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El camino de Sarkozy

Con yates, gastronomía y lujo se estrena el conservadurismo

Fuentes: Rebelión

Apenas había sido notificado de su elección, Nicolás Sarkozy se reunió con sus amigos banqueros y de la bolsa de valores en un epicúreo banquete. La misma noche de las elecciones la burguesía se bañaba en champán y reía satisfecha en uno de los más ostentosos restaurantes de París. De ahí Sarkozy se fue a […]

Apenas había sido notificado de su elección, Nicolás Sarkozy se reunió con sus amigos banqueros y de la bolsa de valores en un epicúreo banquete. La misma noche de las elecciones la burguesía se bañaba en champán y reía satisfecha en uno de los más ostentosos restaurantes de París. De ahí Sarkozy se fue a dormir, no a su casa, sino a un hotel de cinco estrellas, el Fouquet´s de Champs Elisées. A la mañana siguiente tomó un jet ejecutivo, un poderoso Falcon, y se fue al centro del Mediterráneo, a la isla de Malta, donde abordó el yate Paloma, de sesenta metros de eslora, de un amigo millonario.

Hasta la prensa amiga tuvo que criticarlo. Su partido le obligó a regresar. Así que una excursión que iba a prolongarse por diez días se vio reducida a tres. Mientras tanto ocurren enormes motines en las calles de las grandes ciudades. Centenares de autos incendiados, vidrieras quebradas, hogueras en las calles. Los sometidos protestan porque saben lo que les espera.
Primer gran error de un gobierno que ya anuncia cuál será su estilo: gobernará con la oligarquía, los acaudalados, la élite. ¿El pueblo? ¡Allá él! ¿Los inmigrantes? A ser cazados como bestias y devueltos a sus madrigueras. Represión, restricciones, vasallaje. Sarkozy inicia su camino.
En Francia la tradición conservadora ha sido fuerte. Junto a iluminados humanistas como Montesquieu, Diderot, Rousseau, y Voltaire hubo otros, como Rivarol quien sostuvo los principios de la iglesia y la monarquía y Joseph de Maistre quien defendería la fe católica, sembraría el escepticismo en las conquistas de la revolución francesa de 1789 y se declararía solidario del orden convencional y las tradiciones.
Francia también nutrió el pensamiento nacionalista burgués y contrarrevolucionario de Maurice Barres y de Charles Maurras, de los protofascistas de Acción Francesa y del antisemitismo del proceso Dreyfuss. Cuando Francia fue ocupada por el expansionismo nazi hubo intelectuales colaboracionistas, simpatizantes del fascismo, como fueron Brasillach, Drieu la Rochelle, Petain y Laval.
El cavernario Jean Marie le Pen, representa a la ultraderecha profascista. Ha sido calificado de «siniestro demagogo» por el diario Le Monde, es el continuador de una larga tradición derechista en Francia. Le Pen ha declarado públicamente que los hornos crematorios de Hitler en los campos de concentración no constituyeron más que «un pequeño incidente» en la historia. El Frente Nacional de Le Pen, sostiene un programa racista, antisemita, xenofóbico y de economía de mercado ultraderechista.
El término conservador fue usado, por vez primera por Chateaubriand, partidario de la restauración de los Borbones en el trono francés, y en aquel tiempo significaba la protección de los derechos de las minorías de élite frente a las reclamaciones de la masividad democrática. El pensamiento conservador siempre ha puesto gran énfasis en la continuidad de las tradiciones frente a las rupturas revolucionarias. Desde entonces no ha evolucionado mucho. La tesis conservadora estima que la naturaleza humana básica no es susceptible de modificaciones, por tanto el progreso es inalcanzable, la sociedad debe someterse al imperativo de sus antecedentes.
La supremacía de la fe sobre la razón, de la tradición sobre la libre encuesta, de la jerarquía sobre la igualdad, del individualismo sobre los intereses colectivos, son algunos de los postulados que animan el pensamiento conservador. El derecho de una élite a la dirección social, a un encumbramiento, debido a quienes por su origen, fortuna o educación encarnan una capa superior de la nación, es una de las prerrogativas que reclaman para sí.
Mussolini solía decir que el fascismo es un hecho, más que una teoría. Para Hitler la historia del mundo estaba construida por minorías. Esos dos axiomas, el prevalecimiento por la acción y la arrogancia aristocrática están en el corazón del fascismo, que heredó y desarrolló las premisas del pensamiento conservador.
Ese es el andamiaje ideológico de que está compuesto el nuevo gobierno francés. Sarkozy, en sus primeras acciones tras la elección, no ha hecho más que demostrar el camino por el que ha echado a andar Francia.