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De aquellos barros estos lodos

Grecia en cuatro actos

Fuentes: La Marea

La vuelta de los neonazis, el nuevo camino en la izquierda, una polémica reforma laboral y el cambio climático: la situación actual en Grecia.

El pasado mes de junio, Grecia revalidaba el mandato del gobierno conservador de Kyriakos Mitsotakis y la población lanzaba un mensaje claro a Syriza, el principal partido en la oposición: preferimos a la derecha. Los diferentes escándalos que han sacudido a Nueva Democracia durante los últimos años, como la mala gestión de los incendios forestales estivales, el accidente de tren en Tempe del pasado febrero, la política de mano dura contra la migración o el espionaje a políticos de la oposición y periodistas, entre otros, no le han pasado factura y el partido conservador vuelve a gobernar con mayoría absoluta. Mitsotakis insiste en que el país heleno ha dejado atrás la época de la crisis, que la Grecia actual nada tiene que ver con la de 2015, acosada por la Troika; que se trata de un país próspero ya recuperado.

Nada de eso es cierto y, si bien la situación no es la misma que la de 2015, aún siguen existiendo problemas tanto en el ámbito económico como en el social: gran parte de la población continúa sumida en una pobreza estructural de la cual resulta casi imposible salir, la ultraderecha ha cogido aire y los neonazis vuelven a estar presentes en el Parlamento y la izquierda vive uno de sus peores momentos después de la caída en picado de Syriza en las últimas generales. A eso hay que sumarle los embates de la crisis climática y una concentración mediática que sitúa a Grecia en el último puesto de los países europeos en el ranking de libertad de prensa que elabora cada año Reporteros Sin Fronteras (RSF). Analizamos en qué momento se encuentra el país a través de cuatro actos.

Los neonazis vuelven (porque nunca se fueron)

Tres años han pasado del juicio a Amanecer Dorado que permitió encarcelar a toda su cúpula por pertenencia a banda armada. Sin embargo, en las elecciones generales de junio, el partido Espartanos, de ideología neonazi, conseguía entrar en el Parlamento con 12 escaños, un 4,68% de los votos. Desde la cárcel, Ilias Kasidiaris, una de las caras más visibles de Amanecer Dorado, pedía el voto para ellos. Espartanos no es el único partido de extrema derecha con presencia en el hemiciclo: también se encuentran Niki [Victoria], ligado a la Iglesia Ortodoxa y con base en el fundamentalismo religioso, y Solución Griega, que promueve los valores tradicionales.

Kasselakis, primeras disputas tras la renovación en la izquierda griega

Las elecciones del pasado junio marcaron un antes y un después. Con la dimisión de Tsipras a causa de los malos resultados obtenidos, Syriza convocaba primarias para determinar quién iba a sucederle, y la formación de izquierda empezaba una nueva etapa. Tras la primera ronda de primarias llegaba la sorpresa: Stefanos Kasselakis, un outsider –desde los 14 años y hasta hace apenas un par de meses vivía en Estados Unidos– exanalista de Goldman Sachs e hijo de armador, arrasaba, contra todo pronóstico con la favorita: Efi Achtsioglou, exministra de trabajo entre 2016 y 2019 en el ejecutivo de Alexis Tsipras.

La victoria de Kasselakis, recién estrenado presidente de Syriza, llegó con alegrías y recelos a partes iguales. Alegrías porque es una cara nueva, fresca, alguien que llega de fuera y que no está viciado por las dinámicas del partido y no forma parte del establishment de la formación; recelos porque nadie sabe quién es. ¿Cómo es su carácter? ¿Cómo colabora con su equipo? ¿Cuáles son sus valores? ¿Qué estrategia tiene para la izquierda en el próximo año? ¿Cuál es su visión de Grecia?

Ahora, cuando apenas ha pasado un mes desde su elección, ya se han visto las primeras disputas internas. Esta misma semana Kasselakis ha expulsado a tres miembros del partido que habían sido ministros en el ejecutivo de Tsipras por mostrar ciertas diferencias, y un diputado del partido de izquierda ha presentado su renuncia. En algunos círculos políticos se habla de que podría producirse una escisión.

La cohesión, precisamente, era una de las arduas tareas del nuevo “golden boy” de Syriza, como ya le llaman en Grecia: trabajar para volver a hacer de Syriza un partido unido y crear una hoja de ruta firme y verdaderamente de izquierdas –después de que se haya producido cierta pasokización en el partido– para, por lo menos, plantar cara a una derecha que ya es muy fuerte en el país heleno. La primera prueba está cerca: las elecciones europeas que se celebrarán en junio de 2024. Para entonces, Syriza tendría que asegurarse un segundo puesto, por delante de los socialistas del Pasok. Si eso no ocurre, podrían darse también escisiones, han apuntado diferentes analistas estos días.

Una reforma laboral polémica (pero no tanto)

Además de por la sorprendente victoria de Kasselakis, Grecia ha ocupado decenas de titulares recientemente a causa de la recién aprobada reforma laboral. Hace unas semanas, el Gobierno griego —con todos los grupos parlamentarios en contra y aprovechando que la ciudadanía griega estaba pendiente de las primarias de Syriza— daba luz verde a una nueva ley que ha causado más polémica en el extranjero que en el propio país. La nueva reforma griega tiene varios puntos conflictivos, pero lo más destacable es que abre las puertas a una carga laboral mayor.

En primer lugar, regula la posibilidad de tener un segundo trabajo a tiempo parcial –hasta ahora no regulado en el país–, lo que añade cinco horas extras de trabajo diario para los y las trabajadoras que quieran optar por esta opción. La palabra ‘optar’ resulta importante: en ningún caso se obliga por ley a la ciudadanía a trabajar 13 horas al día, sino que se trata de una regulación. En un país sacudido por la inflación y con unos sueldos más bajos que el promedio europeo, esto abre la puerta a la autoexplotación laboral. Como indica Paniagiota Tavoulari, presidenta de la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria Farmacéutica y miembro de la secretaría del PAME, uno de los sindicatos de referencia en Grecia, “el costo de la vida es cada vez más alto: los productos básicos, la energía… todo sube. Sin embargo, nuestros salarios permanecen congelados desde hace años. Esta situación nos obliga a buscar un segundo o incluso un tercer trabajo”.

Otra de las disposiciones que ha levantado revuelo es la posibilidad de una sexta jornada laboral. Esta medida está pensada, sobre todo, para empresas de producción continua, como las del sector industrial o el de la restauración. Esta sexta jornada de trabajo debe ser avisada con antelación al trabajador o trabajadora y compensada con un 40% más sobre la base salarial diaria. En este caso, el trabajador no puede negarse a trabajar.

Por último, la nueva ley también aumenta la criminalización de la protesta –se prevé penas de cárcel de hasta seis meses y multas económicas para los piquetes–, flexibiliza el despido –los y las trabajadoras podrán ser despedidos sin aviso previo ni indemnización durante el primer año de contrato– y regula los “empleos a demanda” o “contratos de cero horas”. En estos contratos, el trabajador o trabajadora no tiene un mínimo de horas de trabajo: se le llama cuando la empresa lo necesita.

El relato de Mitsotakis es que la crisis económica es cosa del pasado y que ha llegado el momento de modernizar el país. Entre la clase política, pero también entre una parte de la ciudadanía, existe esa idea de que Grecia aún no está a la altura del resto de Europa, una narrativa que bebe directamente de lo que se decía en 2015 desde Bruselas. El Gobierno aprovecha la coyuntura –una oposición política débil– y asegura que es el momento de la modernización. La paradoja, sin embargo, es que “esta ley no moderniza, sino que restringe y va en contra de las tendencias europeas”, explica Ioannis Katsaroumpas, profesor de Derecho Laboral en la Facultad de Derecho de Sussex, en Reino Unido. Por su parte, las demandas de los principales sindicatos griegos son claras: “Un un solo trabajo, una jornada de siete horas y cinco días laborales a la semana. Queremos trabajar 35 horas por semana y tener un salario digno, que nos permita vivir adecuadamente. Es lo que pedimos”, señala Paniagota Tavoulari, del PAME.

Un país en el epicentro del cambio climático

Por último, es necesario subrayar los efectos del cambio climático en el país. A pesar de las polémicas declaraciones del primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, hace unos días, en las que aseguró que el cambio climático iba a beneficiar a Grecia porque un otoño de temperaturas altas equivalía a más ingresos gracias a una temporada de turismo más extendida, lo cierto es que el país se encuentra en el kilómetro cero del cambio climático en el mediterráneo. Azotado por temperaturas extremas en verano –este año se han llegado a alcanzar los 48 ºC en algunas regiones– y las consecuentes sequías, Grecia es uno de eso países que ya sufre los embates de la emergencia climática.

Durante todo el verano, las olas de calor se han ido sucediendo. Los incendios forestales, habituales de cada temporada, han sido especialmente agresivos este año a causa de la sequedad del terreno y el aumento de las temperaturas. El incendio en la región de Evros, en la frontera greco-turca, ha sido el más devastador de la historia de la Unión Europea desde que hay registros, y el fuego se llevó por delante unas 90.000 hectáreas, intuyendo el parque nacional de Dadia. A los incendios le siguió uno de los peores temporales de lluvia que ha visto el país heleno: en la llanura central de Tesalia, el corazón agrícola del país, se llegaron a registrar hasta 900 l/m², algo nunca visto.

Tanto en el caso de los incendios como en el de las inundaciones, la población y las organizaciones medioambientales se quejan de la falta de prevención. Según WWF Grecia, durante los últimos años ha habido, aproximadamente, una media de 10.000 incidentes anuales y cada año ha quemado una media de 534.121 kilómetros cuadrados.

“Durante los últimos años hemos invertido en la extinción de incendios pero no en la prevención. El gobierno griego se centra en la cantidad de efectivos, pero no en la calidad”, explica Elias Tziritis, coordinador de actuación contra incendios forestales de WWF Grecia. Tras el verano de 2021, cuando el país quedó arrasado, como este año, por una serie de incendios, se creó el Ministerio de Crisis Climática y Protección Civil; sin embargo, la mitigación del cambio climático todavía no es una prioridad: tras una década de recortes de los servicios públicos a causa de la crisis económica y el endeudamiento, el país continúa teniendo problemas económicos serios. Si bien Kyriakos Mitsotakis ha prometido más inversiones para hacer frente a la emergencia climática, esto no parece que se vaya a convertir, hoy por hoy, en una realidad.

Fuente: https://www.lamarea.com/2023/10/27/de-aquellos-barros-estos-lodos-grecia-en-cuatro-actos/