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Pakistán

La paradoja del terror

Fuentes: Rebelión

Una vez más Pakistán fue sacudido por un gigantesco atentado, y nuevamente revindicado por Estado Islámico (Daesh). En este caso el ataque se produjo en las últimas horas del lunes, contra un instituto de formación policial, al que asisten unos 700 estudiantes entre los 17 y 25 años, en Sariab Road,   a unos 20 […]

Una vez más Pakistán fue sacudido por un gigantesco atentado, y nuevamente revindicado por Estado Islámico (Daesh). En este caso el ataque se produjo en las últimas horas del lunes, contra un instituto de formación policial, al que asisten unos 700 estudiantes entre los 17 y 25 años, en Sariab Road,   a unos 20 kilómetros de la ciudad de Quetta, capital de la provincia de Baluchistán, al suroeste del país.

Según los primeros testimonios, entre tres y seis terroristas, con las caras tapadas, vistiendo uniforme de camuflaje, armados con Kalashnikov, y explosivo C4 de altísima virulencia.

Después de tomar la guardia, sorprendieron a los cadetes en sus barracas, una vez terminadas las actividades en la institución, abriendo fuego contra ellos, al tiempo que otros eran tomados como rehenes. El asalto que duró cinco horas dejó en un primer recuento 62 cadetes muertos y más de un centenar de heridos, las cifras son parciales ya que solo se había recuperado doscientos alumnos. Dos de los atacantes se inmolaron accionando sus chalecos explosivos, mientras un tercero fue alcanzado por los disparos de la guardia.

La «agencia» de noticias del Daesh, Amaq, rápidamente se adjudicó la operación describiendo mencionado que fueron tres los combatientes, que utilizaron para el ataque ametralladoras, granadas, para después inmolarse activando sus chalecos explosivos, entre los estudiantes.

Por su parte el comandante del Frontier Corps, el general Sher Afgan, quién condujo la recaptura de la escuela, junto a los comandos del grupo de Servicios Especiales (SSG) comandos, atribuyó el ataque a la facción al-Alami del grupo Lashkar-e-Jhangvi (LeJ), tributario del Talibán afgano.

El general Afgan reconoció tener informes de inteligencia donde se mencionaban que tres militantes LeJ estaban recibiendo instrucciones de Afganistán.

Durante 2015, el ejército pakistaní lanzó una fuerte ofensiva contra LeJ, con epicentro en la provincia de Punjab, de donde es oriunda la organización. Durante la operación en julio de 2015 fue muerto el líder de la organización Malik Ishaq, junto con trece miembros de la dirección central, según algunas denuncias les fue aplicada la «ley de fuga». El LeJ ha llevado a cabo una gran cantidad de ataques en Baluchistán particularmente contra la minoría chiita, hazara, como el de enero de 2013 en Quetta, que dejó 130 muertos y 270 heridos, en su mayoría pertenecientes a la etnia hazara.

En una verdadera guerra de protagonismo, también Tehrik-i-Taliban Pakistan, otra organización pakistaní, que responde al Talibán se adjudicó el ataque por medio de un correo electrónico.

El asalto a este instituto, que ya había sido atacado con cohetes en 2008 y 2006, es el más mortífero desde el producido en el hospital central de Quetta en agosto último, que dejó más de setenta muertos (Ver: Pakistán A la sombra del terror y Afganistán: Un iceberg en Asía central).

El ataque de agosto fue reivindicado por tanto por el Daesh como Jamaat-ur-Ahrar, facción del movimiento talibán de Pakistán Tehreek-i-Taliban Pakistan (TTP).

La inestabilidad baluch.

La provincia de Baluchistán es escenario permanente, no solo de ataques terroristas, sino también centro de la actividad de bandas de contrabandistas y narcotraficantes además de una gran actividad de grupos separatistas.

Una de las rutas más importantes del opio afgano, donde el cultivo este año aumentó en un 10% y es explotado fundamentalmente por el Talibán, atraviesa Baluchistán hacia los puertos de Gwadar y Karachi, en donde se carga en barcos con destino a los países del Golfo Pérsico.

La provincia rebelde representa 43% del territorio total de Pakistán, y tiene una población que no alcanza a los 10 millones, frente a los 190 de la totalidad del país. Casi un 84% de la población de Baluchistán es analfabeta y tradicionalmente obedecen a sus jefes tribales (sardars), que en su mayoría no les interesa separase de Islamabad, por lo que se cree que en la actualidad, un 45% de la población no apoyan el movimiento separatista.

El nacionalismo baluchi, desde la formación de Pakistán como estado independiente en 1947, viene propugnando por su separación, lo que ha llevado a enfrentar al gobierno central en varias oportunidades (1948, 1958 1959). El conflicto a lo largo de la historia ha tenido momentos de mayor gravedad al punto que en 1977 Islamabad debió imponer la ley marcial.

Nunca las relaciones entre Quetta e Islamabad han alcanzado puntos de entendimiento por lo que ha sido utilizado el conflicto tanto por los hindúes, eternos enemigos de Pakistán, como los soviéticos durante la guerra afgana, en 1980-1990, la KGB, junto a la India, ayudaron a formar el Ejército de Liberación Baluchistán (BLA), para socavar el poder pakistaní.

Su posición estratégica, dentro de la ya muy importante ubicación de Pakistán, ya que representa la puerta de entrada a los países de Asía Central, ha hecho que los baluchi jueguen, con oportunismo frente a cada momento historio, tanto se ha dejado seducir por Moscú, como por Nueva Delhi, como también jugaron a favor de Sadam Hussein durante la guerra con Irán (1989-1988).

Los sardars de Baluchistán sabe muy bien que puede jugar roles importantes para los Estados Unidos en la región. Washington pretende establecer bases permanentes en Afganistán para conseguir un acceso rápido al Mar Arábigo, sorteando tierras baluchis. A tiempo que podría jugar como base con la provincia iraní de Sistán y Baluchistán, la tercera más grande del país de los ayatolás y hermanadas étnicamente con Baluchistán pakistaní.

Por lo dicho, Baluchistán se convierte en un jugador sumamente impórtate en este juego, por lo que la cadena de atentados pueden provenir de las organizaciones terroristas que se las auto adjudican, de la poderosa inteligencia del ejército pakistaní, que podría tener intenciones de desestabilizar a la provincia y provocar una intervención que arrasaría con los movimientos separatistas y hasta ser atentados de falsa bandera que le permitirían a Quetta reclamar con más fuerza su independencia.

Pakistán, por su parte, desde el momento en que decidió convertirse en el gran aliado de los Estados Unidos durante el conflicto ruso-afgano, permitió que se incrementara todavía mucho más un sistema de mezquitas y madrazas, financiadas por Arabia Saudita, que han sido el caldo de cultivo del terrorismo wahhabbita en la región, hoy de alguna manera deba luchar contra la liviandad de esa decisión. En cada barrio de Pakistán existe una madraza donde germinan terroristas, que como pueden atacar dentro del país, pueden ser enviados a luchar fuera.

Sin dudas en el Poder nuclear pakistaní, y todos los intereses que concurren a él, hay muchísimas fuerzas en tensión, que disputan su preminencia utilizado al terrorismo como una carta más del gran juego. Sabiendo paradójicamente que mañana esa carta puede utilizarse en su contra, si las circunstancias así lo requiriesen.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.