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Affaire Navalny

¿Cui bono?

Fuentes: Rebelión

http://revistafuturos.noblogs.org

Sorprende que hasta el momento no haya escuchado ni una vez hablar de un “acontecimiento de falsa bandera”, como posibilidad explicativa, como clave, diría yo, de todo el escándalo político, mediático entre Alemania y Rusia por el “affaire” Navalny.

En rigor no sorprende; confirma el papel de asistencia al poder establecido que tiene el mundo mediático masivo.

¿A quién beneficia el conflicto rusogermánico?

Algunos “analistas” madeinUSA nos lo han aclarado, con ignorancia desembozada o impudicia; un par de veces se han apresurado a declarar que la coincidencia, la alianza en ciernes entre Rusia y su gas, y Alemania y su necesidad de gas, corre hacia el abismo.

¿A quién beneficia que el gas ruso no provea la industria y el consumo alemán?

Es tan elemental que da vergüenza aclararlo: si Alemania se provee del gas ruso, deja de depender de las fuentes energéticas manejadas por Occidente, los viejos Aliados; el eje EE.UU.-Reino Unido, fundamentalmente.

Ni a “Los 5 Ojos” (que ahora son 6)[1], ni todas las redes corporativas de origen occidental están interesadas en ceder un espacio energético de semejante relevancia a Rusia. Pero además, tampoco EE.UU. y el Reino Unido tienen interés en que el gigante alemán crezca a la sombra de la energía rusa que a la larga crearía un nuevo polo o eje del poder mundial.

Porque Europa no tiene más remedio que mantener un papel geopolíticamente secundario al carecer de suficiente energía propia para pasar a primerísima potencia (porque en primera, sí, está).

Alemania hizo su propio desarrollo industrial, protagónico en el mundo entero, sobre la base del carbón. Pero eso es historia antigua. En el s. XX, en la segunda mitad, el desplazamiento fue radical, del carbón al petróleo. Y al gas. Y terminando el s. XX, a la energía atómica. Esta última ha generado comprensible resistencia y desconfianza, aunque el optimismo tecnológico no ha sufrido tanta mella como para cambiar las nociones de desarrollo y enfrentar la contaminación generalizada (nuclear y petrolífera; la única más bien condenada es la carbonífera)

Sabemos entonces que Europa tiene un techo bajo, por su pobreza relativa en fuentes confiables de energía.

Por eso, el tecnodesarrollo en Alemania pasaría por una independencia energética que no tiene. Y por eso el acuerdo rusogermano se presenta como excepcionalmente importante. Para Alemania, rompiendo una dependencia; para Rusia, “clavando un pica en Flandes”.

Y por eso, varios voceros occidentales o “independientes” (para muchos son términos equivalentes) anuncian  con mal disimulado alborozo que con la historia de Alexei Navalny el acuerdo rusogermano se va al tacho.

Pero es que acaso los “servicios” de EE.UU., el Reino Unido o Israel no han hecho nunca este tipo de atentados al servicio de una jugarreta mayor? ¿O es que a la obsecuencia y la complicidad de tanto periodismo demócrata que predica independencia y objetividad, se le hace difícil sobrellevar, y más vale ni mencionar la soga en la casa del ahorcado?

Porque no pedimos tanto: sólo que un periodismo con los debidos contactos busque, investigue esa hipótesis. Personalmente, entiendo que cada vez que una fuente casual y ajena menciona el estropicio del convenio de energía rusogermano a punto de firmarse, no puedo dejar de “pensar mal”.  


[1] “Los 5 Ojos”, de la Red Echelon, fundada por “la crema”  anglo de Los Aliados en 1948; EE.UU., R.U., Canadá, Nueva Zelandia y Australia. Hacia el cambio de siglo, fue sucesivamente ampliada por sectores o áreas, con otros países europeos  (siempre con  controles parciales), aunque en 2004 se le otorga a Israel una presencia mucho más permanente que a todos estas últimas incorporaciones.

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