Primero. A la derecha no le interesa la democracia, apuntaba el marxista argentino Atilio Boron, le interesa gobernar y para ello pueden organizar fraudes electorales, golpes de estado blandos y duros, conspiraciones y gestionar tácticas intervencionistas de potencias extranjeras. La historia de las primeras décadas del siglo XXI de América Latina lo constata: Mel Zelaya en Honduras sufrió una destitución por medio de un golpe blando en 2009; Fernando Lugo fue depuesto en Paraguay por medio de un golpe blando en 2012; Dilma en Brasil, fue destituida por un golpe blando en 2016. Por su parte Evo Morales sufrió un golpe de estado duro en 2019 y Hugo Chávez sufrió un golpe de estado en 2012.
Jorge Glas, vicepresidente de ecuador, fue encarcelado injustamente en 2017; Lula da Silva en Brasil fue encarcelado en 2018 para impedirle contender en las elecciones contra Jair Bolsonaro. Pedro Castillo, ex presidente de Perú, fue depuesto por un golpe blando y encarcelado en 2022; Luis Arce fue encarcelado en 2025; la expresidenta argentina Cristina Fernández se encuentra en prisión domiciliaria; Nicolás Maduro secuestrado y encarcelado en los Estados Unidos.
Segundo. Ante el colapso del sistema del derecho internacional, evidenciado con el genocidio en Gaza y el ataque contra Venezuela, las derechas y ultraderechas criollas pueden recurrir descaradamente al apoyo militar, mediático y político de potencias extranjeras. Ahora la derecha, ultra derecha y el fascismo latinoamericano saben que puede disputar el gobierno sin respetar la institucionalidad liberal burguesa y que cuenta con el apoyo criminal de Washington para hacerse del poder.
Cuarto. En el actual marco de lucha política en América Latina, la sistemática violación de la legalidad instituida por la democracia liberal está permitida para las agrupaciones o fuerzas de derecha, ultra derecha y fascistas, y cuando la derecha no conjura en contra de gobiernos democráticamente electos y “triunfa” en las urnas lo hace de forma fraudulenta por medio del apoyo del poderío mediático y los “halcones” del imperialismo estadounidense y de las oligarquías criollas. Tal como ocurrió con Nasry Asfura en Honduras y Daniel Noboa en Ecuador, ambos en 2025.
Cuarto. Si bien el escenario político electoral contemporáneo donde el pueblo y la izquierda luchan políticamente esta determinado por la bancarrota de los marcos legales liberales y una inexistente legalidad del derecho internacional, la izquierda progresista, tanto gobiernos como fuerzas políticas, han quedado atrapadas y constreñidas a la política enmarcada en la institucionalidad burguesa que le impide, por convicción o incapacidad, desmantelar los Estados y regímenes neoliberales y capitalistas, que en muchos casos son herencias de dictaduras militares o reformas políticas neoliberales.
Los marcos electorales liberales basados en el pluripartidismo que permite la participación electoral de la ultra derecha y fascismo, el modelo de no reelección, la separación de poderes que le permite a la derecha anidar en el poder judicial o tener cierto control en el poder legislativo, irónicamente, aunque aparentan formas de institucionalidad democrática burguesa, representan trabas para que los gobiernos progresistas o de izquierda se consoliden en un proyecto de largo plazo.
Quinto. El escenario se complica un más para la izquierda cuando observamos que el progresismo no solo permite la libre actuación política de las agrupaciones de derecha o ultra derecha incluso en algunos casos como Mexico, Brasil o Chile, colabora y se alía con ella. Esto es porque el progresismo, en la mayoría de los casos, expresa posiciones socialdemócratas de centro o derecha. Es decir, son expresiones programáticas que han renunciado a la destrucción del capitalismo, que han intentado reformarlo, pero sin tocar muchas de las bases de los Estados y economías neoliberales. La socialdemocracia de centro o derecha, no tiene por objetivo erradicar a la burguesía u oligarquía criolla, pretenden pactar con ella, darles concesiones, admitir sus ideas, proyectos y aspiraciones económicas como políticas de estado. Y la burguesía y oligarquía aceptan esta colaboración hasta que tienen el poder para regresar a gobiernos de derecha y abiertamente pro imperialistas.
Sexto. El respeto a la institucionalidad de la democracia liberal o tímidas reformas impulsadas por el progresismo expresa una táctica moderada basada en la conciliación de clases. Es esta misma conciliación y colaboración de clases (entre burguesías criollas y sectores populares) que la izquierda progresista se ve impedida en profundizar las trasformaciones políticas y sociales lo que desencanta a los sectores populares y los arroja, con toda la entendible frustración, al bando de la derecha, tal como ocurrió en Chile con José Antonio Kast o Javier Milei en Argentina. En este punto el EZLN tiene razón, cuando señala que el retorno de la derecha en América Latina fue por incompetencia de la izquierda.
Octavo. Estamos asistiendo a un cambio de época, el ascenso del proteccionismo y estatismo militarista en el Norte Global bajo la forma de fascismo, particularmente en Estados Unidos y la imposición del ultra-neoliberalismo en el Sur Global que supone una intensificación de las políticas de despojo de bienes públicos y riquezas nacionales (mediante robo, piratería y control de empresas transnacionales), intensificación de la explotación de la clase trabajadora y restricción de las libertades democráticas para los sectores populares en beneficio de los intereses y el orden imperialista.
Estamos entrando a la etapa de una expansión y control territorial del imperialismo más voraz y menos democrático, una escalada guerrerista abierta contra los pueblos de América del Sur, inédita desde la década de los 80 del siglo XX, que es consecuencia de la disputa por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China y que está claramente señalada en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. En este escenario, la táctica del progresismo de conciliación de clases se agotó, no porque el progresismo no quiera conciliar, sino porque las burguesías criollas y las empresas transnacionales no necesitan conciliar y se ven mejor representadas por las ultraderechas y el fascismo, aliados y esbirros del imperialismo yanki. Es el fin de lo que el expresidente ecuatoriano Rafael Correa anunció como “cambio de época”.
Noveno. Decía Vladimir Ilich Lenin, gran estratega y constructor del socialismo soviético, que el poder se conquista y se defiende. Cuando los bolcheviques instituyen el poder soviético (poder político de los consejos de obreros y campesinos) desmantelan la Duma de Estado y con ello se elimina el poder político de la contrarrevolución anidado en el poder legislativo. Lenin agregaba que ciertas instituciones burguesas debían utilizarse mientras no se tuviera el poder para destruirlas, pero que una vez se tuviera el poder político, esas instancias burguesas debían ser disueltas. La izquierda latinoamericana, más precisamente, el progresismo no ha sabido como reformar el Estado, desmantelar la institucionalidad burguesa para mantener y defender el poder conquistado en las urnas que, en última instancia, representa la confianza de la voluntad y anhelos populares.
Decimo. La izquierda debe aprender de la historia y de las revoluciones del siglo XX que se mantienen y han sobrevivido al avance y retroceso de las olas del progresismo. Por ejemplo, el modelo cubano o chino de partido único, entre otras cosas, garantiza la permanencia de un gobierno popular y proletario.
Once. Quizás la lección más importante del chavismo ante la embestida militar del imperialismo, es que confió en la capacidad organizativa y política del pueblo. LosConsejos Comunales y Comunas representaron la gran fortaleza ante la ofensiva militar del imperialismo yanki, es la muralla que los imperialistas no se animaron a desafiar. “El pueblo en armas” decía Lenin, es el garante de la revolución, el poder popular y los procesos de transformación social. Sin embargo, el progresismo se caracteriza por confiar mas en la burocracia (mucha de ella pequeñoburguesa) y no está convencida en llevar hasta las últimas consecuencias los procesos de transformación social, de aquí el peligro que representa la burocratización de la izquierda como ocurrió en Bolivia, Argentina, Brasil y Chile.
Doce. Cuando se dio el golpe de estado en Bolivia muchas de las tesis sobre la construcción de Estados progresistas expuestas por el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera se derrumbaron. El Estado no se puede transformar desde dentro mediante estrategias contrahegemónicas, se requiere la destrucción del poder burgués no solo su reformulación. Una de las lecciones fue que había mucho Gramsci y poco Lenin en las interpretaciones de García Linera. El capitalismo imperialista nos golpea la cara y es claro que las “nuevas” formulaciones teóricas no son capaces de enfrentar esta nueva época. Ante el ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, el intelectual Carlos Iliades señalo: “Desempolven los viejos libros, que ya regresamos a los sesenta”, queremos entender que esos viejos libros son de Marx, Engels, Lenin, Mao, Fidel y el Che. Aquí está una de las tareas centrales de la izquierda latinoamericana.
Lenin Contreras. Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria-México y profesor del proyecto de educación popular Secundaria Popular «Carrillo Puerto».
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