En una Europa sometida a Estados Unidos, en detrimento de sus propios intereses, un país logra sin embargo salvar el honor del Viejo Continente: la España de Pedro Sánchez. Fiel a los valores ancestrales del pueblo ibérico, el jefe del Gobierno socialista se niega a inclinar la cabeza y aceptar la ley del más fuerte, exigiendo el respeto de los principios fundamentales del derecho internacional.