La contundencia de los resultados arrojados por el plebiscito del pasado 25 de octubre constituyen un hito político de gran trascendencia. Arroja importantes luces acerca de las posiciones que las distintas clases sociales van tomando frente a la crisis del actual esquema de dominación burguesa.
Categoría: Chile
Chile se enfrentó este domingo ante un desafío histórico por lo inédito: su pueblo fue consultado por primera vez en sus anales si quería o no una nueva Constitución y, en caso de que la respuesta afirmativa fuese mayoritaria, qué clase de órgano debería ser el encargado de redactar la nueva Carta Magna. Había dos […]
En un plebiscito histórico, el pueblo de Chile decidió modificar su Carta Magna, una de las herencias que había dejado el gobierno de facto de Pinochet. La Convención Constitucional obtuvo más del 80 por ciento de los sufragios.
Que no nos vengan con que es el tiempo de la esperanza. Es ahora el tiempo de la ira y de la rabia. La esperanza invita a esperar. La ira conduce a indignarse, a organizarse y a separar los oprimidos de los opresores cualesquiera sean sus colores, sus promesas o sus vestimentas. La ira exige razonar y organizarse en justicia, libertad y autonomía. Este es el tiempo de la indignación y de la ira. Después de la ira viene la esperanza. En el mundo de hoy razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación y el fervor, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado. Que así sea, será en su tiempo nuestra esperanza (Adolfo Gilly).
No podemos pasar por alto el contexto en el que se origina el “Acuerdo por la paz y la nueva constitución” la madrugada del 15 de noviembre. Pasado casi un mes del inicio de la revuelta, el pueblo se volcaba cada vez con más fuerzas y multitudinariamente a las calles, la crítica al sistema económico-social era generalizada y se avanzaba en la consciencia de la necesidad de la organización popular.
A sólo un día que se realice el plebiscito por el apruebo o rechazo para una nueva constitución, se han generado muchas expectativas, pero también incertidumbre sobre lo que ocurrirá con el proceso posterior a la votación del 25 de octubre.
Si queremos que el plebiscito se convierta en una victoria histórica de la democracia, las opciones Apruebo y Convención Constitucional tienen que recibir una mayoría abrumadora de votos, millones de votos, una marejada de voluntades ciudadanas.
Carlos Peña, congraciándose con quienes mutilaban impunemente a un pueblo indefenso, aseguró al mundo, hace exactamente un año atrás, que esos seres humanos que exigían dignidad en las calles de Chile no eran más que “pandillas desordenadas”.
Afortunadamente, el debate sobre el poder popular vuelve a emerger. En realidad, a grandes rasgos, siempre ha estado ahí: en consignas, discusiones, modos de representar la práctica política, formas de organización, etc. Sin embargo, tras las revueltas de octubre de 2019 en Chile, y desde un amplio arco de movilizaciones en América y el mundo, necesariamente la continuidad de la presencia de la idea de poder popular se sitúa entre nuevos significados. No es tarea de este prólogo realizar una caracterización del profundo ciclo político que comenzamos a vivir, pero sí lo es dar cuenta de ciertos contenidos teóricos, históricos y contingentes que permiten problematizar la noción de poder popular, aportando elementos para evaluar el actual momento político y su densidad estratégica.
Un año después del estallido social del 18 de octubre de 2019, decenas de miles de habitantes de Santiago tomaron la Plaza Dignidad y extensos alrededores de la misma en desafío al gobierno derechista de Sebastián Piñera, quien intentó durante toda la semana infundir temores anticipando actos de violencia y presumiendo acerca de los 40 mil carabineros listos para reprimir que, finalmente, no se animaron a salir a las calles.