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Uruguay

Déficit fiscal y deuda pública: ¿y la auditoria de la deuda para cuando?

Fuentes: Rebelión

¡Que difícil nos resulta entender algunas cosas cuando hablamos de economía! Y más si hablamos de economía uruguaya. Tal vez sea porque se la considera la ciencia social matemáticamente más avanzada, y a la vez la ciencia humana más atrasada. Esto puede obedecer a que con frecuencia sus vaivenes se abstraen de las condiciones sociales, […]

¡Que difícil nos resulta entender algunas cosas cuando hablamos de economía! Y más si hablamos de economía uruguaya. Tal vez sea porque se la considera la ciencia social matemáticamente más avanzada, y a la vez la ciencia humana más atrasada.

Esto puede obedecer a que con frecuencia sus vaivenes se abstraen de las condiciones sociales, históricas, políticas, que son inseparables de las actividades mercantiles. Absortos en el cálculo, ignoran lo que no es calculable ni mensurable, aquellas emociones de la vida misma, el sufrimiento, la alegría, el amor, el honor, siendo su principal interés o la medida de satisfacción el crecimiento de la producción, la productividad o los ingresos.

La economía puede en el fondo establecer con precisión las tasas de pobreza monetaria, pero ignora la subordinación, la humillación o el dolor que experimentan los pobres. Peor aún, ignoran en muchos casos la confianza o la duda circunstancial en sí misma, y la voluble, excitante, temeraria inclinación a apostar en el casino de las finanzas globalizadas.

Hoy la política del endeudamiento que sufren los países en general es una forma de someterse al imperio del capital, complementaria con la política de honrar la deuda, que no es más que honrar al capital que nos esclaviza. La historia nos enseña que a través de los siglos los imperios han dominado y extraído las riquezas de sus colonias a través del dinero y las armas.

Dardo Arigón señala que «Ambos instrumentos se han perfeccionado y en las últimas décadas crean dinero para invadir el mundo, generando la mayor liquidez y el mayor endeudamiento público y privado que jamás existió. Esto permite extraer la riqueza a los pueblos de manera sencilla, incruenta, permanente y silenciosa, manteniendo a los países en su condición de empobrecidos y excluidos».

«A través del endeudamiento los pueblos se empobrecen y su riqueza (recursos naturales y mano de obra) fluye hacia los países desarrollados.», añade. Uruguay no escapa a esta realidad y sufre la extracción permanente de recursos a través de la Deuda Pública y Privada entre otras vías. Lo que nos lleva a dudar, del mejor de los mundos posibles, acaso Uruguay no tiene datos en materia económica, social y un alto índice de democracia nada envidiables con el primer mundo.

Si incluso muchos intelectuales, comunicadores y académicos enseñan con su «dialéctica de la autoayuda», que hay países que están peor, lo que sin lugar a dudas es cierto. Es obvio que el comentario a la «realidad», sea molesto a tal punto que el análisis comporta desde tiempos inmemoriales diferentes nombres, por ejemplo, opinión, información, comunicación, encuesta, diálogo, entre tantos otros.

En general, el comentario de lo que sucede es considerado como un suplemento periférico y la más de las veces ignorado por la «realidad», menospreciado otras veces, esto sin dudas a causa de la apariencia generalizada, donde el comentario/análisis parece situarse fuera de la temporalidad profana de los «hechos».

A tal punto que el pensamiento crítico es permanentemente avasallado por la deformación de la verdad. Un hecho estratégico de estos tiempos que se retroalimenta permanentemente de la unilateralidad de la comunicación social, muchas veces a través de las redes sociales. Ninguneando a los periodistas, en esta separación interiorizada de la temporalidad total del ser humano, generalizada y materializada socialmente, en una especie de resultado histórico de un tipo específico de sociedad.

Y bajo estos preceptos de un pensamiento complejo, resulta difícil dar luz a las tinieblas de la economía, para esto hemos recurrido a un trabajo del Profesor Arigón, que nos permitió esclarecer nuestra ignorancia en la materia.

Es obvio, que el progreso económico fomentado por el «primer ministro» Danilo Astori y su equipo económico se hizo carne y el orden nacido del mismo, dio como resultado más tangible, la evidencia del «éxito».

Y generó a grandes rasgos en tres periodos de gobierno consecutivos, los pilares de su administración basados en una estabilización de precios fundamentada en el tipo de cambio (sobrevaluación monetaria), lo que provoca inicialmente un descenso del tipo de cambio real, sobrevaluando la moneda nacional, atenuando el incremento del Índice de Precios al Consumo, manteniendo la inflación en niveles mínimos.

Sin lugar a dudas, la sobrevaluación de la moneda nacional es un instrumento, -que han llevado a cabo sucesivos gobiernos de Uruguay a lo largo de su historia-, para lograr la estabilidad de precios, que proyectada hacia al exterior genera entre otras cosas la imagen de una economía estable, atractivo esencial para la afluencia de capitales.

En este marco confluyen, las inversiones directas extranjeras (IDE) que disponen de importantes exoneraciones tributarias, verdaderos subsidios directos e indirectos, condiciones muy ventajosas y la libre disponibilidad de los recursos naturales del país. Pero también ingresan capitales especulativos y desestabilizadores. Todo este ingreso de capitales incrementa la oferta de moneda extranjera, reduciéndose su precio y generando más atraso cambiario. Ahora bien, la praxis demuestra que mantener el atraso cambiario endeuda al Estado uruguayo, el libre ingreso de capitales sin restricción alguna -sean productivos o especulativosn, aumentan la oferta en dólares, además de hacer que la producción nacional pierda competitividad.

Para evitar que la moneda nacional se sobrevalue de manera incontrolable y perjudicial por la oferta en dólares, el Banco Central los compra. La moneda nacional que utiliza para hacer la compra aumenta la oferta pudiendo ser inflacionaria. Para que esto no ocurra emite Letras de Regulación Monetaria (LRM) que vende en moneda nacional, retirando la misma de la circulación interna.

Pero mantener el precio del dólar reducido tiene un costo directo para la población, como pagos de intereses muy altos, porque las LRM son en Unidades Indexadas y afectan no solamente a la generación actual sino también a las generaciones futuras.

Debemos recordar que todos los periodos de atraso cambiario en Uruguay culminaron en crisis monetarias y bancarias, lo que también ha ocurrido en otros países que aplican la misma política, con las mismas consecuencias.

La porfiada realidad se encarga de situarnos en la impertinente reiteración de la historia, y una vez más la carga de la deuda pública estremece a más de uno, encontrándose en el entorno del 65% del producto, unos 40.000 millones de dólares, habiéndose incrementado como nunca en la historia del Uruguay.

Últimamente se discute en todo el espectro político uruguayo el problema de la sostenibilidad fiscal del gobierno a partir del incremento persistente tanto del déficit fiscal como de la deuda pública. El problema se origina en que un déficit fiscal del orden del 4% depara irremediablemente el incremento de la deuda pública y, por lo tanto, una trayectoria inevitablemente explosiva si no se toman medidas para corregirlo.

En buen romance equivale a decir, que nunca en la historia económica de Uruguay, se tuvo tanta dependencia de sus acreedores ni tan a merced del juicio de los mercados financieros. Es una situación que más allá de eufemismos es compleja y presenta un flanco importante de dudas a la hora de proyectar el país en el largo plazo.

Es llamativo el hecho de que esta situación, con los matices del caso, es admitida por todos los economistas, sean estos oficialistas u opositores, liberales o marxistas. Pasado en limpio, todos piensan que hay que hacer una «adecuación», una «corrección» o un «ajuste» fiscal.

Todos están de acuerdo en que es necesario bajar el déficit para que el incremento del endeudamiento no se vuelva explosivo. El asunto es que el gobierno en vez de ir reduciendo el déficit fiscal, en los últimos años lo ha incrementado. A pesar de las permanentes medidas de ajuste fiscal como el aumento de las diferentes tasas impositivas, tarifas públicas, la realidad es que el déficit siguió en ascenso, simplemente porque el gasto público continúo incrementándose.

Conclusión

Está claro que frente a un problema surgen diversas soluciones, además de achicar el Estado, se reclaman más inversiones, nuevos tratados, y el «reconocimiento» de nuevos actores, como las empresas.

En este punto queremos agregar una valoración referente a los nuevos tratados bilaterales. Las «nuevas generaciones» de tratados internacionales de libre comercio, o de promoción y protección de inversiones, incorporan de forma expresa en los capítulos de inversión cubierta los documentos de deuda pública (principalmente bonos y letras).

Es decir, se incluyen los títulos de deuda pública como inversión cubierta, amparada en estos tratados, sin olvidar, además, la posibilidad de los inversores para demandar a los Estados ante uno de los organismos del Banco Mundial (el CIADI) o ante paneles «ad-hoc» dentro de la Organización Mundial de Comercio. El mito del manejo de la deuda soberana, tan mentado por el equipo del «primer ministro» Danilo Astori y el «Mecanismo para la reestructuración de la deuda soberana» propuestos por el Fondo Monetario Internacional a principio de siglo, quedan desvirtuados en las definiciones, términos y alcances de la «neo-lengua» de los tratados, limitando la soberanía e independencia de los Estados.

Es curioso, aunque entendible, que al mismo tiempo que todos los analistas coincidan en señalar la necesidad de mejorar la situación fiscal del país, se descuenta que eso no ocurrirá en el actual período de gobierno, dado que no se toman medidas austeras y de fuerte impacto económico en un año electoral. Lo que nos lleva a pensar que Uruguay será conducido por el piloto automático hasta el 2020. La innegable vulnerabilidad actual de la economía uruguaya será sin dudas de alto costo para la población.

La noche nos acecha, y las luces fondomonetaristas se diluyen en las tinieblas de la deuda. Los dioses de la transparencia cubren con su manto una necesidad impostergable ¡la auditoria de la deuda! ¿para cuándo?

Eduardo Camín. Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de la ONU. en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.