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¿A quién interesa un conflicto en Corea del Norte?

Fuentes: Fundación de la Cultura Estratégica

En caso de guerra con Corea del Norte, Estados Unidos se enfrenta a un desafío militar quizás como nunca antes en los últimos setenta años. Esta es la razón del por qué un poder disuasivo convencional es en realidad más importante que un poder disuasivo nuclear si pensamos de manera realista una situación de guerra. […]


En caso de guerra con Corea del Norte, Estados Unidos se enfrenta a un desafío militar quizás como nunca antes en los últimos setenta años. Esta es la razón del por qué un poder disuasivo convencional es en realidad más importante que un poder disuasivo nuclear si pensamos de manera realista una situación de guerra. La desventaja es que la República Popular Democrática de Corea es plenamente consciente de que si responde a un ataque de EEUU, aunque sea de carácter limitado y solo contra instalaciones militares, el país sería catalogado como agresor allanando así el camino para una mayor intervención extranjera.

Para responder esta pregunta, es necesario examinar lo que implicaría un ataque de EEUU contra Corea del Norte. Baste decir que, como ha admitido el senador neoconservador John McCain, que EEUU no sería capaz de defender Seúl (ni sus bases militares cercanas) en las primeras 24-48 horas de conflicto. Una ciudad de 20 millones de habitantes, junto a bases militares que contienen miles de soldados sufriría una pérdida indescriptible de vidas.

Sin duda EEUU sufriría grandes pérdidas, revelando así debilidades que podrían ser aprovechadas en futuros conflictos, estimación que necesitaría ser considerada si se contempla derribar los misiles de Corea del Norte.

Ciertamente China no sería feliz con el riesgo de una catástrofe humanitaria en su propia frontera, por no mencionar que se vería obligada a intervenir en defensa de su aliado (existe un tratado entre ambos países). Japón y Corea del Sur serían golpeados duramente al quedar claramente expuestos a un ataque de represalia de parte de Corea del Norte, por lo que claramente no quieren una guerra con Pyongyang. La gran verdad sobre la península de Corea es que a pesar del hecho que cada país flexiona sus músculos y pareciera listo para actuar, nadie quiere esa eventualidad ya que nadie podría ganar esta guerra y todo el mundo sufriría efectos devastadores tanto económica como militarmente. Eso sin mencionar el alboroto popular que habría con tantas muertes de civiles, y menos aún si ello escala hasta lo nuclear.

En la península de Corea nos enfrentamos a un gran juego estratégico en el que la República Democrática Popular de Corea (RDPC) se vuelve cada vez más difícil de atacar cada día que pasa, gracias a sus fuerzas convencionales más que a su poderío nuclear. Esto es algo que los planificadores occidentales tienden a ignorar con el propósito de evitar acentuar el poder de la RDPC. Desafortunadamente para ellos, esto es algo que es demasiado bien conocido por los soldados de EEUU y especialmente por los surcoreanos, por lo que un verdadero ataque contra la RDPC está absolutamente fuera de cuestión para Seúl.

Por último, hay un aspecto preocupante a considerar por los enemigos de la RDPC: las supuestas modalidades en que la RDPC mantiene y opera sus fuerzas convencionales. En el desfile del 15 de abril se mostraron una gran cantidad de plataformas móviles para el lanzamiento de misiles de combustible sólido. Esto les proporciona dos grandes ventajas: la primera sería la capacidad de lanzar misiles dentro de un breve espacio de tiempo, cosa que minimiza el riesgo de detección durante operaciones tales como recarga de combustible y la segunda, por supuesto, es tener la capacidad de lanzar un misil y luego rápidamente cambiar de posición (disparar y largarse). Con plataformas móviles de lanzamiento es imposible rastrear y destruir todos los sistemas en un ataque preventivo. Esto sería sin introducir en la ecuación los submarinos, que se dice son capaces de lanzar proyectiles balísticos de alcance corto y mediano con ojivas convencionales y nucleares.

Una señal que indica la confusión que prevalece entre los planificadores militares respecto de Corea del Norte puede verse fácilmente con la historia del portaviones USS Carl Vinson. Trump dijo que navíos con gran capacidad de ataque estaban navegando hacia la RDPC con la intención de inducir a Kim a conversar a través de la intimidación militar. Sin embargo, la realidad fue que el grupo del portaviones estaba en realidad a miles de kilómetros continuando su navegación en dirección opuesta. Aún sin esta ridícula situación la ventaja militar norteamericana apenas si funcionaría con la RDPC por las razones expuestas anteriormente.

Con esta metedura de pata sin precedentes, EEUU está por lo menos internamente dividido en cuanto a lo que tiene que hacer enviando un mensaje conflictivo a sus aliados, dejándolos con un conjunto de interrogantes como ser ¿Tiene Trump verdaderamente el control de las fuerzas armadas? ¿Se pueden tomar sus palabras en serio? ¿Es coherente con sus intenciones? Los primeros 100 días de la presidencia de Trump plantean estas preguntas, y en escenarios difíciles, como en la península de Corea. Al final del día en Corea estamos enfrentados con muchas cortinas de humo, amenazas y promesas. Pero, siendo realistas, nadie quiere un conflicto.

Por el contrario, la retórica belicista virtualmente recompensa a todos los actores involucrados.

Japón y Corea del Sur tienen como objetivo una mayor participación de EEUU en la región pero por muy diferentes razones. La élite de Corea del Sur está en crisis. Park Geun-hye, hija del fundador del país, ha sido multada por corrupción y el nuevo presidente pareciera tener posiciones respecto de la RDPC y la alianza con Estados Unidos que difieren bastante con las de sus predecesores. El peligro que ve EEUU es que una parte considerable de la élite surcoreana prefiera un cambio de una política fuertemente anti RDPC y pro Estados Unidos hacia una más equilibrada, especialmente con China, socio principal de Corea del Sur. La mejor solución para impedir este cambio es elevar el nivel de tensión con Corea del Norte (y, como consecuencia, con China) con el objetivo de consolidar su presencia en el país (vemos el urgente despliegue del sistema THAAD, al que el nuevo presidente Moon Jae-in parece oponerse).

El caso japonés es aún más explícito, con la visión nacionalista de Abe apuntando hacia una revisión constitucional que eliminaría los límites impuestos sobre las fuerzas armadas de Tokio. Por supuesto que la industria de guerra de EEUU se beneficiaría, siempre lista para vender armamento de todo tipo a Japón con el objeto de asegurar a su aliado contra «la amenaza de Corea del Norte». China y Rusia parten desde supuestos diferentes en sus relaciones con Corea del Norte, pero ambos tienen suficientes problemas en el escenario mundial como para involucrarse en una crisis abierta en torno a la RDPC. Obviamente que a Moscú y a Beijing les gustaría una resolución diplomática razonable, negociada entre varios actores, con el telón de fondo de conversaciones con la República Islámica de Irán sobre asuntos nucleares.

Esta última cuestión, como hemos visto, es difícil de alcanzar entre Washington y Pyongyang debido a la falta de confianza mutua. En el caso de una negociación prolongada con otros actores regionales y globales, quizás Beijing y Moscú podrían asegurar la inviolabilidad del territorio de la RDPC a cambio de un desarme que podría conducir hacia el levantamiento de las sanciones y del embargo sobre Pyongyang.

Esto sigue siendo una consideración controvertida, ya que Rusia y China tendrían que proporcionar ayuda militar a la RDPC al no contar esta con disuasión nuclear. Desde otro punto de vista, son las fuerzas convencionales de Corea del Norte las que brindarían la verdadera disuasión de manera tal que una propuesta de paz planteada por diferentes actores debería ser considerada como una segunda salida posible para las tensiones en la región.

¿Qué pasará después?

En primer lugar, un resultado probable es la inmovilidad y la falta de acción enérgicas declaraciones llenas de amenazas, tanto de EEUU y sus aliados como también desafiantes respuestas de parte de Pyongyang. Personalmente, estoy convencido que a Kim le agradaría el reconocimiento del status de su país como potencia nuclear a cambio de poner fin al desarrollo de armamento nuclear y por ende estandarizar las relaciones con sus vecinos y Estados Unidos y obtener así una mayor independencia de China.

No debe sorprender que Pyongyang tenga también una visión más multipolar en su política exterior, pero esto depende más de Washington que de Beijing. Desgraciadamente, es difícil imaginar una resolución inmediata de la situación dado que Japón y Corea del Sur están comprometidos en mantener un clima hostil hacia la RDPC en la región, apelando a la participación de EEUU. Es probable que la situación no degenere, sino más bien regrese a la normalidad en la medida que las tensiones en la región disminuyan progresivamente sin contemplar ninguna concesión en particular desde ningún lado.

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article2243