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De la fase de repliegue a la reconstrucción del estado. Entrevista al sociólogo argentino Atilio Borón

Fortalezas y debilidades de los gobiernos de izquierda en América latina

Fuentes: El Siglo

El 2 de febrero de 1999 es un hito clave en la historiografía latinoamericana, y también mundial, porque ese día asumió la Presidencia de Venezuela el ex teniente coronel Hugo Chávez Frías, hecho que rompió con la secuencia de derrotas de la izquierda que se venía sucediendo sin pausas desde el mismo 11 de septiembre […]

El 2 de febrero de 1999 es un hito clave en la historiografía latinoamericana, y también mundial, porque ese día asumió la Presidencia de Venezuela el ex teniente coronel Hugo Chávez Frías, hecho que rompió con la secuencia de derrotas de la izquierda que se venía sucediendo sin pausas desde el mismo 11 de septiembre de 1973, con el derrocamiento militar de Allende.

Fue, por consiguiente, algo así como el principio del fin del fin de la historia, entendida como aquel proceso que va desde el absolutismo y la oligarquía, a la democratización de las sociedades y el socialismo.

En menos de una década, se instalan, por la vía democrática e institucional, otros gobiernos de izquierda en Latinoamérica, que empiezan a prefigurar el embrión de un nuevo bloque de poder, y por tanto a cambiar el balance del poder mundial y a redefinir la propia historia. ¿Cuáles son las perspectivas de esos gobiernos?, ¿cuáles son sus fortalezas y debilidades?, ¿de qué manera influyen en el cuadro latinoamericano y mundial?

Son interrogantes que El Siglo tuvo el privilegio de analizar, en el contexto del balance internacional del año 2007, con el sociólogo argentino Atilio Borón, Profesor de Teoría Política y Social, de la Universidad de Buenos Aires, investigador principal del CONICET, ex Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, autor de innumerables libros, y tal vez el intelectual marxista vivo más importante de América latina.

Partidos y movimientos

Hace unos años, usted planteaba que los movimientos sociales en América Latina eran capaces de derribar gobiernos, pero no instalarlos. Las cosas han cambiado con tal velocidad, que hoy el desafío de esos movimientos populares parece consistir en defender aquellos gobiernos que han instalado mediante el voto…

«Sí, eso fue hace unos tres o cuatro años. Lo que yo veía era la dificultad de los movimientos sociales para poder darse una expresión orgánica que les permitiera acceder al poder y gobernar. Esto era así porque los movimientos se debatían entre avanzar por una vía que podemos llamar no electoral, incluso insurreccional en algunos casos, que tenía límites que no podían franquear, y por tanto se encontraban con un callejón electoral para el cual no estaban preparados, o como en el caso de Ecuador, donde los movimientos triunfan, deponen un presidente tras otro, pero los que vienen continúan con las políticas de sus predecesores. Finalmente, se produce el quiebre de este círculo vicioso con el triunfo de Rafael Correa, que se da al margen de los movimientos. Contando con su apoyo, pero que no es un producto de los movimientos, cosa que sí pasó en Bolivia. El caso de Bolivia es muy interesante porque allí los movimientos convergen en el MAS, que se transforma en el partido político de los movimientos, lo que es necesario, porque si tienes una estrategia insurreccional, puedes prescindir del camino institucional, pero estos movimientos no la tienen. Tienen una estrategia de protesta, de confrontación, de resistencia, pero no se plantean la toma del poder por una vía extra constitucional. Habría que discutir si hoy en América latina están dadas las condiciones para ello. Yo creo que no, en general, prácticamente en ningún país. Pero de todas maneras, esa discusión no se da, y estos movimientos se encuentran con que tienen que enfrentarse con la competencia electoral, donde son otros los recursos y los mecanismos. Ahora, el panorama ha cambiado, y creo que la experiencia más importante en ese sentido es la de Bolivia, pero que no está exenta de dificultades. Los movimientos no tienen una visión de conjunto, sino que son reactivos; salen a defenderse de las agresiones a las que los somete el capitalismo en su dinámica predadora. Cuando llegan al gobierno, les cuesta conformar un equipo. Eso se ha visto en el primer tramo de la gestión de Evo Morales, donde hubo mucha circulación de cargos ministeriales, porque venía gente muy representativa de los movimientos, pero no lograba tener un proyecto para Bolivia como nación. Creo que la gran función del partido, ese intelectual orgánico del que hablaba Gramsci, es precisamente elaborar un proyecto para la nación, para el conjunto de las clases y las capas subalternas. Entonces, los movimientos se tropiezan con esas limitaciones, lo cual no quiere decir que los partidos estén exentos de ellas. Los partidos también tienen dificultades, algunas muy serias, a la hora de gobernar. Con todo, creo que hoy el panorama presenta un aspecto más alentador, pero igual hay que andar con mucho cuidado».

Fortalezas y debilidades

‘¿Qué nivel de consolidación y qué nivel de vulnerabilidad percibe al conjunto de gobiernos de izquierda en América latina, categoría entre los que incluyo a Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua?

«Claro, esos son los gobiernos de izquierda. Los otros son gobiernos de otro tipo. Podemos discutir cómo los llamamos, pero no son realmente gobiernos de izquierda. Ni los gobiernos de Bachelet, Lula, Kirchner, Alan García y Tabaré Vásquez son de izquierda. Son de centro, y en algunos casos tienen en el pasado una trayectoria de izquierda, pero nada más. Usted me pregunta por fortalezas y debilidades de los gobiernos de izquierda. En general, diría que son gobiernos que tienen una fortaleza relativa. En el caso de Venezuela, se suponía que Chávez tenía mayor fortaleza que la que mostró en el referendo. Lo que pasa es que el peso de la derecha es enorme. He dicho en varias ocasiones, y los hechos parecen demostrarlo, que no es cierto que Chávez haya conquistado el poder en Venezuela. Chávez tiene una parte del gobierno y nada más que eso, pero la estructura del poder en Venezuela sigue teniendo algunos baluartes que están absolutamente más allá de lo que hace el gobierno. Difícilmente el gobierno podrá quebrarle la mano a esos factores de poder tan importantes como los que hay en Venezuela. Una prueba de ello es que Chávez quería que Telesur saliera por aire, y eso le llevó casi cinco años de negociaciones, porque no controla todo el aparato del Estado. No controla el sistema judicial, no controla la mayor parte de los medios de comunicación, hay muchas cosas que no controla. Estar en el Palacio de Miraflores le da una perspectiva muy importante para gobernar, y le ofrece posibilidades que no hay en ningún otro lugar, pero eso no significa que la cuestión del poder esté resuelta a favor del campo popular. El único país donde la cuestión del poder ha sido resuelta a favor del campo popular de manera perdurable, ha sido Cuba. En todos los demás casos tenemos gobiernos que están sometidos a enormes presiones de parte de una oposición combinada en todos los casos con las fuerzas más agresivas del imperialismo, que intentan desbancarlos. El caso de Venezuela es muy interesante porque probablemente nos vamos a encontrar con una ofensiva muy fuerte de la derecha en los próximos meses, procurando acortar el mandato de Chávez por la vía del referendo revocatorio. El problema de Chávez es que no tiene una organización o instrumento político. No tiene ni partido ni movimiento. Ese es un grave problema. Chávez tiene un enorme liderazgo carismático que suple esa deficiencia, pero la suple hasta cierto punto. Evo Morales, por contraste, tiene movimientos muy sólidos en su favor, pero al mismo tiempo, una situación mucho más frágil y precaria, donde el riesgo de una secesión, de una partición, de una separación de algunas provincias del cuerpo central, se autonomizan y declaran su independencia, es muy elevado, además porque es una medida calculada por los estrategas norteamericanos, que creen que para Bolivia, la solución pasa por el desmembramiento territorial. O sea, dejar aislado en el altiplano a Evo Morales y recomponer la medialuna con una federación de provincias separadas de Bolivia, que son las provincias que tienen el patrimonio y las riquezas que le interesan a Estados Unidos, entre ellas, las reservas de hidrocarburos, sobre todo gas, y biodiversidad. El altiplano no tiene nada que les interese. Entonces, pretenden dejarlo a Evo Morales en el altiplano, y hacer posible que estas provincias se autonomicen. Evo tiene un movimiento muy fuerte, pero es un movimiento que está en el occidente de Bolivia y no en el oriente, que es la zona peligrosa. Evo tiene el instrumento, pero el instrumento no tiene cobertura nacional. Y Chávez no tiene instrumento. La creación del PSU ha sido artificial, hasta ahora. El partido de la revolución bolivariana no surge como producto del impulso desde abajo, sino que es una decisión tomada desde arriba. Que había que tomarla y está muy bien que Chávez la haya tomado, pero hasta que eso se logre materializar, tomar cuerpo y hacerse carne en la conciencia de la gente, va a pasar mucho tiempo. La prueba es que no hubo quién movilizara la gente en vísperas de una elección crucial, como el referendo constitucional del 2 de diciembre. Ahí veo una situación muy complicada. La otra es la de Rafael Correa, que todavía es un poco prematura para el análisis. Correa tiene mucha fuerza. Ha demostrado una gran capacidad de maniobra, pero tampoco tiene un aparato político. Habrá que ver de qué manera resiste. Por ahora, tiene una comunicación muy fluida con su base, con su pueblo. Es una persona muy admirada, respetada y querida, pero habrá que ver, cuando las cosas se pongan malas, si tiene fuerza para resistirlas».

Crisis de la izquierda

‘ Hace un tiempo atrás se hablaba de las tres crisis de la izquierda. Crisis de liderazgo, crisis de propuesta y crisis orgánica. Sin embargo, al poco andar, esa discusión se desvaneció y ahora más bien el debate apunta a cómo preservar los avances de aquellos gobiernos de izquierda que llegaron al poder por la vía electoral. Es complejo el tema de la izquierda ¿no cree?».

«Es muy complejo. En eso de los liderazgos, puedo decir que estos urgen y no se encargan a la medida. Son productos históricos, de una sociedad determinada. Aparece un líder que encarna las aspiraciones populares y eso liquida gran parte del problema. O a veces no aparece, y eso es un problema serio. Ahora, las propuestas contra el neoliberalismo son claves. Cuando uno piensa cómo salir de este marasmo neoliberal, una de las condiciones es, en estos países, reconstruir los estados. Los estados han sido duramente castigados por las políticas neoliberales. En algunos países se ha llegado a un proceso de destrucción estatal impresionante, como en Argentina. En Chile ha sido menor, pero igual el impacto se ha sentido muy fuerte. La destrucción de aparato estatal ha sido realmente impresionante. Entonces, primer elemento fundamental, se requiere la reconstrucción del Estado; además, por que si no la hay, tampoco hay vida democrática. No existe una democracia que funcione de la mano de un Estado en descomposición.

Si el Estado no tiene un funcionamiento eficaz, adecuado, no tiene ninguna condición para ser el sostén de un proyecto democrático. Reconstrucción del Estado no quiere decir solamente poner más dinero en el Estado, sino dotarlo de autonomía y capacidad de gestión para enfrentar a las clases dominantes, que es lo que no vemos en América latina. En general, lo que hacen los estados latinoamericanos es representar esos intereses, y nada más, excluyendo los intereses no sólo de las clases y capas subalternas, sino también los intereses nacionales en su conjunto. Son estados que funcionan para facilitar los negocios privados de un sector social muy limitado. Entonces, si usted no reconstruye eso, aquí no hay ninguna salida; ni neoliberal ni no neoliberal. Esto es decisivo, pero evidentemente supone un cambio en la orientación de los gobiernos, y que suban gobiernos con una orientación genuinamente de izquierda, que sean capaces de acometer esa tarea. La segunda tarea es el combate a la pobreza. En América latina crece cada vez más la proporción de pobres, porque el fracaso de las políticas neoliberales es sin atenuantes. Ahí hay un segundo punto muy importante en la agenda: incorporar grandes sectores de las sociedades latinoamericanas, que están totalmente destruidos. Tercer elemento, la reforma tributaria. Todos los países latinoamericanos tienen una regresividad tributaria fenomenal. Los casos que están mejor, básicamente han logrado capturar a la clase media, pero las transnacionales y los grandes intereses económicos tienen mecanismos perfectamente legales de elusión de sus responsabilidades tributarias, y los gobiernos no hacen absolutamente nada para acabar con eso. En el caso de Chile y Argentina, el acuerdo minero es un verdadero escándalo. Ambos gobiernos consintieron en la creación, en toda la zona de la cordillera, de verdaderos estados independientes, autónomos, dentro de nuestros dos países. Eso lo hicieron gobiernos supuestamente progresistas, en el caso de Chile, y un gobierno ultraconservador, como el de Menem. Hay que acabar con esa situación, entre otras cosas, porque dentro de esos enclaves autónomos hay regimenes de exención impositiva absolutamente insultantes, sobre todo si consideramos el esfuerzo que tiene que hacer el ciudadano común para pagar sus impuestos.

Otro tema es el agro y la reforma agraria. La reforma agraria tiene hoy tanta actualidad como en los años 60 y 70, sólo que ahora el problema es diferente. El problema del agro ahora es la penetración del llamado agronegocio, y lo que esto significa desde el punto de vista de la superexplotación de la población del campo y de la depredación ecológica brutal a que está siendo sometida América Latina, que entre otras cosas, está acabando con el agua. Algunos países ya están con una crisis de agua muy, pero muy seria. Algunas zonas en el altiplano, parte de Perú y otras regiones. Y los gobiernos el tema del agro ni lo plantean. Todo lo contrario, abren la puerta a la penetración del gran capital en el agro. O sea, hay una agenda muy importante, sobretodo, la modificación del patrón del desarrollo. Acabar con esa idea, muy arraigada en Chile, de que el motor primario de la expansión económica son los negocios de la exportación. Ningún país en la historia económica mundial se desarrolló consolidando sus mercados externos. Los países que se desarrollaron, lo hicieron siempre acompasando una expansión del comercio internacional con el fortalecimiento del mercado interno. Lo que estamos haciendo en América Latina es deprimir el mercado y el consumo interno, para tener saldos exportables. Esa es una bomba de tiempo que puede estallar en cuatro, cinco o más años, pero que va a estallar. Entonces, no es cierto que la izquierda no tiene propuesta. Lo que no hay es un plan, una receta única, como había en los años 60 y 70, que teníamos el modelo soviético como modelo alternativo. Hay que decirlo sin vergüenza, porque ese modelo resultó ser extraordinariamente exitoso hasta la década de los 60. Lo demuestran los mejores historiadores económicos, como Angus Madison y otros grandes especialistas. Ellos señalan que el modelo soviético es uno de los grandes casos de expansión económica en la primera mitad del siglo XX. Lo que pasó es Unión Soviética no pudo absorber la tercera revolución científico técnica de los años 60, con los semiconductores, los microprocesadores y la informática, unido a la rigidez del sistema político y social, y al enorme gasto militar que se vio obligada a hacer para defenderse de la agresión norteamericana. Pero en ese momento teníamos una alternativa, que era la planificación centralizada, que durante cincuenta años funcionó muy bien. No hay que olvidar que Rusia era el país más atrasado de Europa, y al final de los 50 estaba a la cabeza de la exploración del espacio. Eso no lo hace una economía subdesarrollada. Lo que pasó es que fue una economía que tuvo que deformarse para dar respuesta a la situación de guerra permanente a la que la sometía Estados Unidos. Pensemos si no lo que pasaría con Cuba si no tuviera que destinar casi la mitad de su gasto público a la defensa. Si no tuviera un bloqueo brutal desde hace casi 50 años, Cuba sería, sino un país desarrollado como los europeos, pero de lejos muchísimo más desarrollado que la gran mayoría de los países del tercer mundo, y desde luego que el resto de América latina. Pero tiene que incurrir en déficit e ineficiencia sistémica, producto de la carrera armamentista a la que se ve obligada. No por vocación de los cubanos, sino porque no tienen más remedio. Los soviéticos tuvieron que hacer lo mismo. Bueno, pero esto viene del hecho de que en los años 60 teníamos un modelo alternativo y hoy no lo tenemos, lo que no quiere decir que no tengamos alternativa. Hay muchas. Por ejemplo, dentro del mismo mundo desarrollado, y yo quisiera agarrar a algunos ideólogos acá en Chile para que me digan por qué en un país como Singapur, que no es comunista ni socialista, la peor palabra que se puede decir es jubilación privada, porque el sistema de jubilación que ellos tienen es el sistema de reparto. En Singapur la mitad de las casas son construidas por el Estado y rentadas a precios subsidiados a la población, cosa que sería una maravilla en Chile o Argentina. O que me expliquen por qué Corea, de un éxito sensacional en materia económica, es un país que le ha dado la espalda a todas las recetas neoliberales. Los norteamericanos trataron de provocar la gran crisis asiática de fines del siglo XX justamente para intentar meter una cuña en el sistema bancario coreano. Que expliquen por qué Corea es el mayor productor mundial de buques tanques de gran escala, cuando todos los informes del Banco Mundial decían que Corea no podía dedicarse a la industria pesada. En lugar de lo que hicimos nosotros, los coreanos eligieron un camino propio y tiraron esos informes a la basura. Corea es el único país ‘el único’ que en el siglo XX pasa del subdesarrollo al desarrollo, y es el único que no aplicó ninguna de las recetas del consenso de Washington. Entonces, hay alternativas. Claro, no son alternativas que construyen el socialismo, pero ahí tenemos que tener en cuenta que en la fase defensiva en que nos encontramos, la construcción del socialismo comienza por recortar el despotismo del capital y sus prerrogativas. No estamos en una fase ofensiva, hemos encajado una enorme derrota histórica, como el colapso de la Unión Soviética, y estamos en una fase de recomposición. Es absurdo pretender salir con todo para el frente en un momento como este, donde lo importante es consolidar nuestras bases políticas, las bases partidarias, el movimiento sindical, los movimientos sociales, los movimientos de mujeres, de los jóvenes; rearmar ese entramado que tenían las fuerzas de izquierda hace treinta o cuarenta años. No olvidemos que vino un baño de sangre en nuestros países, y vino el exilio, la decepción, y vino el cansancio y el cambio de posición de algunos de los referentes de la izquierda, que se pasaron a las filas del neoliberalismo. O sea, en este momento no hay que pensar que la alternativa es comenzar ya la construcción del socialismo. Hay países más avanzados. Venezuela ha dado una serie de pasos muy importantes. Ahora han sufrido un traspié, pero de todas maneras han tenido un avance muy significativo en muchas áreas y están en condiciones de avanzar un poco más, pero aún así la idea de redactar una Constitución inspirada en el socialismo generó el rechazo de la mitad de la población. O sea, el famoso factor subjetivo de Lenin no estaba presente en las condiciones actuales, en Venezuela. Por una razón muy simple. El Che lo decía en El Socialismo y el Hombre en Cuba: el capitalismo viene educando a la población hace 500 años. Es ingenuo que pretendamos con una campaña de un año o dos, deshacer lo que tiene medio milenio de historia. Entonces, creo importante ganar pequeñas batallas, muy concretas, pero en la medida en que se van ganando, se va cambiando el ritmo de opinión. Hay muchas batallas que se pueden ganar, y se están ganando. El hecho es que hoy tenemos a Cuba, que ha sobrevivido; a Venezuela, con problemas, pero está ahí; a Bolivia, también con problemas, a Ecuador, a Nicaragua recuperada, que hay otros países donde, para que no haya una expresión claramente progresista y de izquierda, hubo que hacer un fraude escandaloso, como en México. En Colombia gana Uribe, pero con una tasa de abstención del 60% de la población. Hace quince años, cuando la guerrilla trató de organizarse como una fuerza política y armó la Unión Patriótica, le asesinaron a cinco mil cuadros en menos de un año. En esas condiciones, es muy difícil que vuelvan a surgir alternativas con el nivel de fuerza y coherencia que tenían en el pasado. Tenemos que tener consciencia de dónde estamos saliendo. Pero creo que estamos saliendo bien. Tenemos otros gobiernos, como los de Lula, Kirchner y ahora su mujer, y Tabaré Vásquez, que si bien no tienen un proyecto de izquierda, por lo menos tienen que pagar un tributo retórico a la izquierda, lo cual ya es algo muy importante, porque deja sembrada en la población la idea que algo anda mal con el neoliberalismo. Si bien estos gobiernos frustraron las expectativas populares, en el caso de Kirchner, dejó la idea de que el gran capital es usurero, predatorio y una especie de vampiro que le succiona los mejores recursos al país, porque de alguna manera lo sintieron en los discursos presidenciales, y eso va creando una conciencia alternativa. En Chile eso todavía no se logra. Chile es el país donde se ha construido más a fondo el proyecto neoliberal. Incluso algunos sociólogos hablan de Chile no ya como una economía neoliberal, sino como una sociedad neoliberal, lo cual habla de la penetración profunda, porque Chile fue castigado muy duramente. Chile quiso probar, con gran audacia, en los años 70, que se podía hacer una transición al socialismo en democracia, y eso el imperio no lo puede permitir, jamás. Puede permitir que haya un golpe militar que avance al socialismo, pero no que se haga en democracia, porque entonces queda completamente desbaratada su concepción del mundo y su proyecto. Entonces, el castigo sobre Chile fue tremendo, y ellos venían estudiando el fenómeno este, desde mucho tiempo atrás. Si usted analiza los ministros de hacienda o economía que tuvo Chile, fueron todos formados por los norteamericanos en un proyecto que arranca ya en los años 50. Ellos tenían claro que Chile era uno de los eslabones más débiles de la cadena imperialista latinoamericana, y desde ahí empezaron. Tuvieron gran sagacidad y por eso hay que ser muy estudiosos del pensamiento político de la derecha. A veces veo con gran desánimo que muchos compañeros están más interesados en polemizar dentro de la izquierda que en estudiar seriamente los proyectos de la derecha. Si hubiéramos estudiado seriamente el proyecto de la derecha, nos habríamos dado cuenta de que había un plan que se estaba armando muy cuidadosamente para hacer que en un momento determinado, cuando las condiciones estuvieran maduras, hubiera en Chile toda una camada de economistas dispuestos a trabajar a favor de los intereses imperiales y en contra de los intereses de Chile, lo cual no quiere decir que en Chile no hubiera habido un cambio económico, o un crecimiento de la economía. La economía chilena creció, pero el país no se desarrolló. Y eso no lo digo yo, sino Osvaldo Sunkel, un representante del pensamiento de la CEPAL, en una nota muy reciente, planteando que Chile no se ha desarrollado. Es más, Chile está más vulnerable ahora que lo que estaba en el pasado. Es un país que tiene una dependencia externa fenomenal».

Declinación imperial

‘¿Qué piensa de la paradoja de que el imperialismo, ahora en que el mundo es unipolar, es más débil de lo que era en la década de los 50 y de los 70, cuando ponía o sacaba gobiernos latinoamericanos a voluntad, por no mencionar su crisis económica, su crisis social y sus limitaciones en el terreno militar?

«Claro, es más débil; no hay duda. Es un caso muy interesante. Tengo unos gráficos, unos pictogramas, donde se ve la proyección de la economía mundial para el 2015. Se aprecia como Estados Unidos se encoge, se encoge Europa y crece como un gigante China. Es impresionante de ver, porque uno cuando lo dice, no se forma la idea. Pero cuando lo ve como un gráfico, se muestra claramente un imperialismo cada vez más debilitado, con su moneda cada vez más debilitada, con una capacidad militar de destrucción, pero no de construcción. Como dice Noam Chomsky, las tropas de Hitler, brutales como eran -no tan brutales como las nuestras, dice Chomsky’ por lo menos llegaban a un lugar, hacían sus actos de brutalidad y ponían en funcionamiento el país ocupado. Estos no. Llevan cuatro años ocupando Irak y no lo pueden poner en marcha, lo cual revela que desde el aire usted puede destruir un país entero, pero después no lo puede poner a funcionar. La guerra no se gana cuando uno destruye al enemigo, sino cuando lo pone a funcionar para provecho propio. Tampoco pueden resolver el tema de Afganistán, uno de los países más pobres y atrasados del planeta. De todas maneras, han logrado penetrar muy profundamente en las clases dominantes locales. Tienen sus personeros que de alguna manera se las arreglan para mantener el sistema, a pesar de todo este escenario convulsionado con que se enfrenta el imperio. Un imperio muy debilitado, pero que ha delegado gran parte de la mantención de sus privilegios, que antes hacía con los militares, en las clases políticas locales, en los intelectuales y en los medios de comunicación de masas. El otro elemento importante que opera en todo esto, es que Estados Unidos, desde el punto de vista geopolítico, la última región del planeta que va a desatender, es América latina, porque a pesar de lo que se dice, esta es la región más importante del mundo para ellos. Cuando ellos negocian con nuestros gobiernos, en su gran mayoría muy serviles, nos dicen que somos irrelevantes. Y luego los periodistas, sociólogos y politólogos repiten esa tontería. Cómo va a ser irrelevante un continente que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, además a corta distancia de las fronteras norteamericanas; que tiene más de la mitad del agua dulce del planeta; que tiene la mayor parte de la reserva en materia de biodiversidad. Este es de lejos el continente más importante. Por eso ellos pueden permitir algunos experimentos en Africa o en Asia, pero en América latina son sumamente rigurosos. Un gobierno como el de Evo Morales en el Africa subsahariana, no provocaría la menor preocupación de Estados Unidos, pero en América latina es un escándalo. Esto no es nuevo. En los años 50, Estados Unidos hacía la reforma agraria en Corea y organizaba el golpe de Estado contra Arbenz, que estaba haciendo la reforma agraria en Guatemala. Para el imperio, somos absolutamente decisivos porque somos el cinturón exterior que protege su integridad territorial, económica, política y militar. Encuentran estos políticos venales y genuflexos, en estos intelectuales colonizados de América latina, un eco favorable cuando dicen, bueno, nosotros no somos relevantes y tenemos que aceptar lo que nos den. Como el obrero sin conciencia que acepta la paga que le da el patrón porque el patrón es el dueño de la verdad. Así actúan nuestros políticos. Chávez se planta frente a eso, Fidel lo hizo mucho antes. Evo también y ahora lo está haciendo Rafael Correa, un hombre muy valiente, claro y conciente; lo está empezando a hacer Daniel Ortega y hay otros gobiernos que van a seguir el ejemplo. Entonces tienen que robar elecciones, como hicieron en Costa Rica, un verdadero escándalo, con dos ex presidentes presos o procesados. Lo hicieron ganar a oscar Arias, cuando no había ganado. Eso los costarricenses lo tienen probado hasta el cansancio. Robaron el TLC también. Tienen que acudir a esta clase de expedientes que hacen que sea cada vez más costoso mantener la obediencia dentro del sistema regional».

Toma de conciencia

‘Bueno sin ir más lejos, el año 2006 las transnacionales sacaron, por concepto de utilidades, 25 mil millones de Chile. ¿Ese dato es conocido afuera?

«Sí, claro. Se llevaron en un año mucho más que el flujo de inversiones extranjeras desde 1990. Ese es creo, un estudio de Caputo y Galarce».

‘Lo notable es que nadie responde. Por más que se intenta poner el tema, las mineras, el gobierno, la elite política y los medios de comunicación guardan silencio…

«Pero hay que insistir e insistir. Por más que parezca que eso no tiene efecto, a la larga lo tiene, y mucho. Hay que volver a insistir, y decir, señores, esto es una farsa. No es cierto lo que no están diciendo. Al cabo de un tiempo la verdad va a salir a resplandecer. Ese dato es escandaloso, lo mismo que otros datos que hay en otros países de América latina. Sí, son inversiones extranjeras en tal y tal nivel, pero ¿y las remesas? ¿y lo que está perdiendo Argentina por las remesas de las grandes empresas privatizadas, que se vieron favorecidas con una apreciación del peso que les permitió sacar remesas fabulosas sin ninguna clase de control estatal?. Entonces, creo que ese punto es muy importante de marcar, y la gente en algún momento empezará a tomar nota. También hay que tener en cuenta que este proceso de toma de conciencia ocurre a veces muy súbitamente, y hay que estar preparados para eso».