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La rebelión de los segregados

Fuentes: IPS

Las violentas protestas de jóvenes inmigrantes o hijos de inmigrantes en Francia comenzaron a tomar la forma de una rebelión en todo el país contra la segregación racial y social, y la represión de la policía. Las manifestaciones de jóvenes procedentes en su mayoría del Magreb y de África subsahariana, que empezaron hace 11 días […]

Las violentas protestas de jóvenes inmigrantes o hijos de inmigrantes en Francia comenzaron a tomar la forma de una rebelión en todo el país contra la segregación racial y social, y la represión de la policía.

Las manifestaciones de jóvenes procedentes en su mayoría del Magreb y de África subsahariana, que empezaron hace 11 días en los suburbios de París, se extendieron ahora a la propia capital y a ciudades como Marsella, Rennes, Nantes y Lille.

El fin de semana, unos 1.400 vehículos fueron incendiados en todo el país, así como varios supermercados y edificios públicos, incluyendo escuelas e instalaciones deportivas. Hasta ahora han sido detenidas 400 personas.

Este lunes murió un hombre que había resultado herido durante los enfrentamientos. Testigos afirman que fue golpeado brutalmente por efectivos policiales.

La policía no ha podido restablecer el orden pese a su dura respuesta. Las pandillas, que coordinan sus protestas a través de teléfonos celulares, actúan con rapidez, y conforme pasan los días se hace más claro que se necesitará más que la intervención policial para restaurar la calma.

Los disturbios comenzaron el 27 de octubre, luego de que dos adolescentes inmigrantes murieron accidentalmente en una central eléctrica de alto voltaje de Clichy-sous-Bois, un distrito pobre ubicado 30 kilómetros al noreste de París.

Al propagarse el rumor de que los adolescentes se habían escondido allí porque huían de la policía –versión negada por las autoridades–, estalló la furia de los inmigrantes.

La policía respondió con mano dura a las protestas, e incluso llegó a lanzar granadas de gases lacrimógenos dentro de una mezquita, lo que aumentó la ira popular. La mayoría de los residentes de los suburbios parisinos donde empezaron los disturbios son musulmanes.

La situación se agravó con las declaraciones del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, quien llamó «escoria» a los jóvenes y amenazó con «limpiar» los suburbios.

«Las palabras de Sarkozy me recuerdan la retórica de la policía militar en dictaduras raciales y en regímenes que practican la limpieza étnica», dijo a IPS el sociólogo Hugues Lagrange, del independiente Observatoire Sociologique du Changement (Observatorio Sociológico del Cambio), de París.

Lagrange subrayó que en el corazón de esta rebelión estaban en la extrema pobreza, el desempleo y la segregación racial que sufrían los inmigrantes.

En lugar de enfrentar estos problemas sociales, Sarkozy aumenta la tensión «estableciendo vínculos electorales con la población de extrema derecha».

El sociólogo además señaló que una de las primeras medidas de Sarkozy como ministro del Interior fue disolver una unidad policial especial creada por el gabinete del ex primer ministro socialista Lionel Jospin (1997-2002) que tenía la función de mantener un estrecho contacto con organizaciones juveniles y prevenir estallidos de violencia social.

«El deber de los oficiales de policía es perseguir a los criminales, no jugar al fútbol con ellos», dijo Sarkozy entonces.

La violencia de los últimos días provocó divisiones en el espectro político francés.

El líder ultraderechista Jacques Bompard y el nacionalista Philippe de Villiers instaron al gobierno del presidente Jacques Chirac a que desplegara el ejército para disolver las protestas. De Villiers sostuvo que la rebelión era una prueba de que el modelo francés de integración racial «claramente ha fallado».

Por otro lado, líderes musulmanes franceses divulgaron un comunicado tras el ataque policial a la mezquita pidiendo la remoción de Sarkozy, ya que no lo consideran «un negociador apropiado».

Chirac criticó indirectamente la respuesta de Sarkozy a la violencia. «La ley debe ser aplicada firmemente, pero en un espíritu de respeto y diálogo», dijo el mandatario la semana pasada.

Líderes de la oposición piden a Chirac que cambie al ministro del Interior. «Sarkozy es un pirómano que finge ser bombero», señaló el diario izquierdista L’Humanité.

Noel Mamère, del Partido Verde, sostuvo que el ministro es un «peligro para la democracia francesa» que «está destruyendo rápidamente los esfuerzos de un año realizados por grupos y trabajadores sociales por la integración cultural».

Si Sarkozy no renuncia, «el gobierno tiene que expulsarlo», afirmó.

Por su parte, el criminólogo alemán Christian Pfeiffer, quien investiga el creciente malestar entre los jóvenes de Europa, señaló que «la actitud de Sarkozy es absolutamente inaceptable».

Pero el ministro del Interior se resiste a pedir disculpas. «No puedo entender por qué algunas personas hacen tanto escándalo por las palabras, pero ignoran la realidad de los disturbios y de los crímenes», afirmó.

Sarkozy además señaló que las protestas callejeras fueron «organizadas detenidamente por mafias criminales y extremistas religiosos».

Autoridades municipales y trabajadores sociales en todo el país proponen crear un plan general para promover el desarrollo de los distritos más pobres y así evitar futuras explosiones de violencia.

El alcalde de la nororiental ciudad Mullhouse, Jean-Marie Bockel, pidió un «Plan Marshall para nuestros distritos».

La referencia es al programa impulsado por George Marshall, secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos de 1947 a 1949, de asistencia financiera y cooperación para el desarrollo para la recuperación de Europa al término de la segunda guerra mundial (1939-1945).

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