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La crisis de Gaza inyecta tensión en las calles de Francia

Fuentes: Ojalá/SanchoPanzaLab

Todos los tableros se han puesto al rojo vivo por la matanza de Gaza en las calles de Francia, el país que alberga al mismo tiempo a la mayor comunidad judía y a la mayor comunidad musulmana de toda Europa. Ambas poblaciones conviven casi siempre de forma simpática, pacífica y elegante, pero la muerte de […]

Todos los tableros se han puesto al rojo vivo por la matanza de Gaza en las calles de Francia, el país que alberga al mismo tiempo a la mayor comunidad judía y a la mayor comunidad musulmana de toda Europa. Ambas poblaciones conviven casi siempre de forma simpática, pacífica y elegante, pero la muerte de cientos de civiles palestinos en las últimas tres semanas ha prendido la mecha y empieza a encrespar los ánimos de los barrios más poblados de las grandes ciudades. El Gobierno ya teme la importación del conflicto. El fin de semana pasado decenas de miles de manifestantes recorrieron las calles de las grandes ciudades. En algunos actos se escuchaba el grito de «¡Sarkozy, cómplice de Israel!»

Las organizaciones judías francesas coinciden en denunciar un recrudecimiento de los actos de violencia contra los suyos . Desde simples agresiones de patio de colegio hasta atentados con armas incendiarias, las numerosas y diversas estructuras que reagrupan a los 500.000 judíos de Francia han contabilizado en total 25 actos desde el inicio de la ofensiva israelí en Gaza el 27 de diciembre. Y califican esos actos de «antisemitas», «antiisraelíes» o «antisionistas» en función del grado más o menos radicalmente fundamentalista de la organización que hable.

El Gobierno señala que, «de momento, nada permite señalar que estén aumentando los actos graves relacionados con el conflicto», pero aún así lanzó una severa advertencia el lunes pasado.

«No se tolerará que la tensión internacional se traduzca en violencias comunitarias» en suelo francés, afirmó el presidente, Nicolas Sarkozy, en un comunicado difundido el lunes desde Oriente Próximodurante su gira.

Reunión con la ministra

Al mismo tiempo, en París, la ministra del Interior, Michèle Alliot-Marie, reunió a los líderes tradicionales y religiosos de las comunidades judía y musulmana para reiterar el mensaje sobre la mano dura anunciada por el Gobierno para quien intente transformar los bombardeos israelíes en Gaza en razón para violencias o atentados en Francia.

«Todos los reunidos coincidieron en ponerse de acuerdo en que, en Francia, quien cometa un acto de delincuencia, será tratado como un delincuente, sean cuales sean sus razones», explicó a Público el portavozde la ministra.

Efectivamente: los tres muchachos que el lunes por la noche lanzaron un coche incendiado contra el portal de una sinagoga de un barrio popular de Toulouse, donde un rabino dispensaba un curso talmúdico a tres fieles, son tres muchachos que se equivocan de cólera y de ira. Tanto como los chavales de un colegio de Villiers-le-Bel, suburbio al norte de París, que hace unos días zarandearon a una compañera de clase porque era judía. Sin olvidar los mensajes insultantes pintados en la sinagoga de Lingolsheim, en el este de Francia, cuyos autores podrían algún día dedicarse sin escrúpulos a grabar la cruz gamada de los nazis.

El Gobierno pretende, según una circular transmitida a los prefectos, no sólo «velar por el respeto de las leyes», sino incluso apoyarse en la situación de tensión para «reforzar los valores republicanos y el sentimiento de cohesión nacional» y para «garantizar la libertad de manifestación» . Sin embargo, en la manifestación el Ejecutivo no fue aprobado.

Un proverbio francés dice que «el diablo se oculta en los detalles». Y, si diablo hay tanto en la política exterior medio-oriental como en la política interior comunitarista de Sarkozy, se oculta en la letra pequeña de oscuras notas dirigidas a los prefectos y en las negociaciones de la Policía con los servicios de orden de cadacomunidad.

La prefectura de Policía de París ha prohibido toda manifestación propalestina que pida tener lugar, de cerca o de lejos, en las inmediaciones de la embajada israelí. Y ello pese a que el Colectivo Nacional para una Paz Justa y Duradera entre Palestinos e Israelíes ofreció un servicio de orden, en cooperación con la Policía, compuesto por miembros de una organización pacifista de izquierdas, la Unión Judía Francesa por la Paz (UJFP), poco sospechosa de antisemitismo o de querer la destrucción de Israel.

Trato diferencial

Por el contrario, la misma prefectura aceptó el fin de semana anterior la manifestación, ante la embajada, organizada por el Consejo de Instituciones Judías francés y por el movimiento sionista Migdal. El servicio de orden estuvo protagonizado por dos movimientos paramilitares de la ultraderecha judía francesa, el Betar y la Liga de Defensa Judía.

Los pro palestinos, entre los que figuran numerosos franceses judíos algunos tan ilustres como Edgar Morin, no aceptan la lectura exclusivamente comunitarista o étnica.

Preguntado por la razón de ese trato diferencial, el portavoz de la ministra de Interior indicó que «puede obedecer a razones de seguridad» y se remitió a la prefectura de Policía de París, organismo que no respondió a las preguntas planteadas por Público al respecto.

No sólo en ese terreno hay un trato diferencial que exaspera a los jóvenes propalestinos y da alas a los extremos. Hay un terreno aún más delicado: la protección segmentada por comunidades.

Bajo la consigna dada a la Policía, aparentemente neutra, de «protección reforzada para los lugares sensibles», que son los centros de culto religioso y los centros educativos confesionales, se oculta un trato diferencial.

La inmensa mayoría de los chavales de la comunidad árabe y musulmana , de más de cinco millones de personas , están escolarizados en centros públicos, dada la ausencia de colegios e institutos musulmanes que, salvo rarísimas excepciones, no reciben autorización de abrir.

Por el contrario, París está sembrado de centros confesionales judíos y basta darse un paseo delante para observar fuertes medidas de seguridad, públicas y privadas.

Con esas coordenadas, Francia se encamina hacia un periodo negro parecido al que vivió entre 2000 y 2005, a causa de la segunda Intifada en los territorios ocupados. Durante esos años, hubo un incremento de agresiones contra judíos franceses y ésta se vio acompañada con un auge de las organizaciones sionistas más radicales.

Aprovechando el crecimiento real de acciones violentas contra los judíos, los ultras del sionismo aprovecharon entonces para imponer el concepto de «riesgo cero» para los suyos frente a lo que llamaron «nuevo antisemitismo».

www.sanchopanza.net

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.