El pésimo manejo por parte de las autoridades de la Unión Europea (U.E.) del proceso migratorio de millones de africanos y asiáticos que se volcaron desesperados sobre el continente a partir del 2011, producto del incremento por parte de la OTAN, encabezado por los Estados Unidos en su “lucha contra el terrorismo”, provocó que para dar respuesta a sus comunidades donde comenzaba a despertar el fascismo larvado por décadas en aquellas sociedades, respondieran de la única manera que saben hacerlo: violencia y persecución en su territorio, mientras más allá de las fronteras establecían sistemas de control feroces, al tiempo que sobornaban con miles de millones de dólares a gobiernos como de Marruecos, Libia, Túnez, Egipto y Turquía, para que contengan en sus territorios a como dé lugar a las olas de desesperados que llegaban y continúan llegando hasta las costas del sur del Mediterráneo escapando de las políticas trazadas desde Washington, con que decían combatir al terrorismo “islámico”.
Desde entonces la historia es muy conocida, aunque no se conocen tanto los costos en vidas que esos planes han provocado. Obligados a embarcarse en impróvidos lanchones que cargados mucho más allá de su capacidad no tuvieron la suerte de llegar a ningún otro lugar que al lecho del Mediterráneo, generando un número de desaparecidos que jamás conoceremos, aunque nunca puede ser menor a las 50.000 almas. Sin mencionar a los varios miles de perdidos en procura de las islas Canarias o los que han muerto exhaustos en los caminos inciertos del Sáhara o del Sahel, abandonados en las peores condiciones por traficantes, que prefirieron eso antes de caer en manos de gendarmes o militares.
Seguramente, a algo de todo esto responden los sucesos que se están dando en la ciudad de Belfast desde el pasado martes 9 después de que se conociera que en la noche del lunes, según lo ha denunciado la policía, un refugiado de origen sudanés atacó con un cuchillo a un ciudadano británico de manera sorpresiva en una calle de Belfast, la capital de Irlanda del Norte.
Como si estuviera preparado, apenas se conoció el incidente, que fue rápidamente viralizado en las redes, miles de personas salieron a protestar a las calles, desatando una oleada de violencia que se constituyó en verdaderos pogromos que días después de haber empezado, parecen estar lejos de aplacarse.
Hasta ahora se conoce que en Belfast fueron por lo menos doscientas las familias obligadas a buscar refugio en hoteles o en casas de familiares después de que sus viviendas y vehículos fueran atacados. Al tiempo que los protestantes fueron informando en las redes meticulosamente día tras día cuáles serían los blancos a atacar en cada jornada. El Servicio de Bomberos y Rescate de Irlanda del Norte informó que recibió más de 250 llamadas y pedidos de ayuda y se vio obligado a intervenir en cerca de sesenta incidentes solo entre la tarde y la noche del martes y solo en la región del Gran Belfast. Mientras que la policía revela datos similares aclarando que en muchos casos debieron intervenir para rescatar ya no solo a familias de inmigrantes, ya que los atacantes las emprendieron contra todo lo que tuvieron a mano.
Desde entonces, decenas de familias de migrantes recuperaron con urgencia la memoria de por qué habían abandonado sus aldeas en el Kordofán sudanés, en las montañas del Hindu Kush; antes y ahora, las mismas llamas volvieron a devorarlo todo.
En esta oportunidad, en vez de muyahidines cubiertos con sus kufiyas, eran fascistas encapuchados que arrojaban molotovs contra sus viviendas, obligándolos a escapar dejando todo atrás una vez más.
Hordas de fascistas de hasta cien integrantes encapuchados, derribando puertas a patadas y golpes de barretas de hierro, ingresaban a ellas al grito: ¡Fuera extranjeros!
Los disturbios fueron encabezados por el dirigente antinmigración, de nacionalidad británica Stephen Christopher Yaxley-Lennon, alias Tommy Robinson, Andrew McMaster o Paul Harris, fundador y antiguo líder de la Liga de Defensa Inglesa autodenominado “activista antirredes de abusadores de menores”. El mensaje en X de Yaxley-Lennon, que decía “¡Solo si protestamos repetidamente y en voz alta habrá algún cambio!”, fue reposteado por Elon Musk, que cuenta con 240 millones de seguidores.
Los ataques contra los barrios donde se alojan las minorías étnicas se generalizaron al ritmo que más hordas de fundamentalistas blancos se sumaban con la misma razón que un fanático del Daesh o al-Qaeda.
El miércoles el responsable del ataque, que fue atrapado en el mismo momento del hecho por transeúntes que después lo entregaron a la policía, es Hadi Alodid, un refugiado sudanés de 30 años que ya ha sido acusado por intento de asesinato y fue exhibido ante los medios. Mientras tanto su víctima, Stephen Ogilvy, de unos cuarenta años, continúa internado tras haber recibido varias cuchilladas en cuello y espalda, además de haber perdido un ojo; se encuentra hospitalizado, todavía en estado grave.
Hasta ahora se desconoce el estatus migratorio y cómo es que Hadi habría llegado a Irlanda del Norte, aunque algunos protestantes, no sin falta de intencionalidad, responsabilizan a las políticas más generosas de Dublín, por lo que ya se habla de una peligrosa “puerta trasera de Gran Bretaña” que debería cerrarse.
Este fenómeno de violencia no es para nada nuevo en Belfast, ni en el resto de Irlanda del Norte, región que fue teatro de una guerra de casi treinta años conocida como na Trioblóidi, en gaélico o Gaeilge “los problemas”. El conflicto etnonacionalista norirlandés (1960-1998) que terminó tras el Acuerdo de Viernes Santo (1998). Entre el sur republicano y católico, cuyo brazo armado fue el mítico Ejército Republicano Irlandés (IRA por sus siglas en inglés) e Irlanda del Norte, que siguió integrada en el Reino Unido y cuyos grupos de choque, además del propio ejército británico, fueron las conocidas sectas paramilitares Fuerza Voluntaria del Úlster (UVF) y la Asociación de Defensa del Úlster (UDA), en apoyo de los unionistas, mayoritariamente protestantes, que dejaron cerca de cinco mil muertes.
Por un par de días Belfast, y nada dice que no vuelva a suceder, recuperó aquellos días donde también se incendiaron casas, se destruyeron vehículos particulares y ómnibus públicos. Decenas de familias tuvieron que escapar por la sola culpa de ser diferentes. Antes católicos, ahora migrantes, musulmanes o quizás por tener la piel más centrina.
Los otros, el viejo recurso del Úlster
Si bien las diferencias entre protestantes y católicos en el Norte de Irlanda en gran medida se olvidaron gracias al Acuerdo de Viernes Santo, muchos sostienen que sigue siendo una sociedad dividida y los sectores más ultra del protestantismo están siempre dispuestos a retomar el conflicto, alimentado por la falta de integración educativa y social.
Lo que obliga a preguntarse si a lo largo de estos últimos 28 años no se ha podido borrar del todo las diferencias casi imperceptibles a ojos profanos en lo religioso, más allá de la pronunciación de alguna letra en inglés, y ya ni hablar en lo étnico, cómo podrían congeniar los sectores más ultramontanos que responden a Londres para integrar a estas nuevas minorías que cargan sobre sí perjuicios infundados, alimentados por personajes como Yaxley-Lennon, devoto entre otros de Donald Trump, quien no para de fortalecer su discurso de odio.
En Irlanda del Norte, desde 2023, la violencia racial contra migrantes ha adquirido la relevancia que se está viviendo en otros puntos de Europa, donde la extrema derecha está ganando mayor presencia, y el Úlster es el Partido Unionista Democrático (DUP), que no es que se haya forzado a calmar estas tensiones, sino todo lo contrario.
Los incidentes de Belfast se propalaron rápidamente a otras ciudades y condados en el interior de Irlanda del Norte como Londonderry, Antrim, Newtownabbey, Ballymena y Bangor. Aunque también la ola de indignación, sin que se produjeran hechos de violencia, replicó en las ciudades escocesas de Glasgow, Edimburgo y Ayr, y también en Southampton (Inglaterra).
En la ciudad de Sandyknowes, a unos doce kilómetros al norte de Belfast, la policía antidisturbios debió utilizar cañones de agua después de que una turba de 300 individuos quemara un camión y les arrojara ladrillos y cócteles molotov.
En Belfast, han renacido las bestias que hace noventa años hicieron lo mismo en Berlín, en Múnich o Viena, sin que a la mayoría les importe porque no eran… los otros.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC
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