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Resoluciones antiraníes de la ONU

La razón de la sinrazón

Fuentes: Rebelión

El día 11 de noviembre del año 2015 algunos de los Estados más antidemocráticos del mundo, Arabia Saudita, acompañado por Catar, lógicamente copatrocinado por otras Monarquías del Golfo Pérsico, Estados Unidos, Francia y la entidad sionista, presentaron un proyecto de resolución no vinculante en la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas […]

El día 11 de noviembre del año 2015 algunos de los Estados más antidemocráticos del mundo, Arabia Saudita, acompañado por Catar, lógicamente copatrocinado por otras Monarquías del Golfo Pérsico, Estados Unidos, Francia y la entidad sionista, presentaron un proyecto de resolución no vinculante en la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), relacionada con temas vinculados a Derechos Humanos.

El lobo con piel de cordero

Una semana después, el día jueves 19 de noviembre, esa tercera comisión aprobó la propuesta de Resolución, donde se denuncia el apoyo que la Federación Rusa y la República Islámica de Irán han brindado al Gobierno legítimo de Siria en su lucha contra el terrorismo takfirí. Terrorismo que justamente ha sido estimulado, patrocinado y financiado militar y económicamente por los mismos actores que presentan hoy, con su política de doble moral, acusaciones contra aquellos que efectiva y concretamente luchan contra los movimientos terroristas como Estado islámico de Irak y el Levante – Daesh en árabe – y el Frente al Nusra. El lobo con piel de cordero, representado por Riad, está cumpliendo su papel en forma eficiente, como instrumento de poderes hegemónicos allende Oriente Medio.

Como muestra del juego macabro y malicioso de la Casa al Saud y sus copatrocinadores, el mencionado documento también acusa a las autoridades de la República de Siria de violar los derechos humanos y «ser responsables de la mayoría de las víctimas civiles en el país árabe». Se une a esa resolución, aquel que establece una línea de condena al país persa por el aumento de la pena de muerte en ese país. El oportunismo de estas resoluciones sólo puede ser entendido en el marco de la guerra regional, que tanto Rusia, como Irán, junto a Siria e Irak llevan a cabo contra el terrorismo salafista, hijo putativo de la monarquía wahabita, que ha sido calificado, por el New York Times como «la versión blanca de Daesh».

Para el medio de comunicación estadounidense resulta obvio que la alianza estratégica entre el gobierno de Estados Unidos y Riad oculta interesadamente que «La Casa al Saud legitima y defiende el Wahabismo, que son el extremismo y el radicalismo en los que Daesh se basa»- En su supuesta lucha contra el terrorismo la Monarquía Saudí promete acompañar a los países occidentales en ese combate pero por otro lado y con toda lógica, analiza The New York Times, le tiende la mano y sus abundantes recursos económicos y militares que han hecho posible el desarrollo del terror que hoy tanto dice temer occidente pero que ha significado en concreto, el camino de la desintegración y fragmentación de naciones como Siria e Irak, que son los grandes objetivos de Arabia Saudita, impulsado por Washington y Tel Aviv.

Es claro que las potencias occidentales y su doble rasero niegan esa verdad indesmentible de criticar por un lado y apoyar al extremismo por el otro: «Occidente sigue negando esa verdad, dice el New York Times. Ese es un mecanismo de negación y la negación tiene un precio…pues la negación crea una situación de equilibrio«. Para el influyente medio estadounidense, Daesh tiene una madre, que se remonta a la invasión de Irak el año 2003 destinado a derrocar a Sadam Hussein pero, además tiene un padre, que aún hoy sustenta sus acciones terroristas: Arabia Saudita. Es este país el que ha patrocinado sendos proyectos condenatorios, que condenan a Rusia e Irán por su apoyo a Siria en su lucha contra el terrorismo y al gobierno de Damasco por ser responsable de la mayoría de las víctimas civiles de esta guerra de agresión. El contrasentido es absoluto, sin que las grandes cadenas de noticias internacionales dediquen unas líneas a develar y denunciar en una complicidad criminal.

Las autoridades iraníes no tardaron en reaccionar calificando esta resolución de condena a Rusia e Irán por defender a Siria y la nación persa por el tema de derechos humanos «como una amarga ironía». Así fue definido por el canciller de la República Islámica de Irán, Mohamad Yavad Zarif. Para la alta autoridad persa «la aprobación de estas dos resoluciones, en el seno de la Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, es acaso una de las más amargas ironías de nuestra época. Esto, pues países del todo ajenos a la existencia de una Constitución y de elecciones hablan de la necesidad de celebrar elecciones libres en Siria. Denunciamos, igualmente, que la resolución antisiria, donde se censura el papel de Irán y Rusia en la lucha antiterrorista en el país árabe, sea elaborada y respaldada, justamente, por aquellos Estados que crearon el terrorismo en Siria y lo alimentaron. Sería mejor que las Naciones Unidas conozcan la realidad en cuanto a los derechos humanos. Los países deben secundar los derechos humanos, sin permitir que se manipulen en pro de objetivos politizados o por la miopía de aquellos Estados que no saben nada de derechos».

Estas resoluciones condenatorias al importante papel cumplido por Rusia e Irán, en el marco del fiasco y el fracaso que han significado las operaciones de bombardeo aéreo de la denominada Coalición AntiDaesh liderada por Estados Unidos, han recibido fuertes críticas desde Damasco y Teherán. El Embajador sirio ante la ONU, Bashar al-Yafari, señaló que Arabia Saudita es el país menos indicado para andar dando lecciones de democracia o respeto a los derechos humanos: «la Casa al Saud es una monarquía que carece de legitimidad para hablar de los derechos humanos». La palabras de al Yarafi fueron refrendadas por el representante adjunto de Irán ante las Naciones Unidas, Qolam Husein Dehqani, quien consideró que la resolución antisiria «es un regalo para los terroristas y extremistas, también para quienes les dan apoyo financiero y logístico con el fin de expandir la ideología terrorista y extremista».

Recordemos que Arabia Saudita ha sido, no sólo el valedor de la mayoría de las organizaciones terroristas takfirí, que basados en la doctrina wahabita que funde Estado y religión teniendo al frente a la Casa al Saud, es responsable de movimientos terroristas como Daesh, Frente al Nusra, Boko Haram, Ansar al Dine, Al-Qaeda y sus distintas facciones. Une a ello su apoyo a las monarquías de Bahréin, de la famililla Al Jalifa otorgando su sostén para la represión de la población bahreiní, que significó incluso la invasión de ese país. Adicionemos la agresión contra la República de Yemen, que ha significado la muerte desde el pasado mes de marzo de 7 mil quinientos y 17 mil heridos ciudadanos de ese país. Junto al trabajo de inteligencia llevado a cabo con la entidad sionista, abandonado la lucha del pueblo palestino y apoyando le genocidio de su pueblo.

En ese marco, ¿con qué moral una Monarquía como la saudí puede presentar proyectos de condena contra Rusia, Irán o el gobierno sirio en materia de defensa de los derechos humanos? Si algo de seriedad se les puede exigir a los organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas – ONU – es que los proyectos que se presenten a discusión de la Asamblea General tengan un aval donde la doble moral no sea parte de su ADN de otro modo seguirá siendo el organismo cuestionado, sujeto a las presiones de los poderosos y alejados de la defensa de los pueblos como el Sirio, el palestino, los saharauis entre otros.

Objetivo: derrocar el gobierno sirio

Pero, no es posible entender esta maniobra de Arabia Saudita sin develar, que el hecho de tratar de condenar a Rusia e Irán por luchar contra el terrorismo takfirí – incluso contra aquellos grupos que occidente llama «rebeldes moderados» – oculta la decisión de Estados Unidos, Francia y sus aliados turcos, saudíes e israelíes de comenzar a consolidar la política de negar toda posibilidad de ayuda a Damasco, aprovechando para ello el atentado en Paris, que cada día huele más a una de esas típicas operaciones de bandera falsa a los cuales nos tiene acostumbrado occidente o la misma Turquía con el ejemplo de la masacre en la estación ferroviaria de Ankara el pasado mes de octubre. Bandera falsa que no duda en sacrificar a sus propios ciudadanos y volcar a la opinión pública mundial a la defensa irreflexiva de políticas de agresión. Los Je Suis Paris nunca son Je Suis El Líbano o Je Suis Palestina, son la muestra de ese doble rasero en materia de defensa de los derechos humanos.

Es así, que en los mismos días que la propuesta saudí era votada en el seno de la asamblea general de la ONU, una propuesta rusa destinada a ampliar la Colación internacional destinada a combatir al terrorismo takfirí era desechada, en función de una propuesta francesa que al calor de la masacre en París, obtuvo la visibilidad política y comunicacional para que fuese discutida y aprobada. Dicha acción molestó a Moscú, pues su propuesta de resolución se redactó teniendo en cuenta no sólo los atentados en París, sino también el vinculado con el derribo del avión ruso en Egipto y que causó el doble de víctimas que los hechos de París. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado viernes 20 de noviembre, por unanimidad la Resolución N° 2249 contra Daesh que llama a todos los países a que estén dispuestos a unirse a la lucha contra esta banda terrorista takfirí, tanto en Siria como en Irak.

La propuesta rusa era considerada por Irán, China, Irak y Siria como «más equilibrada e integral» en oposición a la propuesta gala que según palabras del Embajador Sirio ante la ONU Bashar Al-Yafari «la consideró propia de un show de Hollywood, pues a pesar de no ser vinculante y sólo llama a la comunidad internacional a adoptar medidas para prevenir y erradicar a grupos terroristas como Daesh, también contiene normativas peligrosas que pueden llevar a Occidente a repetir en Siria los mismos actos y errores que cometió en Irak y Libia. Podríamos tener una repetición de lo que los estadounidenses hicieron con Irak y lo que los franceses, italianos, británicos y otros miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte – OTAN – hicieron en Libia y que tiene a ese país en el estado que se encuentra hoy».

Tras la aprobación de esa resolución N° 2249 el Primer Ministro Inglés David Cameron se apresuró a expresar su plena disposición intervenir con aún mayor fuerza, en la lucha contra Daesh. Como expresión de lo que se viene, Cameron, en una clara provocación a la Coalición conformada por Rusia, Irán, Siria e Irak declaró que «nuestro país no esperará el aval del CSNU para bombardear posiciones de Daesh en Siria. No podemos someternos a un eventual veto de Rusia».

Moscú ha avisado al Reino Unido, que si busca extender sus operaciones militares a Siria debería consultarlo antes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que se debe abstener de destruir la soberanía del país árabe, que puede contar con su aprobación en el seno del Consejo de Seguridad siempre y cuando se ajuste a la legislación internacional. El Gobierno de Damasco, en distintas ocasiones, ha anunciado igualmente, que cualquier operación militar en su suelo requiere de una coordinación previa y su autorización como ha sido con el caso ruso. Pero, las señales indican que Occidente está decidido a intervenir a sangre y fuego contra el gobierno sirio, ocupando como excusa la lucha contra Daesh que en año y medio de operaciones no le han hecho mella alguna.

Los atentados en París, las amenazas mediáticas dadas por Daesh contra países occidentales – nunca contra Israel, Arabia Saudita o Turquía – las resoluciones de condena a Rusia e Irán, han sido la excusa perfecta para retomar, por parte de los valedores del terrorismo takfirí, la decisión de exigir la salida de Bashar al Assad del gobierno pues de esa forma también se continúa con el plan maestro de cercar a Irán e impedir el desarrollo de Rusia hacia áreas de interés estratégico. La razón de la sinrazón occidental y sus socios de Oriente Medio se ha develado con toda su carga de hipocresía y doble moral: combatir a Daesh con una mano, mientras con la otra se le proporciona armas, dinero, se les compra el petróleo robado a Siria e Irak y se les permite seguir con el trabajo de destrucción de las sociedades que se oponen a la hegemonía de aquellas potencias que tanto daño han hecho a la humanidad.

Articulo del autor cedido por Hispantv.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.