“Exigimos el 6% de presupuesto que nos corresponde, no por limosna, sino por derecho. La sociología y todas las luchas se hacen en colectivo” (Asociación de Estudiantes de Sociología)
Hace ya algún tiempo, durante la década de los 80, se le preguntaba a Jorge Arturo Reina, que fungió como rector universitario entre 1973-1979, en gobiernos militares, por qué en la lucha por la defensa de la autonomía universitaria los estudiantes y profesores deberían ser consultados sobre las acciones a ejecutarse, y no solo asumir una decisión unilateral en las negociaciones con el Gobierno. La respuesta fue que el gobierno universitario es uno solo, y la lucha por la autonomía universitaria y recursos para su funcionamiento es colectiva.
Una autonomía que descanse sobre las siguientes bases: a) autonomía absoluta; b) participación paritaria (Gobierno, estudiantes, catedráticos y egresados), c) libertad de cátedra; d) nombramiento periódico de cargos [1]. Una autonomía que también se convierta, con lo fue en el pasado, en bandera de lucha de campesinos, obreros y pueblo en general, ya que la autonomía no solo se defiende, sino también se construye.
No dudamos que la respuesta anterior sería la misma si la pregunta se formulara a Juan Almendarez Bonilla, rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) para el periodo de julio 1979 a 1981, y otros pocos, caso de Jorge Fidel Durón, Hernán Corrales Padilla y Cecilio Zelaya Lozano. Esta respuesta se pone en duda después de 1982, con el llamado asalto de la UNAH por el Frente Unido Universitario Democrático (FUUD) con Osvaldo Ramos Soto y sus padrinos, militares y empresarios corporativos.
Este consenso previo no implica la renuncia al diálogo con el Gobierno y demás fuerzas políticas, sino la manifestación de un discurso coherente y una propuesta de sustento. Se exige el 6% del presupuesto nacional que por ley corresponde o la aprobación de un presupuesto que cubra los programas y proyectos de inversión prioritarios para el fortalecimiento de las capacidades físicas e institucionales de la UNAH (en épocas de vacas flacas), construidos en conjunto; igual como garantía en el cumplimiento de objetivos y metas de ampliación de cobertura, mejora de la calidad en la prestación de servicios y respuesta efectiva a los problemas que enfrenta el alumnado para no abandonar sus estudios universitarios.
Es más, un compromiso para llevar el conocimiento y la investigación a todos los rincones del país de la mano de la ciudadanía, mezclando docencia, investigación y extensión en un solo espacio y con un solo actor social: el territorio.
Se identifican al menos tres factores causales que explican este cambio. A la década pérdida (1980-1989) en lo económico y social, se sumó la crisis de gobernabilidad y represión contra los defensores de derechos humanos y protestas estudiantiles, donde la academia fue vista como subversiva. Hubo varios dirigentes estudiantiles torturados y desaparecidos, y expulsión de docentes universitarios. La reforma universitaria ligada al neoliberalismo de inicios de los 90, donde la orden del día era “eficientar” la UNAH y disminuir el monto del presupuesto asignado. Y, como extensión de ello, modernizar la UNAH sin la academia, es decir, sin un involucramiento directo de los docentes y sus conocimientos.
Después del golpe de Estado (junio de 2009) se evidenció a nivel universitario una política de gestión técnica-administrativa trunca, es decir, con solo un actor y sin la participación de estudiantes y docentes, reflejado en la penetración política de las organizaciones estudiantiles y de docentes, no integración del gobierno universitario y elecciones de autoridades universitarias con la decisión de dueños de partidos políticos.
Antes de la nueva elección del rector de la UNAH, las “apuestas” daban pocos votos al abogado Odir Fernández, para ser electo como rector universitario, ya que, según los números de clasificación, estaba detrás de Nelson Ávila, líder de la corriente interna 5 de “Julio” de Libertad y Refundación (LIBRE), el Doctor Marco Tulio Medina, médico y científico reconocido internacionalmente, y Víctor Ramos, doctor, poeta, escritor, etc. Los rumores dicen que “Mel” Zelaya nunca compaginó con Nelson Ávila, aunque él diseño el Programa Red Solidaria de Xiomara Castro en su gobierno, desplazó por decreto al Doctor Medina por ser miembro activo de Partido Liberal, y también no compaginar con Víctor Ramos por ser un intelectual crítico no marxista “panfletario”.
Lo cierto es que el rector, Odir Fernández, ha mejorado la capacidad institucional para atender las demandas de los estudiantes que han visto de nuevo en la UNAH su principal espacio para avanzar en el conocimiento académico. Este argumento es válido por la evidencia y los testimonios de los alumnos, no por el discurso político y aval de los que el Gobierno de Xiomara Castro contrató para cumplir las promesas en educación y salud. Hay un programa válido de becas para compensar los costos de ingreso a la UNAH y consumo, una flota de buses para los que no pueden pagar y bonos alimentarios.
Hay avances en la acreditación de la UNAH con rango internacional, con alumnos de varios países, aumento del número de alumnos para participar en la aplicación de la Prueba Hondureña Universitaria de Medición Académica (PHUMA), y más postgrados y maestrías certificadas.
El problema, no del rector, es ver como enemigos a los docentes, siguiendo el enfoque tradicional neoliberal que busca convertir la gestión técnica administrativa de la UNAH en algo parecido a una empresa privada. Tienes que marcar tarjeta (no todos, los abogados no marcan), justificar una “pringa” de ausencia, y tienen que solicitar permisos por menos 1 hora, etc., pero no interesa cómo preparar la clase, cómo llegas a la UNAH, el tiempo que dedican a reunionismo burocrático, y esperar y financiar a los alumnos por no tener internet. Los docentes dicen que esta perseguidora se debe a que las actuales autoridades dejaron en sus cargos a funcionarios de los gobiernos anteriores, pero todavía no hay un listado de ellos.
Recién, sin consenso con los actores de la comunidad universitaria, las autoridades en reunión con funcionarios de la Secretaría de Finanzas y diputados del Congreso de la República, aceptaron un presupuesto de 2026 para la UNAH, donde maestros y alumnos no están conformes. El presupuesto solicitado inicialmente por la UNAH era de 8.602 millones de lempiras, pero se aprobó un presupuesto de 7.753 millones de lempiras, una reducción de 849 millones. La reducción es evidente. El problema es que el cercenamiento del derecho no puede aceptarse como válido, más aun cuando hay indicios de filtración y robo, o sea que los recursos que se quitan a la UNAH no se sabe dónde irán a parar [2].
No obstante, y por la falta de consenso interno, (autoridades, docentes y alumnos), el presupuesto de 7.753 millones de lempiras no es el correcto, ya que el aprobado por el Congreso Nacional y aceptado por el Rector de la UNAH fue de 7.160 millones de lempiras.
El Consejo Universitario en el órgano máximo de dirección superior de la UNAH, “responsable de concertar y generar las políticas y estrategias de la gestión universitaria, con visión de largo plazo; realizar contraloría social, evaluar y reorientar el cumplimiento de los objetivos trascendentales de la UNAH; velar por la transparencia, la autonomía universitaria y los intereses del alma mater”. (Artículo 7). Las autoridades universitarias, hoy que ya se conocen los presidentes de las asociaciones de estudiantes, deben abrir espacios para el diálogo y consenso frente a terceros en un tema que afecta la autonomía universitaria, pero también con los docentes y quitar ese enfoque “carcelario” de la gestión académica.
Implica el involucramiento activo de docentes y estudiantes en el proceso de planificación estratégica de la UNAH, integrándose a la formulación y evaluación de instrumentos cómo la Estrategia de Desarrollo de Mediano y Largo Plazo, el Plan Estratégico Institucional, Plan operativo y presupuesto anual, programa de inversiones con cartera de proyectos actualizada, y las agendas de trabajo por centros regionales y facultades. Los representantes de estudiantes y docentes al Consejo Universitario deben gozar de credibilidad, pero también aquellos de sociedad civil y los tipificados como observadores de las asociaciones de estudiantes, docentes y trabajadores.
Notas:
[1] Ver para ampliación a Oscar Armando Valladares “Universidad y autonomía: Un encuentro del presente”. UNAH, 1979.
[2] Para miembros de la Federaciónde Estudiantes Universitarios (FEUH), esta resolución del Congreso de la República “no es más que una gravísima violación a la autonomía administrativa y financiera de la UNAH Universidad Nacional Autónoma de Honduras pues condiciona a que la SEFIN identifique, o no, dinero para reorientarlo hacía la UNAH, pero en ningún momento plantea la obligación que esto suceda ni tampoco que se alcance la cifra que ahí se plantea. Convirtiéndose así en una disposición que ata de manos a la comunidad universitaria quedando al criterio de la voluntad política del actual Gobierno, misma que ya vimos está lejos de ser la de dar más dinero a la educación. (FEUH,22 Abril 2026)
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