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Sobre el obispo candidato a la presidencia de Paraguay

Dictadura vaticana: hay que dejar a Fernando Lugo fuera de combate

Fuentes: Rebelión

La rancia dictadura vaticana ha vuelto a hacer aparición, esta vez en apurado apoyo al gobierno de la derecha paraguaya. Lo cierto es que la dictadura vaticana, embutida en América Latina desde la conquista sangrienta entre la cruz y la espada, empezó a sentar sus reales en todo territorio conquistado a los ‘infieles’ desde 1492. […]

La rancia dictadura vaticana ha vuelto a hacer aparición, esta vez en apurado apoyo al gobierno de la derecha paraguaya.

Lo cierto es que la dictadura vaticana, embutida en América Latina desde la conquista sangrienta entre la cruz y la espada, empezó a sentar sus reales en todo territorio conquistado a los ‘infieles’ desde 1492.

En el istmo centroamericano, nominó a un pequeño país con el título de ‘El Salvador’ y a su capital, no ahíta con lo anterior, la llamó ni más ni menos con el redundante y soberbio nombre de ‘San Salvador’. Y llenó ese país, como el resto de América Latina, de España (Santa Cruz de Tenerife, San Cristóbal de La Laguna, Santa Úrsula, Los Cristianos, San Miguel de Abona, Santiago del Teide… esto, sólo en la isla canaria de Tenerife), de donde ha podido y se lo han tolerado… con los nombres de todos sus militantes, santos y santas; y a las capitales mexicana y colombiana les endilgó un ‘santafé’ de mucho cuidado, ya casi olvidado por los vecinos, cada vez más convertidos en ciudadanos y cada día menos seguidores de estos dictadores de sotana, de estos creadores de mitos y leyendas que tratan de hacer pasar por historia y realidad. Con las excepciones de toda ley.

Una de estas excepciones parece ser un monseñor paraguayo, Fernando Lugo, cansado de ver los atropellos a los vecinos de su entorno: ha tomado la sensata decisión de colgar los hábitos para presentarse a las elecciones presidenciales del año próximo.

Pronto han surgido las críticas desde el aparato de la derecha paraguaya. El gobierno, en manos de los mismos de siempre, ha empezado a tratar de evitar que el monseñor sea presidente. El mismo esquema contra López Obrador en México.

Y la iglesia católica desde Roma va y les echa una mano. La misma iglesia que calló su santificadora colaboración con la dictadura franquista o pinochetista, brazo en alto en ambas ocasiones, dice que nones, que el obispo emérito del pueblo de San Pedro (¿ven el nombrecito?) no puede dejar de ser cura, que lo suspenden a divinis… y a toda prisa sale la cancillería paraguaya, respirando gozosa por la colaboración vaticana. Y asegura que Fernando Lugo no se va a poder a presentar a las elecciones, por aquello que dice la constitución paraguaya, que establece con claridad que no pueden pujar a los puestos de presidente o vicepresidente ‘los miembros de cualquier religión o culto’.

Eso, a pesar de la carta de Lugo por la que abandonaba su condición de obispo y su regreso al estado laico. [1]

En su comunicado, el embajador vaticano en Paraguay le dice al ex obispo que el actual papa (papa y no Papa…) rechaza su petición de volver al estado laico… [2] lo cual no puede ser contemplado sino como una pretensión vaticana de atropellar a un ciudadano que fue obispo y ya no lo es, porque nadie puede dudar de que su libertad personal, su libre albedrío, es más valioso que la decisión que se tome en la Italia profunda llamada Vaticano.

Y, menos mal, aparecen las voces sensatas que aseguran que la decisión de un estado extranjero, el Vaticano, de ninguna manera pueden afectar al interior de un estado soberano, Paraguay…, que las decisiones tomadas en Europa podrán afectar al interior de la iglesia, pero sólo ahí… en contra de los intereses del partido en el poder paraguayo, que ha empezado a ver el final de su permanencia de años en el gobierno de Asunción (¿ven el nombrecito?).

El abogado Jorge Seall Sasiaín estima que el ex monseñor podrá ser candidato, porque lo contemplado por la constitución queda satisfecho «desde el momento que él ha manifestado su deseo de desprenderse, despojarse o perder su condición de clérigo, jerarquía y cargo que tuviese (…) y con esto se satisface lo que quiere la norma constitucional nuestra, que es que la persona (que opta a la presidencia de la República) no tenga otras lealtades que la que debe tener al estado paraguayo». [3]

Otro abogado igualmente lúcido deja claro que con el decreto religioso de suspensión, el ex obispo «está suspendido en sus funciones de clérigo consagrado (pero) no está suspendido en sus derechos y obligaciones constitucionales», para añadir: «La Constitución es la ley máxima para Lugo, como ciudadano paraguayo, como lo es para todos nosotros». [4]

EL VATICANO PACTA CON EL GOBIERNO PARAGUAYO

En todo caso, se observa la incoherencia de la situación: el antes y el después del pacto del Partido Colorado (partido en el poder desde hace tanto tiempo, que más que colorados son entre azules y pardos) con el estado vaticano. Así:

el pasado 20 de diciembre, el presidente de la congregación paraguaya de obispos, Juan Bautista Re, insta a Fernando Lugo a «reconsiderar su decisión de dejar el estado clerical para lanzarse a la arena política». Así lo hace Lugo pocos días después, cuando envía su carta de renuncia y anunció oficialmente su decisión, en su pueblo, Encarnación (de nuevo, el nombrecito…).

En paralelo, el nuncio del vaticano, Orlando Antonini, lamenta la falta de líderes en el país, que obliga a Lugo a entrar en política, y advierte: «Si éste quiere hacer vida política, debe renunciar a la iglesia, porque ambas actividades son incompatibles». Y en otras declaraciones, señala: «… tendrá que renunciar a la iglesia si pretende dedicarse a la vida política, ya que el derecho Canónico, que reglamenta la vida de los religiosos, es claro al disponer que la actividad política es incompatible con la actividad eclesial». [5]

Y eso es lo que ha hecho, renunciar y volver a ser ciudadano como cualquier otro paraguayo. Pero la empresa religiosa que tanto sabe de transar, lo hace y pone contento al gobierno de los colorados paraguayos: te elimino a un gran contrincante y después hablamos…

Quien va a hablar, nomás, va a ser el pueblo paraguayo, harto de atropellos históricos, como los seguidores de López Obrador hicieron en México para evitar el abuso de dejar fuera de la carrera presidencial a su líder.

Fernando Lugo es el López Obrador en el Paraguay de 2008.

Su ventaja es que ya sabe cómo hacer para evitar primero la arbitrariedad y después el fraude.

Panistas y colorados son los mismos, sólo que separados por muchos kilómetros.

El autor es Catedrático de Periodismo de la Universidad de La Laguna (Tenerife) y miembro de la Fundación CEPS. [email protected]



[1] «Lugo está inhabilitado, dice Gobierno», diario La Nación, Asunción, Paraguay, 1 de febrero de 2007, en http://www.lanacion.com.py/noticias.php?not=152100&fecha=2007/02/01

[2] ‘El Vaticano suspende a divinis a obispo que anunció candidatura a Presidencia’, diario La República, Lima, Perú, 1 de febrero de 1007, página 26, en

http://www.larepublica.com.pe/content/view/141196/36/

[3] Ib. La Nación citada.

[4] Idem.

[5] «Antonini dice que por falta de líderes, monseñor Lugo ocupa ese lugar», en www.abc.com.py, reproducido en http://www.mre.gov.py/paginas/boletines/informaciones/Anteriores/boletin240520062.asp