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Neoliberales y libertarios por América Latina

Fuentes: Rebelión

El liberalismo económico, del que Adam Smith es su fundador, no se afianzó en América Latina (https://t.ly/74IfS). Sin embargo, a fines del siglo XX adquirió importancia el neoliberalismo y en el presente el anarcocapitalismo o libertarianismo.

El neoliberalismo se impuso en América Latina cuando estalló la crisis de la deuda externa de 1982 y a través de los condicionamientos del FMI mediante las “Cartas de Intención”, así como del decálogo del Consenso de Washington (1989) en la década de los 90, bajo el ambiente creado por la globalización capitalista con hegemonía unipolar de los Estados Unidos, debida al derrumbe del socialismo soviético.

El origen del neoliberalismo se halla en los fundadores de la Sociedad Mont Pèlerin (1947, https://t.ly/I0q4_), impulsada por Friedrich Hayek (1899-1992) y entre los que cabe mencionar a Ludwig von Mises (ideólogo de la “Escuela Austríaca” y maestro de Hayek) y Milton Friedman, padre de la “Escuela de Chicago” y más tarde Premio Nóbel de Economía (1976) e inspirador de los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, así como de los “Chicago Boys” que asesoraron al régimen de Augusto Pinochet para implantar -a sangre y fuego- el neoliberalismo en Chile.

Los intelectuales de Pèlerin tuvieron un doble propósito: modernizar el viejo liberalismo económico derivado del pensamiento de Adam Smith y, sobre todo, combatir al “comunismo”. Los radicales del grupo también se lanzaron contra las ideas de J. M. Keynes (1883-1946) quien reconocía el papel del Estado en la economía. Mises incluso llegó a tildar de “socialistas” a los colegas del grupo que, siguiendo a A. Smith, admitían cierto intervencionismo del Estado. Como puede advertirse, desde sus inicios el neoliberalismo fue una corriente económica abiertamente política y no una supuestamente “técnica”.

En América Latina el neoliberalismo cayó como agua bendita: elites ricas y los grandes empresarios lo absorbieron de inmediato porque se adecuaba a sus intereses oligárquicos tradicionales: achicar al Estado, disminuir o suprimir impuestos, privatizar todo lo público, flexibilizar el trabajo, privilegiar los negocios privados. Hay centenares de estudios académicos e informes de las instituciones internacionales como la CEPAL, el BM y hasta el FMI, que permiten comprobar que durante las décadas finales del siglo XX y con los gobiernos que en el siglo XXI han seguido su ideología, el neoliberalismo solo ha provocado una acelerada modernización capitalista de la región, con extraordinaria concentración de la riqueza, debilitando capacidades estatales, minando las condiciones de vida y trabajo de las poblaciones y fortaleciendo el control del poder en el Estado por los propietarios del capital o sus representantes políticos. Sus partidarios acuden a medir y resaltar datos macroeconómicos del equilibrio estadístico, que finalmente solo comprueban un subdesarrollo modernizado, porque esconden o relegan las reales mediciones de la inequidad histórica y estructural que no se han propuesto cambiar.

Los libertarios dieron un paso adelante. Murray Rothbard (1926-1995), otro iniciador de la “Escuela Austríaca” pero en su línea radical, fue el fundador de la nueva ideología a la que bautizó como «anarcocapitalismo”. Fue discípulo del neoliberal Mises (a su vez seguidor de Carl Menger *1840-1921 y su “Revolución Marginalista”) quien era, además, minarquista, pues aceptaba un Estado “mínimo” y necesario para proteger el orden social, la propiedad privada y el mercado libre. Pero Rothbard fue más lejos: acabar totalmente con el Estado a fin de liberar al individuo de toda coerción e injerencia en la vida social. Naturalmente el cobro de impuestos era un “robo” y los servicios como educación, salud y hasta seguridad, podían ser provistos por los empresarios privados.

Al mismo tiempo Rothbard retomó la “praxeología” inaugurada por Mises como método teórico de la economía, que debía seguir la acción humana mediante un estudio lógico y deductivo a priori, ajeno a modelos matemáticos, estadísticas agregadas, bases históricas o empíricas, lo cual derivó en rechazar la teoría del valor-trabajo y acoger la del valor-utilidad (teoria subjetiva del valor), destacando la imposibilidad del cálculo económico en el “socialismo”. De hecho, Mises rechazaba la posibilidad de elaborar leyes económicas universales a partir del análisis histórico porque los hechos son variables. De modo que la praxeología de los libertarios resultó, en definitiva, un mundo al revés, una caricatura de la “idea absoluta” de Hegel, que puso de cabeza lo que había que poner en pie, como lo comprendió K. Marx, quien admiró la genialidad del filósofo idealista alemán. El resultado final es inconfundible: mientras Mises resulta un neoliberal y minarquista, Rothbard es un anarcocapitalista que pretendía abolir el Estado para crear el reino del mercado libre, la propiedad privada, la iniciativa empresarial y la libertad individual, bajo una guía que obliga a que todo se ajuste a las idealizaciones de la “teoría pura”.

Si bien el neoliberalismo fue a fines del siglo XX una ideología de moda apropiada para las clases dominantes de América Latina y que tuvo alcances mundiales, en ningún país (ni en EE.UU. y peor en Europa) se han aplicado las ideas de retiro total del Estado; y a ningún país se le ha ocurrido implantar el anarcocapitalismo. No hay época histórica en la cual este reino haya existido. Javier Milei en Argentina, es el primer presidente de un país convertido en espacio del experimento libertario. Suele destacar a Rothbard como gran defensor de la abolición del Estado y a Mises como el mejor economista. De paso, Milei bautizó como “Murray” a uno de sus perros y los otros son Milton, Robert y Lucas, como homenaje a sus economistas favoritos (https://t.ly/BsopE). Igualmente, bajo una interpretación revisionista de la historia, ha sostenido que Argentina vivió “la edad de oro” desde la Constitución de 1853 hasta 1930, teniendo como figura inspiradora a Juan Bautista Alberdi y como ejemplo el modelo agroexportador y liberal que mantuvo el mayor crecimiento del país. Algo parecido también podría decirse de Ecuador durante su primera “época plutocrática” entre 1912-1925, con Estado al servicio de la empresa privada, hacienda pública raquítica, crecimiento por la agroexportación del cacao, sin impuestos directos, ni banco central, nada de redistribución de la riqueza y sin código del trabajo. Libertad “pura”, pero con dominio oligárquico, miseria social, represión y subdesarrollo. Hoy, los anarcocapitalistas dicen que los cambios se verán solo en las próximas generaciones, pero mientras tanto apelan al “sacrificio” de las actuales. El precio social de semejante dolor es visible bien en Argentina como en Ecuador.

Contrariando todo tipo de praxeología, la historia de América Latina comprueba que la “libertad económica” siempre ha sido un mito, mientras se ha requerido de la intervención del Estado para levantar el desarrollo. En el tiempo presente la región tiene clara experiencia de la perversidad de las ideologías neoliberal y anarcocapitalista, mientras se impone la necesidad de institucionalizar políticas sociales que sujeten a los propietarios del capital a los intereses del bienestar colectivo. Es la confrontación central que sigue marcando el futuro.

Blog del autor: Historia y Presente
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