraria del gobierno reformista de los 70, se congeló, y en la práctica se sustituyó por un programa masivo de titulación de tierras para garantizar derechos de propiedad y poder facilitar que los campesinos pudieran vender las tierras adjudicadas con la reforma agraria, aun cuando estaba prohibido, ya que no la habían pagado ni transformado en un bien generador de ingresos monetarios sostenibles para las familias.
Igual, se permitió que la garantía del cumplimiento de acceso a satisfactores sociales por la población (como vivienda, salud, educación), estuviera sujeto a decisiones de tipo político, cuando era y es uno de los principales mandatos de la Constitución de la República y compromisos de campaña en función de la ideología de partido, caso particular de presidentes liberales como Roberto Suazo Córdova (1982-1985) y José Simón Azcona (1986-1989).
A ello se suma, en gobiernos liberales, el uso del territorio nacional para entrenar fuerzas contrainsurgentes y liderar una guerra para derrocar a un gobierno de un país vecino. El destacado sociólogo Matías Funes encontrará poca diferencia entre las acciones del Partido Nacional y el Partido Liberal, en tanto el entrenar un ejército mercenario ( la “Contra”) en suelo patrio no es parte del ideario político-ideológico del Partido Liberal, más aun si se piensa en sus destacados líderes como “Changel”, Modesto Rodas Alvarado y Ramón Villeda Morales.
En 1990 hubo un punto de inflexión en la política económica en Honduras que tuvo y sigue teniendo incidencia en el funcionamiento de la institucionalidad pública y políticas de desarrollo, lo cual impacta en los procesos de ejercicio democrático. El triunfo electoral del Partido Nacional con Rafael Leonardo Callejas (1990-1993), facilitó la ejecución del modelo neoliberal con los programas de estabilización económica y ajuste estructural, que fue continuado en gobiernos liberales de Carlos Roberto Reina (1994-1997) y Carlos Flores Facusse (1998-2021), aunque con matices reformistas como la gradualidad en la política monetaria y cambiaria, bonificaciones a los maestros, médicos y empleados públicos, reformas sectoriales en agua, ambiente y energía, igualmente en el fortalecimiento de la institucionalidad a favor de los derechos humanos y principios democráticos.
Es de destacar el apoyo de Carlos Flores al proceso de reforma agraria, con Aníbal Delgado Fiallos a la cabeza del Instituto Nacional Agrario (INA), aunque sin modificar la Ley para la Modernización y Desarrollo del Sector Agrícola (LMDSA), el llamado ajuste estructural neoliberal que sigue vigente para el agro nacional y que, a no dudarlo, le ha pasado factura incluso a gobiernos tipificados con ideología socialista democrática.
Manuel Zelaya (2006-junio de 2009), se salió del libreto de reformas cosméticas frente a la profundización del ajuste económico por el Gobierno de Ricardo Maduro (2002-2005), necesario según sus funcionarios de gobierno, para aspirar a la condonación de la deuda externa y facilitar la ejecución de la Estrategia Nacional para Reducción de la Pobreza (2000-2015).
Entre las reformas destacan: a) la prohibición de la minería de cielo abierto, b) ajuste al salario mínimo en más de 60%, c) ajuste en los precios de combustibles y subsidios a la energía, d) no devaluación acelerada y rompimiento de negociaciones con FMI para ajuste de tasa de cambio; e) bono tecnológico para población campesina menor de 5 Mz, entre otras. Son medidas que no escapan a una agenda de un gobierno liberal de corriente progresista, que otros dirigentes no tipificados como seguidores del Socialismo del Siglo XXI debieron haber ejecutado.
En 2009, el candidato a la presidencia de la República por el Partido Liberal, Ingeniero Elvin Santos, lideraba las encuestas antes del golpe de Estado y prácticamente era el virtual Presidente. Le preguntaron y dijo que no fue Golpe de Estado contra Manuel Zelaya y, en el acto, sus aspiraciones se esfumaron. Esta es quizá la falla de origen para que el Partido Liberal y sus aspirantes no gocen de la confianza del pueblo hondureño para que se le otorgue un voto consciente y masivo a su favor. Las encuestas se dieron vuelta en las elecciones de noviembre de 2009, ya que el candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa obtuvo 1, 213,695 votos, contra 817,524 votos obtenidos por Elvin Santos.
En la elecciones generales de 2013 que ganó el Partido Nacional con Juan Orlando Hernández (JOH) a la cabeza, con 1, 149, 302 (36.89%), seguido por Xiomara Castro del Partido Libertad y Refundación (LIBRE) con 896,498 votos (28.78), denunciado fraude su dirigencia y la injerencia de la Embajada Americana. El Partido Liberal con un hijo de Ramón Villeda Morales como candidato, obtuvo 632,320 votos y Salvador Nasralla del Partido Anticorrupción (PAC), unos 418,443 votos, siendo evidente su falta de recursos humanos para representación en las mesas y cuidado de votos; denunciando que le robaron votos y trasladaron al candidato del Partido Nacional.
Para las elecciones de 2017, Salvador Nasralla, propuesto por la alianza con LIBRE y PINU-SD, aventajaba en la encuestas e incluso en los primeros conteos de votos del Tribunal Nacional de Elecciones (TNE) a JOH, candidato del Partido Nacional, pero los apagones del sistema e ingreso de votos masivos rurales permitieron que la tendencia cambiara. El Partido Nacional con su candidato terminó ganando la elecciones con una diferencia de 1.53%. El Partido Liberal con Luis Zelaya a la cabeza, obtuvo 484,443 votos, menos del 15% del total.
En 2021, el Partido LIBRE se unió de nuevo con Salvador Nasralla, pero con Xiomara Castro a la cabeza, y ganó la elección con 1, 716,793 mil votos, contra 1,240, 260 votos del Partido Nacional con Nasry Asfura a la cabeza. Mientras tanto, el Partido Liberal obtuvo 335, 762 votos, un 10% del total. Una de las peores campañas del Partido, en el caso de la aspiración a la presidencia de la República. Antes existía una especie de balance crítico de las causas explicativas de este retroceso, y de las correcciones inmediatas; sin embargo, los dirigentes y candidatos “malos” del Partido liberal se siguen denominando líderes sin impedimento para aspirar a futuro y seguir como diputados “bisagra”.
La evidencia demuestra una dependencia de dirigentes del Partido Liberal, sobre todos diputados, del Partido Nacional y su dirigencia. Se conforman con cargos públicos para sus familias y en la junta directiva del Congreso Nacional, las prebendan y negocios compartidos. No están acostumbrados a luchar por la presidencia del Congreso y las alcaldías, ya que consideran que pueden sacar más provecho de una posición en la “sombra”y apoyo a los dirigentes del Partido Nacional. Ello, aun cuando, saben de antemano que los otros cargos en la directiva del Congreso son simbólicos, ya que el mando y decisiones le corresponde al Presidente en funciones.
En las elecciones del 30 de noviembre de 2025, el Partido Liberal con Salvador Nasralla a la cabeza, según declaración incompleta del Consejo Nacional Electoral (CNE), y con indicios fraudulentos, perdió la elección contra Nasry Asfura con menos del 0.72%, faltando votos que encuestar e impugnaciones que resolver. Estamos hablando que Salvador Nasralla obtuvo 1, 455, 169 votos, muy superior a los obtenidos en las elecciones pasadas por los candidatos liberales.
No se quiere reconocer por el presidente del Consejo Central del Partido Liberal, Roberto Contreras, ni por varios diputados electos a la sombra de Nasralla esta evidencia. Se asume que Salvador Nasralla ya pasó a la historia, y hoy solo toca a los elegidos negociar con el Partido Nacional los puestos del Congreso Nacional y Ejecutivo.
A Salvador Nasralla, el gran elector, le batieron la candidatura de su esposa Iroshka Elvir, a la presidencia del Congreso, e igual, en su defecto, su candidatura a la Secretaria del Congreso Nacional apoyando la candidatura para presidente de Yuri Sabas, diputado por la Zona Sur. El Ingeniero Contreras apoya, entre bastidores, a Marlon Lara, para presidente del Congreso, y sin ningún vínculo en la planilla con Salvador Nasralla. Es decir, al gran elector del Partido Liberal, el “pollo loco”, como se le conoce a Contreras, lo quiere dejar en la lona.
La pregunta es: ¿Cuántos votos sacaría el Partido Liberal sin Nasralla a la cabeza en las elecciones de 2029?¿ Acaso el Partido Liberal piensa que ejerciendo la titularidad de ciertas Secretarias de Estado designadas por el Partido Nacional para que acepten a Tomás Zambrano como presidente del Congreso Nacional, tendrán opciones para lograr la presidencia de la República en 2029?.
Una de las lecciones que deben aprender los dirigentes del Partido Liberal, es que el Partido Nacional no cede la presidencia del Congreso Nacional, por lo que deberán conformarse con chambas públicas y prebendas. Igual, que deben trabajar por buscar la presidencia de dicho órgano, incluso negociando con la dirigencia del Partido LIBRE, aunque no le guste al “Pollo” Contreras que ya tiene su agenda con los “cachurecos”. Asimismo, que esa prohibición y amenazas de Conteras para que Nasralla y su grupo no negocie, no es válida, ya que Zambrano lo está haciendo con LIBRE, y cada diputado es libre de hacerlo, más aun cuando tiene el respaldo del candidato que hizo visible ha dicho Partido y lo colocó como la segunda (la primera si se cuentan todos los votos y revisan impugnaciones), fuerza política del país.
Si el Partido Liberal renuncia o cede la presidencia del Congreso al Partido Nacional, es poco probable que se ejecuten las reformas que demanda el proceso electoral (Zambrano ha dicho que la segunda vuelta no se ocupa), apruebe la llegada de la Comisión Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (CICIH) y se mantenga la prohibición para seguir con las ZEDES, entre otras demandas exigidas por la población y por cual se votó. Es más, seguirá en la “llanura” unos quince años o más. Es más, resultará difícil que deje el poder, aun perdiendo.
Nota:
[1] Para Ángel Zúñiga Huete “los conservadores o NACIONALISTAS, no definen programa de principios considerando como la esencia de sus convicciones y propósitos ideológicos, oponerse, por sistema, a los derroteros liberales, con vista al pasado, al absolutismo despótico y a las instituciones dogmáticas”. Ver Ideología del Partido Liberal por el Dr. Ángel Zúñiga Huete”. En 100 años de Historia, Olvin Rodríguez Coordinador, Graficentro Editores, 1991, pág., 196
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