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La guerra blanda de la OTAN contra Rusia

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Pobre OTAN. Malditos soviéticos. La benigna Organización del Tratado del Atlántico Norte ha pasado dos décadas «tratando de edificar una asociación» con Rusia. Pero ahora, «evidentemente los rusos han declarado que la OTAN es un adversario, por lo tanto hemos empezado a ver a Rusia en vez de como socio más bien como adversario», dijo el Secretario General adjunto de la OTAN Alexander Vershbow, exdiplomático empleado del Pentágono estadounidense.

La ironía digna de lava ardiente de un escritorzuelo del Pentágono quejándose continuamente de que «Rusia obviamente trata de reimponer su hegemonía» basta para avergonzar al Vesubio. Pero ese es solo un pequeño cambio en (la cinta) Los Mercenarios de la OTAN.

La OTAN -todavía en el proceso de humillación diaria a manos de un puñado de pastunes aemados con kalashnikovs en Afganistán- considera ahora «nuevas medidas defensivas» para disuadir a la «aviesa» Rusia de la «agresión» a miembros de la OTAN, sobre todo los Estados del Báltico. Y eso significará el despliegue de «cantidades más sustanciales de fuerzas de combate aliadas a Europa Oriental», sobre todo Polonia. Permanentemente. O, en lenguaje del Pentágono, «rotaciones semipermanentes de entrenamiento de unidades». Por si quedara alguna duda de que la Guerra Fría 2.0 es permanente.

La OTAN «debatirá» el tema -en su ambiente viciado usual- durante el verano y el resultado se anunciará en una reunión en el País de Gales en septiembre, presidida por el emperador Barack Obama en persona.

Cualquier analista que no esté empotrado en la matriz del Pentágono sabe que las potencias claves de la Unión Europea, Alemania y Francia -que tienen sólidos vínculos económicos y de negocios con Rusia- nunca aceptarán ese nuevo sesgo para la Guerra Fría 2.0. En cuanto a otros miembros de la OTAN de importancia, simplemente están en quiebra y/o tienen cosas más importantes que hacer en casa.

La opinión informada también sabe que si la Guerra Fría 2.0 progresara la compensación será invaluable, como el hecho de que, solo para empezar, Rusia simplemente eliminará la Red de Distribución del Norte, que permite la ruta de escape de la OTAN de su brillante desempeño en Afganistán.

Vlad el contemplador

Aún así, los cuentos de la OTAN siguen sin cesar: no existe «señal alguna de retirada de las tropas rusas de la frontera ucraniana; EE.UU. está enviando ayuda militar «no letal» a Ucrania (¿Como qué? ¿Bates de béisbol?); envían fuerzas terrestres Polonia. Y todo para combatir a «separatistas» y militantes «prorrusos» en Ucrania Oriental.

Tonterías. Esa gente tiene que estudiar geografía, fuera de la propia carta de la OTAN, para comenzar. Y la mayoría de los ucranianos orientales no quiere anexarse a la Federación Rusa. Lo que quiere son provincias autónomas fuertes, libres de la interferencia de Kiev, en el marco de una Ucrania federal, finlandizada. Todo lo que se necesita es preguntar a esos ucranianos que ahora controlan 23 ciudades -y suma y sigue- en la región del Donbass, que representa más de un tercio del PIB de Ucrania.

Mientras tanto, hablan los adultos, a diferencia de los proponentes de la escuela de delincuentes juveniles de la diplomacia del Gobierno de Obama. El presidente ruso Vladimir Putin y la canciller alemana Angela Merkel hablaron por teléfono el Día del Trabajo. Putin subrayó una vez más que Kiev debería detener sus repetidas ofensivas «antiterroristas» y lanzar un diálogo nacional inclusivo. Eso no parece probable.

El ministro de Defensa ruso Sergei Shoigu también se sintió obligado a recordar al jefe del Pentágono, Chuck Hagel, que Rusia no «invadirá» nada, a menos que Kiev utilice sus fuerzas armadas contra civiles desarmados, de lo que se trata en la última provocación de Kiev en Slavyansk.

El EE.UU. de los think-tanks resta importancia a la histeria de la OTAN sobre «Rusia agresiva» como una «reacción moderada». Eso engaña solo a los desinformados absolutos. Después de crear un Estado fallido en Libia y el fiasco de Afganistán, el robocop global OTAN, en su busca de «propósito» y significado, no puede dejar de fabricar enemigos.

Se presenta un poco de brillo mediante lo que se describe como cambio del «punto focal estratégico» -¿de Afganistán?- a los países Bálticos más Polonia, Eslovaquia, Hungría y la República Checa. El Pentágono, así como el vicepresidente Joe Biden, han prometido «aumentar el entrenamiento» con «socios orientales de la OTAN».

Putin, mientras tanto aplica las enseñanzas de Sun Tzu. También podría estar calmadamente con las piernas cruzadas contemplando las aguas del Volga. Tan lejos de esa tontería sobre una invasión «agresiva» de los Estados bálticos por parte de Moscú. A propósito, esa invasión podría hacerse en un santiamén; y la OTAN ni se daría cuenta. Pero Moscú no quiere, ni necesita, una escalada semejante.

El resultado final: el robocop global OTAN solo puede sobrevivir si enfrenta una amenaza mortal. ¿Qué mejor plataforma para «armonizar» la OTAN que una Rusia «hostil»? Eso, o seguirse lamiendo las heridas infligidas por pastunes en el Hindu Kush.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007), Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge (Nimble Books, 2007), y Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto: [email protected].

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/CEN-01-020514.html