El futuro de la humanidad no está escrito. No porque seamos libres en abstracto, sino porque el determinismo tecnológico es tan falso como el optimismo ingenuo. La historia no tiene piloto automático. Pero tampoco es una pizarra en blanco. Las condiciones materiales, las infraestructuras energéticas, los flujos de poder, las herencias del pasado: todo eso pesa. Y pesa mucho.