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Funeral por los muertos de Lampedusa

La inconmensurable infamia de la Europa antihumanista

Fuentes: Rebelión

De jóvenes, algunos supimos la existencia de Lampedusa leyendo una novela homónima de Rafael Argullol. La publicó Montesinos si me memoria no me traiciona. De Agrigento (Sicilia) habíamos oído hablar al estudiar Empédocles. Poco más sabíamos. Pero los muertos de ahora no son ficción ni tampoco filosofía especulativa de la naturaleza. Son reales, realismo sucio […]


De jóvenes, algunos supimos la existencia de Lampedusa leyendo una novela homónima de Rafael Argullol. La publicó Montesinos si me memoria no me traiciona. De Agrigento (Sicilia) habíamos oído hablar al estudiar Empédocles. Poco más sabíamos.

Pero los muertos de ahora no son ficción ni tampoco filosofía especulativa de la naturaleza. Son reales, realismo sucio y criminal. Hablamos de seres humanos y de muertes, de sus muertes.

Pablo Ordaz [1] escribe desde Roma sobre lo sucedido en el funeral de los fallecidos. Tomo pie en su información. Ignominia sobre infamia, sumando ambas.

El funeral de Estado que prometió Letta, el que dice ser el primer ministro italiano, durante su visita a Lampedusa (fugaz como la visita de Rajoy a Fukushima) se quedó en mero trámite: «una ceremonia sin ataúdes ni supervivientes», en un puerto turístico -Agrigento: ¿por qué en este puerto siciliano?- a más de 200 km de donde se ahogaron los 387 fallecidos hace unas dos semanas y media.

El alcalde de Agrigento, Marco Zambuto, lo ha señalado con total claridad: «Esto no es un funeral de Estado, esto es una farsa de Estado». Calificó de «puñalada a los muertos» la presencia de representantes diplomáticos de Eritrea, «el país del que muchas de las víctimas querían huir».

Letta, por lo demás, no asistió finalmente al funeral. Envió en su nombre a Angelino Alfano.

Alfano es vicepresidente del Gobierno, ministro del Interior y dirigente del Pueblo de la Libertad (PDL), el «partido» de Berlusconi. Además, es un ferviente partidario de la ley Bossi [Liga del Norte]-Fini [neofascismo italiano], la norma italiana que criminaliza a los inmigrantes.

Al término del acto, en el que también participaron los ministros de Defensa e Integración del gobierno italiano, «los guardaespaldas tuvieron que llevarse a Alfano casi en volandas». Buena parte de los asistentes, nada serviles, le gritaron «asesino, asesino». No erraron en su objetivo.

La alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, se interrogó en voz alta: «¿Por qué los funerales no se han celebrado en Lampedusa? Si hubiéramos sabido que se iban a celebrar así los funerales, los hubiéramos organizado nosotros antes de dejar salir a las víctimas. La verdad es que la decisión del funeral de Estado naufragó en el momento mismo en que se anunció». ¿Por qué? Porque «nunca ha habido señales concretas». Nadie les creyó.

El presidente de la República, G. Napolitano, pidió hace 15 días al Ejecutivo que se trasladara a la isla para tomar desde allí las decisiones. Los están esperando. Mejor explicado: nunca les llegaron a esperar. No más cuentos.

Por lo demás, las promesas, las buenas promesas, no sólo fueron de Letta sino del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, uno de los participantes en el cuarteto de las Azores. Un servil hombre al servicio del poder.

En Lampedusa, una parte de los 155 supervivientes del naufragio (en su mayoría eritreos; también sudaneses y etíopes) «protestaron ante los responsables del centro de acogida por no permitirles acudir a Agrigento para honrar a sus compañeros de travesía». No consiguieron nada. No les hicieron ningún caso. Durante el acto, algunas pancartas reclamaban su presencia: «¿Dónde están los supervivientes?».

Tres autobuses llegaron desde Roma, tres más desde Milán. La ciudadana de origen eritrea Naznet Indipendenca Araia (llegó a Italia en 1979 y trabaja como intérprete.) declaró: «Han llegado representantes de otras comunidades eritreas desde todo el mundo. No conocíamos a las víctimas, pero son nuestras víctimas. Queríamos acercarnos a los ministros para preguntarles por qué no han traído a los supervivientes. El ministro del Interior [y también el primer ministro Letta] dijo que los muertos tendrían automáticamente la ciudadanía. ¿Y los vivos, qué tienen?».

Sabe la respuesta: nada. Ni tan solo pueden moverse de Lampedusa a Agrigento para despedirse de sus compañeros y compañeras. La inhumanidad en el puesto de mando.

¿Esta es la Europa que queremos construir, que estamos construyendo? ¿Esto es una prueba del supuesto humanismo europeo del que tanto nos llenamos la boca? ¿Esta es la rica civilización occidental de la que tanto hablamos?

«Sangre nostrum, víctimas de vuestras leyes» rezaba una pancarta ciudadana en el acto de despedida. Yo me apeo en la próxima (es decir, ya) de esta viaje hacia ninguna parte, hacia el infierno neolibral, desalmado y antihumano. ¿Y ustedes?

¿Es razonable proseguir por ese sendero de abyección e injusticia? ¿A estos niveles de suciedad ha llegado la política en el país de Antonio Gramsci, en la Europa de Brecht y Dubcek?

Nota:

[1[ http://internacional.elpais.com/internacional/2013/10/21/actualidad/1382381896_157074.html

Salvador López Arnal es miembro del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra, director Jordi Mir Garcia)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes