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Derrotemos el proyecto de secuestrar la dignidad

Fuentes: Rebelión

En la presente coyuntura política es ineludible deber de los sectores conscientes de América Latina y del resto del mundo advertir a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que es importante proclamar la firmeza, pero es indispensable demostrarla.

Es digno denunciar que el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa transgrede las más elementales reglas de convivencia y que Venezuela, como Estado soberano, tiene derecho a escoger a sus socios comerciales; pero es preciso también convertir en ejercicio soberano la gestión financiera, la política económica, la gestión social y el accionar en materia de defensa y seguridad.

La presidenta interina fue amenazada de muerte. No tiene otra interpretación la advertencia de Donald Trump de castigarla con mayor severidad que a Maduro si impide el acceso de Estados Unidos a los recursos naturales de Venezuela. Esa amenaza no se borra con elogios melosos como los emitidos por el propio Trump el 16 de enero después de la conversación que sostuvo con ella.

La misma advertencia debe ser dirigida a Gustavo Petro, el presidente de Colombia, también amenazado y además acusado por Trump y sus colaboradores de ser narcotraficante y patrocinador de bandas criminales.

¿Cómo se entiende que, a esta altura, Petro haga pronunciamientos favorables a la oposición de ultraderecha en Venezuela cuando el propio Trump y su secretario de Estado (el ultraderechista Marco Rubio) reconocen que carece de autoridad y no es respetada por el pueblo? ¿Cómo se explica que un presidente progresista matice su condena al secuestro de Maduro reconociendo a esa oposición la notoriedad que no le reconocen sus patrocinadores?

Es momento de definición, no de envolver en altisonantes consignas juicios que favorecen a los agresores.

UN PROYECTO DE SAQUEO Y DOMINACIÓN

El presidente de Brasil, Luis Inacio (Lula) Da Silva, ha encaminado conversaciones con Rusia para posible mediación. Eso solo puede ocurrir en un orden infuncional. ¿Con que derecho Estados Unidos desmonta el gobierno legítimo de Venezuela y al mismo tiempo golpea proyectos dirigidos a reducir el predominio del dólar en el comercio internacional?

El despliegue de fuerza y el uso de alta tecnología para perpetrar agresiones buscan impedir que el avance político sea percibido a nivel mundial como posible y lograr que se considere inviable la creación de bloques de gobiernos no alineados con la política imperialista y no subordinados.

Está documentado (libro Covert Regime Change, autora Lindsey O’Rourke. Cornell University Press, 2018) que entre 1947 y 1989 Estados Unidos realizó setenta operaciones dirigidas a derrocar y suplantar gobiernos en diferentes países. Después, hay que citar las operaciones en Irak (2003), Libia (2011), Siria (desde 2011), Honduras (2009), Ucrania (2014) Venezuela (desde el ascenso de Hugo Chávez), Nicaragua (desde el ascenso de Daniel Ortega), la continuidad de la injerencia en Honduras que acabó con la imposición reciente de un fraude electoral. Y hay que parar de contar no sin dejar de recordar la agresión permanente contra Nicaragua, Bolivia, Sudán y, por supuesto, Cuba.

Las manipulaciones realizadas en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) buscan perpetuar y acentuar la sumisión de la Unión Europea como bloque y de país por país. Así se allanó el camino hacia la disputa con Dinamarca por la soberanía sobre Groenlandia.

La proyección de potencias como Rusia y China y la pujanza de varias economías conducen a actualizar los mecanismos de dependencia económica, comercial y financiera y las estrategias de sumisión política. Todo esto se apoya también en la dependencia para la defensa y el poderío militar. (El tema del poderío militar es particularmente importante en el caso de las sanciones contra Rusia y en las amenazas a Corea del Norte y a Irán).

El poder hegemónico es decadente pero no por ello deja de ser criminal. El pronunciamiento de Donald Trump sobre los dictados de su propia moralidad es tan ridículo como el chiste de pésimo gusto de que contempló el secuestro de Maduro y el sabotaje al sistema eléctrico de Caracas como un espectáculo de la televisión. El límite de la ridiculez no existe cuando es infinita la prepotencia de un poder caduco y se presenta como graciosa la inobservancia de un gobernante que actúa como emperador a nivel global.

Hay que reiterar, sin embargo, que Trump actúa en nombre del poder hegemónico y es en ese mismo nombre que amenaza a Canadá, a México y a Panamá y acentúa las amenazas y las agresiones de todo tipo contra Cuba.

Tampoco son medibles la infuncionalidad y la caducidad de un orden incapaz de castigar las tropelías imperialistas. ¿Habrá nota más ridícula que la de la Organización de Estados Americanos (la arrodillada OEA) y la de la Organización de las Naciones Unidas (la gris ONU) llamando a la hermandad y a la acción conjunta por la paz cuando han sido incapaces de detener el despliegue militar yanqui sobre el Caribe y el Pacífico suramericano iniciado en septiembre?

No han impuesto sanciones por las ejecuciones extrajudiciales, más de cien, cometidas por militares yanquis (por orden de sus jefes con despacho en el Pentágono, en la Casa Blanca y en varias corporaciones) contra tripulantes de lanchas acusados (con acusación no formalizada) de narcotráfico.

Esto se hace en busca de perpetuar el saqueo y la apropiación por la fuerza de recursos naturales como el petróleo, el litio, el coltán y las tierras raras. De piratas y saqueadores se habla.

Cabe citar de nuevo a Fidel Castro en un artículo publicado en el año 2012:

“Las transnacionales yankis jamás renunciarán al control de las tierras, las aguas, las minas, los recursos naturales de nuestros países. Sus soldados debieran abandonar las bases militares y retirar sus tropas de todos y cada uno de nuestros territorios; renunciar al intercambio desigual y el saqueo de nuestras naciones. Tal vez la CELAC se convierta en lo que debe ser una organización política hemisférica, menos Estados Unidos y Canadá. Su decadente e insostenible imperio se ha ganado ya el derecho a descansar en paz”.

DE DIGNIDAD HAY QUE HABLAR

Como dignos herederos de Hugo Chávez y del comandante en jefe Fidel Castro se comportaron los militares venezolanos y cubanos que resistieron a los ejecutores de la operación de secuestro y sabotaje realizada el 3 de enero y que Trump calificó como espectacular. Murieron defendiendo la dignidad y el honor.

Treinta y dos militares cubanos encabezados por los coroneles Alfonso Humberto Alfonso Roca Sánchez y Lázaro Evangelio Rodríguez Rodríguez cumplían una misión internacionalista y ofrendaron sus vidas junto a veinticuatro venezolanos.

El ejemplo alimenta la conciencia.

A los sectores conscientes corresponde reclamar respeto por la dignidad. Rechazar las manipulaciones de la derecha y las concesiones de grupos y de figuras progresistas que en muchos casos no merecen ese nombre.

¿Qué decir, por ejemplo, de Yamandú Orsi, el presidente de Uruguay, quien celebró la tropelía yanqui? Por la orientación de su política interna y por la sumisión, hay que decir que en la lista de los progresistas ese nombre está demás.

De poco sirve hablar de gobernantes y dirigentes políticos que solo saben obedecer al más fuerte. Da vergüenza la postura del dominicano Luis Abinader, quien prestó dos instalaciones nacionales para que los marines y los espías yanquis operen y apoyen el despliegue militar en el Caribe y en el Pacífico.

La protesta debe hacerse sentir. Debe ser firme la condena al uso de los territorios de Puerto Rico, Trinidad y Tobago y República Dominicana para preparar acciones de agresión contra Venezuela y contra Cuba y encaminar el apoyo logístico a operaciones en cualquier parte del mundo y para la desestabilización de gobiernos que se consideren hostiles al imperialismo.

La historia se escribe cada día y el abono a la conciencia popular es la respuesta a la injusticia. Los pueblos sabrán reclamar y dirigir su fuerza contra sus reales enemigos. Ante esos enemigos, es necesario asumir la postura del poeta Mario Benedetti: “la consigna es joderles el proyecto”.

El mejor homenaje a quienes murieron defendiendo la dignidad es mantener la lucha para impedir que la dignidad sea secuestrada por un poder caduco, saqueador, armamentista, ilegítimo y criminal.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.