Manuel Cabieses Donoso

Artículos

Los fundadores de la doctrina revolucionaria rayaron la cancha con las condiciones objetivas y subjetivas. La situación ideal para dar un paso al frente es la conjunción de ambas. Pero ningún revolucionario –desde Lenin a Fidel Castro- esperó ese equinoccio de condiciones para iniciar la lucha. Esas reglas, en cambio, se convirtieron en la biblia del reformismo social demócrata, sombra tutelar del capitalismo.

Los añosos partidos opositores -Radical: 133 años; Comunista: 99; Socialista 88; Demócrata Cristiano: 64; etc.-, curtidos en mil entreveros, deberían ser más astutos -y resueltos en las convicciones que dicen tener-. No obstante, la centro izquierda se comporta como cándida Caperucita Roja, la del cuento de Perrault, confunde al lobo con su abuelita, hace preguntas tontas, se conforma con respuestas cínicas y termina en el vientre de la bestia.

Los partidos opositores abusan de la paciencia del pueblo y eso puede costarles muy caro. Al filo del límite para inscribir candidatos a la Convención Constitucional, todavía resulta imposible consensuar una lista única -con participación también de líderes de opinión independientes- que permitiría derrotar a la derecha feroz disfrazada de oveja.

Los partidos políticos parecen haber olvidado la Convención Constituyente que diseñará la nueva institucionalidad del país. Están en otra, aceitando oxidadas maquinarias para surfear la ola de elecciones que se avecina. Los candidatos surgen como callampas después de la lluvia.

El honor de encabezar el arrasador triunfo del Apruebo y Convención Constitucional, hay que atribuirlo a los jóvenes, tanto a los de edad como a los de espíritu. Fue decisiva la participación masiva de jóvenes que votaban primera vez, y de los viejos robles que desafiaron la pandemia (más de 500 mil contagiados y 14 mil muertos en el país) para expresar su voluntad.

Si queremos que el plebiscito se convierta en una victoria histórica de la democracia, las opciones Apruebo y Convención Constitucional tienen que recibir una mayoría abrumadora de votos, millones de votos, una marejada de voluntades ciudadanas.

Si para construir una alternativa de Izquierda sólo se necesitara fundar un partido, ya se sabría. Pero llevamos años insistiendo con ese método, sin resultados.

La Izquierda chilena –y también la de más allá- necesita poner al día su programa, métodos de acción y referentes ideológicos para convertirse en alternativa de poder. El plumero revolucionario debería ser implacable con las telarañas del dogmatismo y con el polvo del oportunismo.

El bloqueo a Cuba y Venezuela es un crimen de lesa humanidad que merece el castigo de la Corte Internacional de Justicia y la protesta de las naciones del continente.

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