La ciudad de San Salvador se levantó a los pies del volcán del mismo nombre, y el riesgo de deslizamientos que causan tragedias está siempre presente, como el ocurrido en septiembre de 1982, en el que murieron unas 500 personas en la capital de El Salvador. Convertirla en una ciudad esponja es la nueva iniciativa para reducir el impacto de esos fenómenos.