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Del plan criminal para humillar la resistencia griega

Fuentes: Rebelión

La remota posibilidad de que Grecia y sus socios acerquen posturas en el Eurogrupo del jueves, se afirma en el global-imperial [1], quedó un poco más lejos tras el desafiante discurso del primer ministro Alexis Tsypras. ¿Desafiante? Ante su grupo parlamentario, Tsypras, que mide siempre sus palabras como si fueran ejercicios prácticos de mecánica cuántica, […]

La remota posibilidad de que Grecia y sus socios acerquen posturas en el Eurogrupo del jueves, se afirma en el global-imperial [1], quedó un poco más lejos tras el desafiante discurso del primer ministro Alexis Tsypras. ¿Desafiante? Ante su grupo parlamentario, Tsypras, que mide siempre sus palabras como si fueran ejercicios prácticos de mecánica cuántica, calificó la propuesta de acuerdo de sus socios de «plan para humillar al pueblo griego». Acusó además al FMI de tener una responsabilidad «criminal» en el estado de la economía griega tras cinco años de austeridad (Por cierto, ¿alguna novedad sustantiva en la historia de este fondo monetario al servicio de las peores aristas del capitalismo internacional? ¿No han visto, por ejemplo, es cosa menor desde luego, como se visten y hablan sus serviles cortesanos?).

Tsypras añadió: «Europa debe decidir si quiere una solución que asegure el futuro de Grecia y de la eurozona, o si quiere humillar al pueblo griego. Ya es hora de que los socios decidan y digan si quieren una solución o no. Y si quieren que el FMI participe en la solución, ¿por qué aceptan sus medidas pero no la quita de la deuda?». Insistió en que Atenas está dispuesta a llegar a un acuerdo, però, como es razonable, no a cualquier tipo de acuerdo: «Nos piden adoptar un acuerdo que no sólo no solucionará el problema, sino que abismará la economía del país en la recesión. La insistencia de los prestamistas en sus medidas [como un nuevo recorte de pensiones ¡equivalente al 1% del PIB!] encierra un plan que tiene como objetivo poner de rodillas no sólo al Gobierno, sino también al pueblo griego».

Por su parte, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, en declaraciones al Bild , dejó claro que Grecia «no va a presentar una nueva lista de reformas».

Este miércoles 17 de junio, en Atenas, en el momento en que escribo, está anunciada una concentración popular de apoyo al Gobierno ante la sede del Parlamento. El ministro de Seguridad Social, Dimitris Stratulis, ha animado a la ciudadanía a sumarse a la protesta. El lema: «tomemos la negociación en nuestras manos, acabemos con la austeridad».

¿Se pasaron dos o tres pueblos Tsypras, Varoufakis y Stratulis? ¿Izquierdismo es el nombre de su enfermedad? Veamos.

Grecia es el país que más reformas ha hecho durante la crisis. El autor de esa frase no es el ministro de Finanzas griego, es un banco alemán, Berenberg. La troika y los socios europeos insisten en que, aun así, el país necesita más reformas. Vale, de acuerdo, se puede hablar. Pero «la última oferta de los acreedores para evitar un impago exige a Grecia, además, un superávit fiscal del 1% del PIB este año». Es decir, ¡unos unos 3.000 millones más en recortes! No dice ni una sola palabra de reestructurar la deuda.

Numerosos expertos, todos ellos o en su gran mayoría del ámbito neoliberal extremo, de la economía ultraortodoxa, creen que el punto de vista de los dirigentes griegos es incontrovertible. Algunos ejemplos:

«La deuda griega es insostenible. Europa debe reconocerlo de una vez y acordar una reestructuración a cambio de reformas». Palabras de Marcel Fratzscher, director del think tank alemán DIW.

«Podemos seguir fingiendo que Grecia va a pagarlo todo, pero es una equivocación seguir negando la realidad e insistir en las moralinas, en que Grecia debe ser castigada». Es Paul De Grauwe, de la London School quien habla.

«La reestructuración es imprescindible y sucederá», señala Barry Eichengreen, de Berkeley.

«El día del reconocimiento es solo cuestión de tiempo», conjetura Ken Rogoff, de Harvard.

«[las medidas] parecen más diseñadas para evitar un problema político en Berlín o Madrid que para resolver las dificultades de Grecia». Es Athanasios Orphanides, ex gobernador del Banco de Chipre, quien habla esta vez. Añade: «La saga griega es la constatación de que la confianza en el proyecto europeo se ha esfumado por una combinación de intereses nacionales, de relato moral y del resurgir de los estereotipos».

«Grecia, sencillamente, no puede alcanzar un superávit presupuestario del 1% este año. En medio de una recesión, pedir más austeridad es contraproducente: después del desastre de estos últimos años, es increíble que sigamos por ese camino». Ahora es Simon Wren-Lewis, de Oxford, quien tiene la palabra.

Charles Wyplosz, del Graduate Institute: «la imposición de más recortes demuestra lo lejos que están los Gobiernos europeos de asumir responsabilidades por graves errores en el pasado».

«Una ronda adicional de recortes empeorará las cosas. No aprendemos: este no es ya un debate económico, sino político y plagado de tabús», afirma Wyplosz.

«Sería más lógico pedir equilibrio presupuestario este año, con metas más ambiciosas en adelante. Y acompañar esa concesión de la promesa de reestructurar a condición de hacer reformas. Eso es fácil de decir, pero menos fácil de hacer para los ministros del euro». Es la posición de Ángel Ubide, del Peterson.

«Si los acreedores fueran serios en las metas fiscales y la reestructuración no estaríamos hablando otra vez de Grexit ; no habríamos perdido el tiempo». Es la posición crítica de Kevin O’Rourke, del Trinity College.

Lorenzo Bini-Smaghi, ex consejero del BCE, sostiene que la salida de Grecia «podría fortalecer el euro a medio plazo, pero la transición sería problemática, requeriría dar pasos decididos hacia la integración y sobre todo un BCE muy activo».

El cierre. Con palabras de De Grauwe: «El Grexit tendría implicaciones limitadas a la corta, pero a medio plazo supone un giro copernicano: es como decirles a los mercados que la eurozona es un arreglo pasajero, y que cuando la próxima recesión rompa contra las costas de Europa ya pueden ir buscando el siguiente candidato para salir».

¿Tienen o no tienen razones y razón los representantes griegos? ¿Hay o no hay que apoyar al pueblo griego en su lucha y resistencia? ¡Nos jugamos tanto en Grecia!

 

PS. Un comentario personal del economista Fernando G. Jaén: «En este artículo se relata el «enfrentamiento» entre FMI y UE sobre la deuda griega, con argumentos de segundo nivel, si así los queremos llamar, pero que pesan mucho. El FMI pide a Europa que reduzca la deuda de Grecia para poder cobrar ella (o situarla en zona que el FMI no preste forzado más allá de su política habitual) y Cristina Lagarde, Directora Ejecutiva, se juega su elección futura. Todo eso pesa mucho más que la deuda en sí y que la población griega, no lo dudes. http://www.boursorama.com/»

 

Notas:

[1] Tomo pie en dos notas de M.A. Sánchez Vallejo y Claudi Pérez. El País, 17 de junio de 2015, p. 4.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.