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Cronopiando

Elecciones en República Dominicana

Fuentes: Rebelión

El 16 de mayo la República Dominicana va ser pasada de nuevo por las armas, digo, por las urnas y, la verdad, no es fácil la elección. En primer lugar, porque hace demasiados años que no elegimos, sólo votamos. En segundo lugar, porque no hay nada que votar. Lamento decepcionar a quienes me han pedido […]

El 16 de mayo la República Dominicana va ser pasada de nuevo por las armas, digo, por las urnas y, la verdad, no es fácil la elección. En primer lugar, porque hace demasiados años que no elegimos, sólo votamos. En segundo lugar, porque no hay nada que votar.

Lamento decepcionar a quienes me han pedido un pronóstico sobre el ganador.

Honestamente, no sé quien pueda engañar a más incautos, quien pueda falsear más actas, quien pueda duplicar más cédulas, quien pueda comprar más adhesiones, quien disfruta de más apoyo y simpatías en la «embajada»…

Lo que sí puedo anticipar, sin asomo de duda ni riesgo a equivocarme, es la identidad del perdedor: el pueblo dominicano.

Ese pueblo que, cada cuatro años, es forzado a elegir entre el sida o el cáncer, entre la sífilis o la gonorrea, entre el escorbuto o el chancra.

Ese pueblo condenado a tener que discutir eternamente si la úlcera estomacal es menos dañina que la del duodeno, si la viruela se sobrelleva mejor que el sarampión, o si la diarrea mucupurulenta no es tan desagradable como veinte forúnculos en cada nalga.

Ese pueblo forzado a decidir porqué la tuberculosis es una calamidad más placentera que la fiebre tifoidea, o la leptospirosis una alternativa a la peste bubónica.

Y es que a eso se reduce la celebrada democracia en repúblicas como la dominicana, a tener que escoger entre un derrame cerebral o un infarto fulminante, entre la aerofagia o la sarna marinera, entre las siete plagas de Egipto o el Diablo.