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¡Irán no aniquiló a Israel ni al planeta!

Fuentes: La Jornada

El nivel de desinformación apocalíptica de la tripleta israelí-anglosajona ha alcanzado tales niveles de descomposición mental que ha corrompido hasta sus venerables instituciones académicas, que sucumbieron sin gloria ni pena a las lubricaciones pecuniarias del neoliberalismo financiero global. Tal es el caso patético del dizque «orientalista» israelí-británico Bernard Lewis (islamófobo consuetudinario y «antiguo» espía británico) […]

El nivel de desinformación apocalíptica de la tripleta israelí-anglosajona ha alcanzado tales niveles de descomposición mental que ha corrompido hasta sus venerables instituciones académicas, que sucumbieron sin gloria ni pena a las lubricaciones pecuniarias del neoliberalismo financiero global.

Tal es el caso patético del dizque «orientalista» israelí-británico Bernard Lewis (islamófobo consuetudinario y «antiguo» espía británico) quien, en plena degenerescencia cerebral, a sus 88 años, garantizó que el 22 de agosto la teocracia chiíta de Irán lanzaría varias bombas atómicas con cohetes norcoreanos (nota: que todavía no poseen) sobre Jerusalén (Wall Street Journal, 8/8/06, y Bajo la Lupa, 12/8/06), basado en «su» interpretación esotérica, para no decir alucinante, de textos coránicos.

Bernard Lewis, cuyas teorías islamófobas y esotéricas son distribuidas en México por el antidemócrata y plutócrata anglófilo Enrique Krauze Kleinbort, cayó tristemente en las garras de los neoconservadores israelíes-estadunidenses adictos al Armagedón y a las teorías del filósofo israelí-alemán Leo Strauss, un nihilista, también antidemócrata, quien fomenta el engaño como arma de los gobiernos «elitistas».

La franquicia israelí de los neomoabitas neoconservadores straussianos y los televangelistas bautistas sureños y texanos, cuya suma contranatura aglutina a los «cristianos sionistas», se encuentra representada por Bibi Netanyahu, líder del partido de extrema derecha Likud e hijo del secretario particular de Vladimir Jabotinsky: teórico tanto del sionismo neoliberal librecambista como de la erección del Muro de Hierro, desde 1923, que tiene su sincrónica aplicación posmoderna en el río Jordán y el río Bravo. No fue gratuito que el jabotinskiano Netanyahu haya proferido en Dallas,Texas, durante una inolvidable reunión del National Center for Policy Analysis, que los «palestinos son para los israelíes lo que los mexicanos para los estadunidenses».

Todo lo contrario a las alucinaciones seniles de Bernard Lewis, el fatídico día 22, Ali Larijani, negociador del contencioso nuclear iraní, entregó su respuesta formal al ultimátum del Consejo de Seguridad de la ONU, que exige la suspensión del enriquecimiento de uranio a cambio de un paquete de incentivos.

Irán ofreció una «nueva fórmula» para resolver la disputa (Al-Jazeera, 22/8/06). Podemos apostar que está diseñada para sembrar la discordia -que cada día se ahonda más- entre el grupo hexapartita, que anda de cabeza como los «voladores de Papantla», pero sin mástil. Más ahora que el unilateralismo bushiano en Líbano exhibió la esquizofrenia catatónica de la diplomacia de nuestros amigos europeos, con la notable excepción de Francia, que demostró su talento mediante sus tratativas directas con Irán, que posee negociadores considerados desde hace más de dos milenios entre los mejores del mundo, y que se van a divertir como nunca con los primitivos antidiplomáticos militarizados y bursatilizados de EU.

Según la agencia estudiantil iraní ISNA (22/8/06), la respuesta de Larijani «está encaminada a iniciar las negociaciones». Es probable que la respuesta haya sido sofisticadamente ambigua para provocar cefaleas en el cerebro primitivo de Baby Bush, quien en su legendaria ignorancia desconocía que el Islam comporta otras denominaciones fuera del sunismo.

Pero también sería muy improbable que Irán (con)ceda su capacidad de investigación científica y su derecho inalienable a la tecnología nuclear que le garantiza su adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear, el cual ha sido desfigurado y pisoteado por Baby Bush para beneficiar a sus aliados de Israel, Pakistán e India.

El día 22 , cuando Irán siempre no aniquiló a Israel ni al «mundo entero» con bombas nucleares que aún no posee, Larijani exhibió su óptima disposición a entablar «negociaciones serias» con el grupo hexapartita (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, sumados de Alemania), mientras el canciller Manouchehr Mottaki dio la pauta para «resolver en forma integral» el contencioso nuclear mediante el abordaje multidimensional, lo cual abre otras ventanas, como el fin y destino para la seguridad regional de la exclusiva posesión nuclear de Israel: la tercera potencia nuclear asiática (detrás de Rusia y China) que goza de canonjías celestiales unilaterales, al disponer de entre 200 y 400 bombas atómicas (incluyendo las de hidrógeno), con el encubrimiento fariseo de Baby Bush y sin la vigilancia de nuestros amigos de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Hay que tener presente que el presidente iraní, Ahmadinejad, no es el «texanizado» Fox, quien hasta festeja las afrentas ignominiosas, incluyendo la erección de un muro transfronterizo que propina EU a los «refugiados económicos» de México, quienes huyen para encontrar la libertad económica que no encuentran en su país, gobernado por una plutocracia insolente que ha acaparado todo.

La derrota estratégica de Baby Bush en Líbano, al no haber podido erradicar a Hezbollah, ha dado mayor margen de maniobra a la diplomacia iraní, que se puede dar lujos que no disponía antes del fracaso de la «doctrina Halutz» (el máximo de represalias ante la mínima provocación), un engendro de la «doctrina Wolfowitz», que aboga el unilateralismo y la guerra preventiva para perpetuar la supremacía de Estados Unidos a costa de la humanidad.

El ultimátum hexapartita vence el 31 de agosto, a partir de cuando el régimen bushiano (re)clamaría sanciones económicas globales, por lo que los próximos ocho días serán determinantes para que Irán refine su «nueva fórmula» y se la haga más entendible al presidente estadunidense.

Las sanciones bushianas son susceptibles de elevar el precio del crudo que, ya está muy visto, beneficia a las trasnacionales anglosajonas volcadas en la especulación financiera de los ominosos hedge funds (fondos de cobertura de riesgos).

El grupo hexapartita no es nada homogéneo, y cualquier acto seductor selectivo de la teocracia chiíta iraní lo puede desmembrar en tres pedazos, si no es que en cinco, para dejar totalmente aislado a EU. El orden secuencial de las deserciones sería: China, Rusia, Alemania, Francia, y hasta Gran Bretaña, donde la «imagen» de Baby Bush se encuentra por los suelos y ha arrastrado al abismo al gran actor Tony Blair, quien finge y funge de primer ministro.

Será muy difícil que las bravatas ultramontanas del «cristiano sionista» John Bolton, embajador clandestino (todavía no ha sido confirmado por el Congreso) de Estados Unidos en la ONU, inmuten a los diplomáticos profesionales iraníes, quienes pertenecen a la nueva potencia mediana regional que, gracias al desastre militar anglosajón en Irak, ha emergido desde el mar Caspio y el golfo Pérsico hasta la costa oriental del Mediterráneo: el «creciente chiíta».

Cabe recordar que EU empezó el proyecto nuclear iraní hace más de dos décadas con su entonces aliado el sha Reza Pahlevi, con el fin de poner en jaque a la URSS desde su flanco sur en el mar Caspio. Tardíamente, Washington intenta obliterar las tempestades nucleares que sembró con sus vientos bélicos.