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Las pifias anti-bolivarianas de los presidentes Gustavo Petro y Lula da Silva

Fuentes: Rebelión

La reunión del pasado tres de febrero en Washington, entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump, tuvo un aparente clima de cordialidad entre los mandatarios, que dejó con los crespos hechos a la recalcitrante extrema derecha colombiana, que fervientemente deseaba que el presidente colombiano fuera apresado, justo un mes después del criminal bombardeo en Caracas, que dejó el aterrador saldo fatal de más de cien víctimas entre civiles inocentes y militares, y el vil secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su leal compañera, la diputada y primera combatiente, Cilia Flores, en una inconcebible y cobarde acción de guerra, que viola todas las normas del Derecho Internacional. Ahora bien, con base en una entrevista concedida por Petro al señor Sánchez Cristo, el periodista estrella del establecimiento, y no obstante, que nos alegró el hecho de que los fascistas colombianos no hayan podido cumplir su sueño, también es cierto, que nos permitiremos comentar algunas de las respuestas que ofreció Petro sobre su encuentro con Trump, que no nos parecen alentadoras y por el contrario, nos parecen faltas de empatía y solidaridad con el gobierno bolivariano y muy especialmente con Nicolás Maduro y Cilia Flores, además de que no contribuyen a fomentar la unidad anti-imperialista, para ejercer  la soberanía de nuestros pueblos en Nuestramérica o Abya Yala, asediada, hoy más que nunca, por el agonizante pero supremamente peligroso, imperio norteamericano.

Hay momentos en que es imposible callar ante ciertas actitudes de algunos líderes de nuestro continente o de cualquier lugar de la aldea global, considerados “de izquierdas” o cuando menos,  “progresistas” mucho más, cuando incluso a nivel mundial, han ido forjando una imagen como referentes para la liberación de los pueblos.  Es este el caso, de la lamentable respuesta que ofreció el presidente Gustavo Petro ante el megalómano dictador Donald Trump, cuando este le preguntó cómo le había parecido la operación militar que ejecutaron sus fuerzas militares, el pasado tres de enero en Caracas. En un momento donde todo el  país y la región estaban pendientes de ese encuentro, era esa la gran oportunidad para expresar la indignación de todo un continente y de exigir la liberación de los compañeros Nicolás y Cilia.  Pero el otrora valiente presidente de Colombia, que el año pasado en las calles de Nueva York agitó a las masas e incluso exhortó a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a no ir a asesinar palestinos, en esta ocasión solo respondió “yo estoy acostumbrado a la guerra” como ya lo había dicho en una ocasión en Colombia, en un alarde de supuesta valentía, de ausencia de temor ante las amenazas que le había dirigido el inquilino de la Casa Blanca.  Pero esta respuesta no resulta coherente con sus bravuconadas anteriores, con su desaforada incontinencia verbal que a veces lo lleva a reproducir sin reflexionar, el relato mismo del imperio que dice combatir. Esa respuesta no se corresponde con aquella metáfora del jaguar de nuestras selvas, que el mandatario colombiano, con innegable habilidad retórica, para regocijo de sus deslumbrados fans, esgrime con insistencia.  Todos sabemos, que la diplomacia es un arte, pero también es un arma política que no significa callar lo esencial, sino saber decir las verdades con sumo tacto y como el mismo Petro lo anticipó, supuestamente sería un diálogo de “tú a tú”, entonces, porqué razón no respondió al tirano, de manera igualmente diplomática, por ejemplo, con las siguientes palabras que propongo en un diálogo imaginario, como es apenas lógico que entenderán los lectores, y que solo es fruto de mi inalterable postura bolivariana, pero que están basadas en sus propias declaraciones de los primeros días, y es más, lo edulcoro con cierto tinte alambicado que hasta logra caer en la adulación, lo que inflaría el ego del tirano “pacificador”, y que disimularía un poco -ya que, al parecer, Petro, no quería hacer explotar al supremacista blanco- la indignación que sentimos la inmensa mayoría de latinoamericanos, pero que en todo caso, contrasta radicalmente con lo que sucedió: “Usted sabe, presidente Trump, lo he dicho públicamente, que no estoy de acuerdo con esa acción militar que realizaron sus fuerzas armadas, porque ningún presidente del mundo puede ser retenido de esa manera, ya que la inmunidad presidencial es una norma del Derecho Internacional. Y como presidente de Colombia, país hermano de Venezuela y como presidente “pro-tempore” de la CELAC, aprovecho este momento, para solicitarle de manera “respetuosa” que libere al presidente Maduro y a su esposa, para que ratifique que usted busca la paz en el mundo y en este caso específico, en nuestro hemisferio.” Pero claro, en el mismo momento en que escribía lo anterior, he caído en cuenta que esas palabras no las podría haber dicho el presidente Petro, puesto que hasta días antes de ir a la cita con el dictador del norte, reafirmaba que su gobierno no reconocía a Nicolás Maduro, como presidente de la hermana nación.  Por lo tanto, no fue falta de arrojo como desprevenidamente lo pensé, sino coherencia con su posición, desde mucho antes, expresada públicamente. Para sustentar lo dicho, vamos a recordar algunos momentos donde el presidente Petro, reprodujo el relato de la extrema derecha venezolana que al igual que la colombiana,  son teledirigidas desde Washington.

En todo caso, contextualizaremos un poco para que la gente recuerde los antecedentes relativamente inmediatos. Ante todo, en lo primero que debemos hacer claridad, es que no existe razón alguna para seguir creyendo la versión de la ilegitimidad de la presidencia de Nicolás Maduro, cuando quedó demostrado el ataque cibernético propiciado y dirigido desde Estados Unidos y soportado por el terrorismo mediático transnacional el mismo día de las elecciones y después, cuando los mismos que presentaron actas falsas antes del escrutinio, ni siquiera se presentaron al llamado del Poder Electoral a presentarlas, como sí lo hicieron la gran mayoría de los partidos. Sin embargo, posteriormente a la investigación y la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, que determinó tras contrastar las actas presentadas con los guarismos digitales presentados por el Poder Electoral venezolano, que el presidente elegido por el pueblo venezolano era Nicolás Maduro Moros, los “ilusos engañados” ciegos todavía ante las evidencias, continuaron con su irrespeto a la soberanía de Venezuela, desconociendo a la más alta autoridad judicial de esa nación. Dicha conducta, no tiene ninguna justificación, mucho más, cuando las actas sí fueron presentadas y los que precisamente no lo hicieron -como lo acabamos de decir- fueron los mismos que anunciaban un fraude, que precisamente estaban cometiendo ellos. Parece increíble que este intento de golpe de Estado se siga justificando, bajo el pretexto de que no se presentaron las actas. Mucho más, cuando las actas sí fueron presentadas y valga la redundancia, ante la única instancia que correspondía, es decir, ante el Tribunal Supremo de Justicia de la República Bolivariana de Venezuela.

Ahora, muchas veces se les preguntó a Petro, Boric y Lula (el trío de líderes progresistas suramericanos que lideraron la defensa de las tesis de los terroristas golpistas, María Corina Machado y Edmundo González, su candidato) si exigieron las actas que certificaron ganador al mismo Lula cuando ganó por un estrecho margen a Bolsonaro o si se las pidieron a Noboa, cuando a todas luces cometió graves irregularidades antes, durante y después de las elecciones y hubo masivas denuncias, también con anterioridad e inmediatamente tras conocerse los resultados alterados.  En este último caso, quedó muy en evidencia que no las solicitaron a pesar de las múltiples denuncias del pueblo ecuatoriano y de muchas fuerzas políticas de izquierda del mundo, especialmente de nuestro continente, pero como en este caso, no venían dirigidas desde el norte, entonces no fueron escuchadas por los citados líderes e inclusive, el presidente Petro, de manera increíble asistió a la posesión del ecuatoriano después de haberse negado a asistir a la del mandatario venezolano, lo que nos indignó a muchísima gente de la izquierda latinoamericana y europea. Sin embargo, una postura diferente en el caso de Venezuela, fue la del presidente López Obrador, quien fue enfático ante el mismo Petro, Lula y Boric, quienes fueron a pedirle que se uniera a ellos, en su empeño de que se mostraran ante el mundo, las famosas actas y les respondió con la Constitución de su país, en la mano: “México respeta la soberanía y la libre autodeterminación de los pueblos” y punto. Así mismo lo hizo, la presidenta Claudia Sheinbaum, quien justo se acababa de posesionar, cuando a ella también se lo pidieron, algunas semanas después.

Así mismo, ante la pregunta obligada de Sánchez Cristo, sobre lo que se conversó sobre el tema de Venezuela, planteó que le había dicho a Trump que tenía la propuesta de unir los dos ejércitos, el colombiano y el venezolano para combatir al ELN, insistiendo en vincular a Venezuela en un conflicto contra la insurgencia, bajo el pretexto del narcotráfico, que además, no es un problema de Venezuela, donde no hay una sola mata de coca sembrada, ni laboratorios activos, según informes de las propias Naciones Unidas. Del otro lado de la frontera, hay presencia y control militar suficiente, que precisamente es el que no ha dejado prosperar el negocio en el vecino país. En el caso del Ecuador, que es por donde sale el 60% del polvo blanco, según informes de la propia ONU, dijo sin ningún rubor, que le solicitó a Trump que intercediera ante Noboa para volver a normalizar su amistad para poder combatir juntos al narcotráfico. Resulta muy diciente que en el caso de Noboa, cipayo mayor, aliado incondicional de Trump, el presidente Petro no da crédito a las acusaciones que vinculan al presidente ecuatoriano con el negocio del narcotráfico, pues lo dijo con total desparpajo, lo reiteramos “que quiere volver a ser  su amigo” pero en el caso de Venezuela, sí ha reproducido el relato imperial de que en ese país hay narcotráfico, incluso, cuando ya el mismo Trump no habla de ello.  Recordemos que a finales de diciembre cuando hubo una explosión en una fábrica del Zulia, que los medios des-informadores del gran capital, quisieron presentar como un ataque gringo, entonces Petro, salió de inmediato a decir que Trump había bombardeado ese lugar porque allí se procesaba cocaína bajo la dirección del ELN, aseveración irresponsable, que fue desmentida por los propios trabajadores de la empresa que informaron que fue una explosión fruto de un daño eléctrico en las instalaciones. La versión de Petro nunca fue confirmada ni por EEUU ni por el gobierno venezolano.  Es decir, hasta días antes del ataque yankee seguía repitiendo sin pruebas, la falaz narrativa estadounidense de que los ataques a lanchas y el cerco naval a la tierra de Bolívar (no olvidemos que Colombia, también sufrió ataques con una víctima mortal en el Caribe, así como en aguas del Pacífico) solo se debía al objetivo de combatir el narcotráfico, justificación que después quedó desmentida ante todo el mundo.

Y para cerrar este triste recuento de sus pifias anti-bolivarianas, Petro afirmó que el gobierno colombiano, en estos momentos está hablando con los sectores “más racionales” de la oposición y con los “más racionales” del gobierno bolivariano, para ayudar a la solución del problema político en Venezuela.  Nos parece deplorable esta postura, cuando hasta al mismo Trump no le interesa ni está exigiendo, al menos por ahora, ninguna transición sino el control sobre el petróleo.  Por otro lado, también evidencia una ausencia de solidaridad con el país hermano agredido y una muestra de soberbia al hablar desde una superioridad moral que le permite arbitrariamente determinar quienes son los “más racionales” de la clase política venezolana, mientras que por otro lado, insiste en meter sus narices donde no lo están llamando, desconociendo que el gobierno encargado a través de la compañera Delcy Rodríguez está dialogando, y de qué manera tan audaz y valiente, directamente sin intermediarios, con el tirano norteamericano.

En ese sentido, considero que la actitud del presidente Petro está muy en concordancia con la reciente declaración de su amigo Lula, quien palabras más, palabras menos, comentó que la liberación del presidente Maduro y su esposa Cilia, no  es lo prioritario, sino “lo que se pueda hacer por devolver la democracia a Venezuela”! Y lo dice sin ruborizarse, el jefe de Estado de un país donde a finales del año pasado, en un solo día asesinaron a más de cien personas a bala y todavía estamos esperando su explicación al respecto sobre tamaña violación a los DDHH en Brasil.  Qué cinismo el del traidor Lula, que no contento todavía, con haber vetado el ingreso de Venezuela a los BRICS, continúa con igual injerencismo en contra del gobierno bolivariano, acompañado, lamentablemente, por nuestro presidente, quien nunca se decidió a sacar a Colombia de la OTAN ni cerrar ninguna de las bases militares gringas y ahora, vuelve a posicionar a nuestro país como el más importante aliado militar del imperio en el continente. A pocos días de su encuentro con Trump, ya continuaron los bombardeos en nuestro martirizado territorio, en aras de su emblemático proyecto de la Paz Total. Esperamos que el compañero Iván Cepeda, si llega a la presidencia, se desmarque de la última tendencia de estos monstruosos operativos militares, que han cobrado la vida de decenas de personas civiles, varias de ellas menores de edad. Y que nos desligue para siempre de la OTAN, en primera instancia y después, cierre todas las bases militares extranjeras, que violan la soberanía de nuestro país.

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