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Dimitió Alexandru Munteanu, primer ministro de Moldavia

Fuentes: Rebelión

El primer ministro de Moldavia, Alexandru Munteanu, anunció el viernes 3 de julio su dimisión tras sostener una reunión con la presidenta moldava, la europeísta Maia Sandu, en medio de críticas por la incapacidad de sacar al país de la crisis económica que atraviesa. El contexto geopolítico anti ruso tampoco es ajeno a la situación.

«Hoy finalizo mi mandato como primer ministro», escribió en su cuenta en redes sociales.
En la publicación, señaló que había aceptado la propuesta de ser primer ministro «con gran responsabilidad y con la firme convicción» de que podía contribuir a que las cosas cambiasen para mejor.
«En el momento en que comprendí que ya no podía ejercer mi mandato de acuerdo con los principios y creencias que tengo, decidí marcharme», añadió.
Aseguró que continuará sirviendo al país «en cualquier función que desempeñe, independientemente de dónde viva o de las responsabilidades que tenga, ya sea en el sector público o privado».
Según trascendió, el día anterior a su dimisión había sostenido «acaloradas discusiones» durante una reunión con Sandu.
Los rumores de su posible dimisión comenzaron en mayo pasado, cuando la propia presidenta negó una posible renuncia de Munteanu, quien juró su cargo en otoño de 2025, al anunciar que pronto presentaría «un plan de crecimiento económico» y asegurar que tenían «muchas otras reformas».
El Gobierno de Munteanu recibió duras críticas por parte de la ciudadanía en la última encuesta realizada por IMAS en febrero.
El medio recordó que casi el 40 % de los encuestados otorgó bajas calificaciones al jefe del Gobierno, mientras que el resto estimó que el Gabinete de Ministros no aportó ningún cambio al país.
Mientras tanto, la presidenta de Moldavia, Maia Sandu, designó el martes 7 como primer ministro en funciones a Eugeniu Osmochescu, quien ocupa también la cartera de ministro de Desarrollo Económico y Digitalización, tras la renuncia de su antecesor, Alexandru Munteanu.
«De conformidad con (…) la Constitución de la República de Moldavia, la jefa de Estado designa a otro miembro del Gobierno como primer ministro hasta la formación de un nuevo Gobierno», indicó la Presidencia moldava en un comunicado citado por la agencia Unimedia. Osmochescu asumió el cargo a partir del 8 de julio.

Moldavia: un nuevo escenario de confrontación donde los intereses de la OTAN por el control de Odesa la enfrentan a Rusia

El pasado 01/10/2025, Eduardo Luque, escribió en El Viejo Topo, “Moldavia, enclave estratégico”:
La histeria que se pretende provocar en los países fronterizos con Ucrania no es una simple maniobra electoral: responde a un objetivo estratégico. Ese objetivo es el control del Mar Negro, un nodo vital para dominar el tránsito marítimo, energético y comercial, donde Odesa –junto a Crimea– se perfila como pieza clave. Para la OTAN, la UE y el Reino Unido, Ucrania y Moldavia representan un frente decisivo para contener a Rusia.
Desde la Guerra de Crimea (1853-1856), Londres sueña con controlar la salida al Mar Negro como vía para frenar la influencia rusa en la región. Documentos y acuerdos recientes entre Reino Unido y Kiev revelan que integrar Odesa bajo control occidental es la finalidad estratégica, en un contexto marcado por la derrota militar del ejército ucraniano.
Macron, por su parte, necesita una victoria militar frente a Rusia para reflotar su imagen pública, hundida con apenas un 17 % de aceptación. Moldavia se convierte, así, en una pieza más de la estrategia geopolítica destinada a asegurar el dominio occidental del Mar Negro y negar a Rusia cualquier salida marítima estratégica sin supervisión. Controlar Moldavia implica presionar a Transnistria -enclave fronterizo con Ucrania donde viven más de un cuarto de millón de rusos y donde están desplegados unos 1.500 efectivos en misión de paz. No solo sería una victoria simbólica (humillar a Rusia conquistando una ex república soviética), sino también un paso decisivo para alterar el equilibrio militar y económico en la región, asegurando una posición dominante que convertiría a Europa Oriental en un peón clave del tablero anglosajón.
En este marco, la Unión Europea ha intensificado su apoyo a Moldavia en los últimos años, especialmente desde 2022, cuando le concedió el estatus de candidato. En junio de 2024, la UE abrió formalmente las negociaciones de adhesión con el país. Además, desplegó la Misión de Asociación de la UE en Moldavia (EUPM), con un presupuesto de más de 19,8 millones de euros, destinada a proporcionar asesoramiento estratégico en el ámbito de la seguridad electoral.
Era clave en esta estrategia que Maia Sandu siguiera en la presidencia en las cruciales elecciones del 28 de septiembre. No en vano, la UE promovió el cuestionado proceso electoral de 2024 que renovó su mandato: Sandu, antigua funcionaria del Banco Mundial, estuvo a punto de perder el referéndum de adhesión a la UE e incluso la propia presidencia. Fue decisivo el voto de la emigración, ampliamente potenciado desde Occidente: para 600.000 censados en la UE se instalaron 240 colegios electorales y se financiaron viajes; en cambio, para los cerca de 500.000 moldavos censados en Rusia se habilitaron apenas dos urnas.
La sociedad moldava, y no sin motivos, ha desconfiado de la casta política pro occidental que ha gobernado el país. Entre 2012 y 2014, dirigentes pro europeos en el poder organizaron una estructura financiera que permitió hacer desaparecer 1.000 millones de dólares (el 12 % del PIB de entonces). Señalados y perseguidos, los autores del desfalco -conocido como «Landromat»- encontraron refugio en países de la UE, que nunca respondieron a las demandas de extradición de la justicia moldava. Con esos fondos, la Fundación Open Dialog financió sucesivas campañas hasta llevar a Sandu a la presidencia. Como en el caso rumano de 2024, la UE solo admite como democráticas las elecciones que le son favorables.
En este momento, la tensión política interna se agravó con la represión previa a los comicios del 28 de septiembre. En las últimas semanas, las autoridades moldavas han detenido a activistas de la oposición bajo el pretexto de medidas de seguridad nacional. Para los críticos con el régimen de Sandu, las detenciones buscaban silenciar la disidencia y consolidar el poder del Partido de Acción y Solidaridad (PAS). Estas acciones, sumadas a la estrategia electoral y a la presión externa, configuraron un escenario de creciente confrontación que finalmente permitió a la derecha pro europea ganar las elecciones.
La provocación actual no debe entenderse como una mera escalada aislada: forma parte de una estrategia deliberada de desestabilización diseñada para provocar a Rusia y justificar la apertura de un segundo frente.
Evidentemente, el objetivo final es más ambicioso que el caso moldavo: Europa -y, en particular, el Reino Unido- busca instalar y controlar militarmente Odesa. La presencia militar francesa en Moldavia añade un elemento de tensión adicional. Tropas desplegadas en la frontera rumana y en el interior del país bajo mando de la UE podrían haberse convertido en un factor clave si los resultados electorales no favorecían los intereses pro occidentales. En tal escenario, no podía descartarse una intervención directa, similar a otras operaciones occidentales en Europa del Este, con el objetivo de asegurar la alineación estratégica de Moldavia y el asalto a Transnistria.
En definitiva, la situación moldava no puede entenderse sin vincularla a un diseño estratégico mayor, donde elecciones, manipulación del voto exterior, represión interna y presencia militar forman parte de un mismo engranaje. Moldavia emerge como nuevo escenario de confrontación geopolítica, un tablero donde se dirimen los intereses de la OTAN y donde el control de Odesa se perfila como clave de la próxima fase de provocaciones de Occidente a Rusia.

El Kremlin amenaza a Moldavia

Moscú reaccionó muy negativamente el año pasado a la adopción por Moldavia de una nueva estrategia militar que señala a Rusia como la principal amenaza para la seguridad de la antigua república soviética.
El portavoz de la presidencia rusa, Dmitry Peskov, declaró a la agencia de noticias TASS que las autoridades moldavas cometían un grave error al «convertir a Rusia en un antagonista» en aras de la construcción de relaciones con Europa.
«Creen que la línea de construir relaciones con Europa implica un antagonismo total con Rusia», dijo Peskov. Este error ya lo ha cometido un Estado. No ha aportado nada bueno a este único Estado». Peskov no especificó a qué «un Estado» se refería, aunque sus palabras aluden a Ucrania.

Estrategia militar moldava 2025-35

El 8 de octubre de 2025, el gobierno moldavo aprobó la Estrategia Militar para 2025-2035, que define las principales direcciones de desarrollo del sistema de Defensa nacional. Su objetivo es reforzar la capacidad de defensa del Estado y su adaptación a las nuevas realidades de seguridad mediante la modernización de las Fuerzas Armadas, y prevé un aumento del gasto militar hasta al menos el 1% del PIB.
Entre los riesgos y amenazas militares para la seguridad nacional enumerados en el documento figura «la continuación de la agresión militar de la Federación Rusa en Ucrania con su posible extensión a la República de Moldavia».
«La invasión de Ucrania por parte de la Federación Rusa y la ocupación militar del territorio soberano ucraniano representan la crisis de seguridad más grave de Europa en las últimas décadas», afirma el documento. La guerra en Ucrania representa una fuente de importantes amenazas para la seguridad de la República de Moldavia, que ya se ha manifestado en la violación de la soberanía nacional en el espacio aéreo. La continuación de las hostilidades en Ucrania aumentará aún más la vulnerabilidad de las infraestructuras y la población del país frente a ataques aéreos deliberados y/o involuntarios. Además, la posible expansión de los territorios ocupados por la Federación Rusa representa una grave amenaza directa para la seguridad y la condición de Estado de la República de Moldavia, ya que la creación de un corredor terrestre hasta las fronteras del país puede suponer una presión política y territorial adicional sobre la República de Moldavia».
La presencia de militares rusos en Transnistria se mencionó como otra amenaza: «Las formaciones armadas del régimen inconstitucional de la región de Transnistria representan una amenaza directa para la seguridad de la República de Moldavia, ya que pueden utilizarse para contribuir a la consecución de los objetivos estratégicos tanto de este régimen como de la Federación Rusa, estimulando, propagando y agitando estados de conflicto y tendencias encaminadas a la desestabilización política y social de la República de Moldavia».
El 28 de septiembre, el partido gobernante pro europeo Acción y Solidaridad ganó las elecciones parlamentarias moldavas. La presidenta Maia Sandu ha acusado repetidamente a Moscú de interferir en los asuntos internos del país y de intentar influir en el resultado de los comicios para llevar al poder a las fuerzas pro rusas. Según Peskov, los políticos pro europeos de Moldavia, «habiendo retenido el poder, continúan su línea poco amistosa» hacia Moscú, lo que el Kremlin «lamenta».

Fuentes: Infobae, EFE, El Viejo Topo, Euronews  

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.