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¿Cómo se sale de este shock?

Fuentes: Rebelión

Escuchando los comentarios en prensa, radio y televisión me he dado cuenta que Gabriel García Márquez murió en el 2014. Y he releído de nuevo aquella memorable carta suya a Bush (que muy bien hoy podría ser dirigida al Sr. Obama, laureado con el premio Nobel de la Paz), reflexión sobre aquel aciago día 11 […]

Escuchando los comentarios en prensa, radio y televisión me he dado cuenta que Gabriel García Márquez murió en el 2014. Y he releído de nuevo aquella memorable carta suya a Bush (que muy bien hoy podría ser dirigida al Sr. Obama, laureado con el premio Nobel de la Paz), reflexión sobre aquel aciago día 11 de septiembre del 2001, del llamado 11-S en Nueva York.

 

Ilustración de Josetxo Ezcurra

1.- Señor Bush:

«¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80.000 hombres mujeres y niños. Otros 250.000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.

¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.

2.- Rajoy:

En Madrid se sufrió otra tragedia, esta vez el 11 de marzo del 2004, la del 11-M. Y una mujer rubia, ojerosa y vestida de negro, Pilar Manjón, les interpeló por entonces:

«¿De qué se reían señorías? ¿Qué jaleaban? ¿Qué vitoreaban?… Se está hablando de la muerte y de heridas de por vida padecidas por seres humanos. Que nuestro dolor centre sus conclusiones. Tienen la obligación de evitar otro atentado». Hablaba en riguroso luto y con el bolso de mano la madre de Daniel, su hijo de 20 años víctima del 11-M en el tren del Pozo camino de la universidad de aquel jueves, luego de las 7,30 de la mañana.

Aquel trágico 11 de marzo, en el que murieron 191 personas, era jueves y el 14 se celebraban elecciones generales. El Gobierno de Aznar mintió descaradamente a la ciudadanía y acusó mendazmente a ETA de la matanza, convencido de que tal acusación le aportaría la victoria. Curiosamente quien entonces proclamó con voz sonora que no había sido ETA y desenmascaró con contundencia la falacia aznaril hoy está en la cárcel y se llama Arnaldo Otegi.

Aquí hubo 191 muertos blancos, pero allí, en Irak, en Afganistan, en Libia, en Siria, en Palestina… hace tiempo que son millones los muertos, innumerables los heridos, los tullidos, los lisiados, los torturados, los violados. También ellos tienen madres ojerosas, que no son rubias, que son morenas y que sienten el dolor tanto -quizá más- que las rubias europeas. Son cientos los asesinados a diario por nuestras guerras, por nuestras armas, por nuestros soldados, por nuestras bombas de racimo, los asesinatos financiados con nuestra pasta y nuestro negocio de dolor y muerte. Al frente del ministerio de Defensa tiene usted, Sr. Rajoy, un fabricante del negocio de las armas.

En aquel juicio del 15 de febrero al 2 de julio del 2007, tras 57 sesiones señalando con el dedo índice a 28 personas yo esperaba que en Madrid alguien se acordara de los miles de asesinados por el Gobierno terrorista español y otros gobiernos terroristas occidentales, por empresas de aquí y conciudadanos cómplices. Esperaba que alguna madre rubia y ojerosa, algún familiar español, transido de dolor, se acordara, nos acordáramos de los asesinados allí, de aquellos muchachos masacrados en los mercados, en la calle, en sus casas, en el bus, en la universidad, de aquellas madres asesinadas amamantando a sus hijos o recogiendo a sus hijas luego de ser violadas por terroristas de acá, quién sabe si familiares de los aquí asesinados. Esperaba que alguien dolorido y digno clamara en la sala, alzara la voz y exigiera justicia a jueces y al mundo. Pilar Manjón, ¿por qué no levantaste la voz como aquel 16 de diciembre, por qué aplaudiste al oír el visto para sentencia? ¿Acaso estaban allí todos los asesinos de tu hijo, los asesinos de vuestros familiares? ¿Por qué no estaban sentados en ese banquillo de muerte Aznar y sus ministros, que patrocinaron el asesinato y la muerte de un pueblo? ¿Y el Gobierno de los EEUU y el del Reino Unido? ¿Dónde se sentaba la Cope de los obispos, dónde Pedro J. Ramírez y su Mundo de mentira? ¿Acaso estaban sentados en ese largo banquillo vuestro Gobierno español y sus cómplices de guerra y muerte, los oficiales y soldados -parte de ellos sudamericanos pobres, que no hijos de parlamentarios y generales españoles- financiados con el dinero también de los que nos oponemos a esa inhumana sangría? ¿Acaso creen ustedes que aquéllos no sufren? ¿Qué juzgan ustedes? ¿Qué aplauden ustedes? ¿Qué condenan ustedes?

3.- Señor François Hollande:

No es la reflexión de un colombiano pero sí la de un destacado escritor argentino, Carlos Arnárez, un hombre bregado en el periodismo y comprometido con un mundo mejor, quien analiza la matanza del 13 de noviembre en París, la del 13-N:

«No es misterio para nadie y menos para los devaluados Servicios de Inteligencia francesa, que muchos de los humillados, desempleados y perseguidos por leyes draconianas y racistas que habitaban en la «Banlieue» parisina, fueron cooptados primero por el Frente Al Nusra y luego directamente por el ISIS para que sean parte de la experiencia de sembrar el terror en Siria e Iraq y lo más paradójico es que salieron desde el territorio francés en numerosas ocasiones con el visto bueno de un gobierno que los sintió como sus «soldados de avanzada». En ese momento, las masacres que esos mercenarios producían en Mossul, Raqqa, Aleppo, Homs o en Palmira, no preocupaban a Sarkozy ni tampoco a Hollande. Eran «daños colaterales» lejos de la comodidad parisina que hasta ese momento parecía blindada, inviolable. Tampoco dijeron nada importante del atentado sangriento cometido esta semana en El Líbano y seguramente muy festejado en Tel Aviv o en la Casa Blanca, ya que en esa ocasión la matanza ocurría en un barrio controlado por Hezbolah. En este caso, los muertos eran tan árabes como los palestinos asesinados en estos días en Cisjordania o en Gaza, cuyos nombres no cuentan para los grandes medios, como tampoco el dolor de sus familiares o las imágenes dantescas de sus viviendas arrasadas. Eso no tiene más que un nombre: doble rasero, praxis mentirosa, odio al diferente.

[…] los que pagan los errores de los poderosos siempre son los ciudadanos de a pie, cuya única culpabilidad, si es que la tuvieran, quizás sea votar y catapultar a la presidencia, a esos asesinos seriales que luego los condenan a la muerte».

*

Nuestro minuto de silencio, nuestro grito solidario con los muertos y heridos, debe ir dirigido también contra nuestros gobiernos asesinos, exportadores de guerra y destrucción. Las muertes de allí también son muertes nuestras, confeccionadas y arrojadas por la rapiña de gobiernos sumisos a intereses de saqueo, mafia y guerra. Ante nosotros se alzan nuevas elecciones, arrojemos de los parlamentos y la vida pública a los mensajeros, promotores y asesinos de hombres y pueblos, a los exportadores de guerra. Muertes ni aquí ni allí.

Y para esos cientos de muertos a diario, causados allí en gran parte por nuestras guerras de intereses mercenarios, ajenos a los ciudadanos, y nuestras bombas no hay minutos de silencio delante de ayuntamientos, ni velas ni rosas en las calles. Ni tampoco reuniones de gobiernos y altos mandos, ni investigaciones de los asesinatos perpetrados, ni fiscales acusadores o condena de jueces. Las cloacas de los estados se hallan amparadas en nuestros gobiernos por siete llaves. Ante ellos guardamos un silencio cínico, bestial, tomamos un café escuchando las intervenciones de nuestros ministerios y gobiernos de guerra y asesinato. En cambio nuestros muertos nos quitan el apetito.

A veces me pregunto si los atentados en nuestras calles y plazas no tienen un motivo solidario y una invitación de humanidad, despertar en nosotros una lágrima solidaria por las muchas derramadas a diario en las calles y plazas de allí. O no ser tan cínicos antes las muertes de aquí y allí.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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